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miércoles, 24 de junio de 2020

Sol austero, tormenta hedonista


Tendemos a creer, con nuestro cerebro asociativo, que la austeridad es propia de lo material. Sin embargo, basta con profundizar un poco para aprehender la austeridad emocional: ese esfuerzo interior que tolera incomodidades que bien podrían desestabilizarnos pero que, mediante estrategias y diálogos introspectivos, nos beneficia respecto a no sentir menor calma o felicidad general ante adversidades incontrolables. Esta austeridad, más abstracta pero sin duda palpable, ejercita la disciplina de la salud mental. Saber renunciar y que ello no suponga una explosión de frustraciones, no sólo hace la travesía vital más plena sino que, además, da cabida a proyectar esas energías en otras facetas que no podrían ser atendidas bajo el yugo de la parálisis o bloqueo emocional.

Por otro lado, está la forma de vida del hedonista: ese que se focaliza en construir un entorno favorable, placentero. Su misión existencial suele interiorizarse como la intención de llegar a la plenitud mediante la confortabilidad. Como sucede en el caso de la austeridad, ambas opciones coinciden en que no se limitan a lo material. En el hedonismo sentimental la comodidad se halla en alejarse de las dificultades cuando estas hacen acto de presencia. ¿Para qué gastar energía en algo que no va con nosotros? ¿Por qué implicarse teniendo alternativas menos peligrosas para nuestra mente? En ocasiones, puede ser positivo para ejercitar distanciarse del excesivo apego hacia algo o alguien.

Fluyendo con mi criterio de la moderación, considero que el punto de encuentro medio entre estas dos vertientes empíricas es lo óptimo para aventurarse a tomar decisiones, o no tomarlas, en el amplio abanico de percepciones que nos rodean en este mundo donde, a veces, se llega a convencer que tan solo existe la realidad de nuestros ojos. Creo que en ese estado moderado es donde se puede sopesar mejor porque sería irreal decantarse tanto por la austeridad absoluta como por el hedonismo absoluto. En el primer caso, habría carencias que afectarían directamente no sólo a la calidad de vida sino, también, a la salud fisiológica (sin algo tan básico como un hogar, por ejemplo, hay bastante probabilidad de que esta se vea resentida). Respecto al segundo caso, el excesivo apego al hedonismo evitaría la posibilidad de ejercitar ese distanciamiento hacia el propio apego desmesurado.

Ni mucha austeridad para tan poco hedonismo, ni muy hedonista ignorante de los privilegios de conocer un poco de austeridad. Experimentar para filtrar y, desde ahí, la autenticidad para ser.

martes, 9 de junio de 2020

Trigésima tercera poesía


"Ruin" 

Llavero de playa con orillas montañosas,
confiésame tus emociones dislocadas.
Rompe desde la flexibilidad elástica,
llórame con esos ojos de mariposas.

Mezcla la arena aireada entre mareas,
enrevérsame decepciones indómitas.
Clava el rastrillo de la añoranza,
apelmázame con látigos en la espalda.

Ahoga las neuronas inconexas,
electrifícame sin apenas decir nada.
Huye del atisbo de toda euforia,
escápame de felicidades ingratas.

Vive sin depender de almohadas,
muéreme para alcanzar tu calma.

miércoles, 15 de abril de 2020

Cruzo el umbral de las tertulias literarias del "Gran Café Gijón"

Obras de la ponente principal: Jante

Ayer pude colarme en la Tertulia Literaria "Café Gijón", en su versión virtual, para disfrutar y sentirme acogido por mentes inquietas de gran intelecto artístico, cultural y emocional. La ponente principal fue la creadora del cuadro, de la performance y del arte experimental en la naturaleza que se ve en las fotografías: Johana Roldán Lorente, alias Jante.

Con ella viajamos desde el impulso de advertir rostros rocosos en grutas y cavernas, pasando por la sensualidad naturalista de la mujer pintada en acrílico y al óleo, hasta la evolución coherente de la propia artista dejándose ser experimentando con los reflejos de fotografías improvisadas o con la reivindicación contra el maltrato a través de la performance. Su sensibilidad expresada mediante la dualidad de la luz y la oscuridad, teniendo como hilo conductor las miradas, me trasladó hacia lo más primigenio y profundo del ser humano.

Gracias a ella surgieron sanos y necesarios debates de forma esporádica como la intervención de la genética en el ámbito artístico, frente a ser artista en base a un aprendizaje y esfuerzo constante. También se divulgó la poiesis aristotélica y la mímesis como concepto estético desde el que inspirarse o desde el que interpretar una pintura o creación.

Sin duda alguna, una reunión de mucho valor en un ambiente cercano y distendido. Ya quiero más, deseando reencontrarme con ellos el próximo martes con un nuevo ponente del que absorber sabiduría y sensibilidades.

viernes, 20 de marzo de 2020

Ñ de ñaturaleza



Ñoña ñaturaleza que berrea con su llanto a la especie humana escupiéndola con esta pandemia histórica. Como una ñacanina escurridiza, culebra de pantanos paradisíacos, la propagación devora huéspedes inesperados que tan solo paseaban en su normalidad inconsciente de vida. Ahora, contagiados, penden del péndulo de la señora suerte, quien a unos otorga el privilegio de ser ñacurutús esbeltos sin percatarse siquiera de haber contraído la enfermedad y, a otros, les condena a la incertidumbre de cuán gravedad soportarán sus cuerpos relegados a ñagazas víricos. Pero no, no sois señuelos...

Tú, afectado de las consecuencias de este coronavirus, eres todo un ñandú. Un ave que ahora no puede volar, pero que va a crear velozmente defensas para sanar. Porque lo vas a hacer, ¿sabes cómo? Con sonrisas, sin rendición. En tiempos de guerras surgen soldados que jamás se planteó ningún pelotón reclutar. Puede que no te sientas tal, que te parezca ficción, pero lo estás siendo porque estás luchando sin elección. Eres una persona tan completa como cualquier otra, tu existencia es desde luego valiosa. Eres todo un dulce ñoclo: hecha de la misma base harínica que todos, con ese toque único de azúcar que te diferencia del resto, albergue de cualidades en grados sutiles de la manteca que proyectas con la que engordas a quienes te conocen, repleto de valentía con esos huevos que le echas a esta zancadilla, adictivo por ese vinito macerado en tu esencia que degusta quien se adentra en tu ser, y con esa pizca de anís que ni tú reconoces en ti por precisar aún redescubrirte. Mira dentro, hay mucho allí que te servirá de cura.

Por tu parte, naturaleza, deja de vestirte con extrañezas. Quizá esta especie nuestra se merezca tu ira, tu advertencia. Yo confío en su reinvención empática, hacia sus propios individuos y hacia ti que nos resguardas. Una vez nos creaste y eres sabia, nuestro papel aún tiene muchos puntos y aparte.

domingo, 15 de marzo de 2020

Clásicas caricaturas literarias

Mezclar humor y literatura para combatir todo esta actualidad pandémica con SONRISAS y, a su vez, no descuidar la CULTURA... ¿Cuáles son vuestras propuestas?


 

viernes, 13 de marzo de 2020

Relativizar y empatizar

HUYAMOS DE LA PEOR CARA QUE PUEDA AFLORAR COMO SERES HUMANOS.
Evitemos disputas, tengamos sentido común. He aquí un libro para relativizar toda esta realidad, pero leyéndolo desde casa. Ocupar la mente, pero con responsabilidad. Y, en este caso con la edición italiana, refrescando el idioma de nuestros vecinos de Italia cuya empatía recíproca ha de ser elevada.
ES MOMENTO DE SACAR LO MEJOR DE CADA UNO, LA INDIVIDUALIDAD HA DE SER MÁS COLECTIVA QUE NUNCA.

viernes, 6 de marzo de 2020

Orate


Me ha perseguido un coche azul cyan con matrícula capicúa. Daba vueltas a cada manzana de edificios a los que yo solicitaba auxilio. Ninguno aceptaba el papel de protector, todos permitían que ese vehículo me continuase agobiando con sus repetidas apariciones. Les grité callado que le lanzasen algún ladrillo de tantas cornisas decoradas, no se notaría demasiado y a mí me salvarían la vida. No quisieron, simplemente se quedaron observando el juego como el público de un espectáculo con esencia de gladiadores romanos. 

He ido al médico. Estoy seguro que no les importa mi existencia ni mi ausencia, soy un simple número poblacional. Sé que tengo algo, no sé el qué. No me hacen caso, se limitan a recurrir a mi historial clínico como excusa. Todo es por lo ya diagnosticado, lo demás me lo invento para llamar la atención, dicen. No se involucran, no me realizan pruebas. Me mandan para casa como un vagabundo al que nadie comprende porque no trabaja, tan solo me ignoran.

La sociedad se mueve sin mí, nunca me ha aceptado. Disimulan con sonrisas escaparate, pero ninguna me compra. Se ha empeñado en marginarme, soy demasiado débil para aportar. O, quizá, demasiado gris. No soy útil, soy una piedra humana y ni mi apariencia me concede una oportunidad. Me he acostumbrado, lo asumo sin más. Soy como el hombre o la mujer invisible, pero sin la virtud de defender de los malos a la humanidad. Invisible, ya está.

martes, 3 de marzo de 2020

Realidades indignas

Libro biográfico de una cruda realidad inconcebible, como otras tantas existentes que permanecen desapercibidas, en los tan supuestos tiempos contemporáneos que nos hallamos. Necesidad de reivindicar la libertad real para todo el mundo, independientemente de su género o condición dada al nacer, ya sea por su lugar de origen u otros factores ajenos a las decisiones y elecciones propias.


 

viernes, 28 de febrero de 2020

Nefando


Su llanto en el agua, flotando sobre la superficie del río, intentaba crear una balsa. Las ramas de piel que le sostenían tenían tanta humanidad como las que discurrían por allí tras quebrar de los árboles, algunas pasaban demasiado cerca de la criatura llena de temor. Sabía lo que iba a suceder, pero se aferraba al amor que debería ser innato. Recurrió al contacto visual penetrando su mirada con los de aquel despreciable ser monstruoso. Supo que tampoco funcionaría.
La lucha por nadar, sin haber tenido siquiera tiempo de aprender, le inundaba y salvaba con agonía por segundos. Las fuerzas pronto empezaron a flaquear y el bebé acumulaba agua en sus pulmones. La vida en él se evaporaba...

Despertó. Sudoroso y con el agua en su boca. Deseó haber vivido aquel sueño antes que ser consciente de la realidad. Nunca conoció a su madre, su amor por él hizo que, en una excursión al poco de nacer, ella perdiese la vida tras salvarle cruzando un traicionero río. Jamás lo superó, ya corría por su tercera década. El trauma era su única compañía. No sabía de su padre ni hermanos, mucho menos de sus amistades. Estaba solo. Solo en aquella cabaña al lado del río en el que perdió al nacer a su madre.

domingo, 23 de febrero de 2020

Pedigüeño

Una mancha de tinta en el dedo transcribía sus deseos más profundos...

Las ilusiones luchadas en tu nombre, mi entusiasmo, han sido los milagros de mi vida. Quiero eso, ilusionarme, pero con mis propias ilusiones. Abrir caminos abruptos y verme en medio de ellos, esforzándome y, a la vez, agradeciéndome por cada paso dado. 

Nunca se me dio demasiado bien intentar no normalizar, quizá justo lo contrario que le ocurre a la mayoría de la gente que tanto requieren de colectivos que luchen por sus circunstancias. Pido no sentirme nunca en la necesidad de que me ayuden a entender condiciones que no me entren en la cabeza, conservar mi flexibilidad mental respecto a la diversidad humana.

Quererte tan fuerte, universo, que la petición de estar siempre de buen humor se reduzca a un hecho en mi realidad. Cada amanecer es la suerte de estar vivo, es emocionante que el cosmos te escoja para un día más.

Tengo resaca de tanta emoción enrevesada, muéstrame claridad vital, vida. He sentido la complejidad necesaria de esta existencia, concédeme un poco de sencillez agradable. Prometo disfrutarla, aprovechar esa serenidad.

Mi corazón es etéreo, es la radio en la que escucho la organización de mis relojes circadianos. Voy a dar la vuelta a mi alma, como una prenda reversible, para descubrir lo que me he perdido hasta ahora de quién soy. Deseo no decepcionarme.

En el viento del levante marítimo pude enredar en nudos marineros mis impulsos con las zarzas de sus desganas. Ahora sueño con simplemente pararme a oler nuevos frutos, necesito perdonarme por no involucrarme en ello.




Pasear

 

Pasear, simplemente pasear para observar el verde natural y respirar al aire libre... VIDA

lunes, 17 de febrero de 2020

¿Niños eternos?

 ¿Qué consideras que no tuviste en tu infancia? Haz del ahora parte de la infancia del mañana.


 

viernes, 14 de febrero de 2020

Jábega de jade


Al final de la red, allí estaba tu corazón de jade. Aquel que tanto me empeñé en capturar, el mismo que peligraba perder para siempre con cada paso hacia él. Cuanto más ansiaba acariciarlo, más rápido se deslizaba directo al abismo. Huía. Mi obsesión era cuidarlo, la suya despreciarme. No quería resistirme a él, no quería rendirme. Luché, él se dejó caer.

Me quedé mirando, analizando su decisión. Prefirió dejar de ser corazón, prefirió ser añicos antes que permitirme sostenerlo entre mi calor. No pude hacer nada, no podría haber hecho más. Se fue, se tiró a la ausencia de amor. Necesité sentir el filo, el borde de aquella red que no había impedido de ninguna manera que cayese. Lo deshilaché. Estuve a punto de caer, de ser un cúmulo de pedazos entremezclados con aquel corazón destrozado por elección propia. Se lo mostré, le enseñé a no tener miedo. Le materialicé que se podía dar pasos hacia zonas seguras, arriesgarse a intentar ser feliz.

Abandoné la red y ocurrió. No, no se recompusieron los fragmentos del corazón suicida. Fue el mío el que cambió repentinamente a un verde vida. Más duro, más sensible. Más cauteloso, más generoso. Porque sí, yo sí decidí arriesgar a enfrentarme a lo venidero.

Antes de marcharme le concedí una compañía a esa arena cada vez menos colorida. Corté la red dejándola caer para que se reuniese con ella. Le otorgué el recuerdo de que las vías fáciles, a largo plazo, pueden ser la peor tortura en el puente de las decisiones del amor.

Amor propio, amor sano

 

La frontera entre el amor propio y el amor egoísta es muy fina. Es importante asentar buenas bases para quererse bien. Sólo así se tiene capacidad para querer mejor a los demás.

viernes, 7 de febrero de 2020

Labilidad



Suave. Parece terciopelo resguardado sobre una caricia de viento. Al remover sus filamentos cobra una rugosidad notable, pero enseguida se vuelve a sentir como el peluche nuevo de un bebé. La delicadeza frágil de su tacto le confiere ser una textura con elevado grado lábil. Su ligereza le concede mantenerse a flote siendo arrastrada por un cálido soplo de tus labios. Es un beso ondeando con forma propia.

No quiero que se rompa, se acaba quebrando. Su deterioro va al compás del dichoso tiempo, no hay modo alguno de repararla. Se deshace, se va desintegrando con la misma magnificencia que contiene en sí misma. Se disuelve, ha desaparecido de lo existente.

¿Cómo se mantiene a raya el recuerdo de la delicadeza sin que un día la mente lo extinga?

Contagio emocional

Para la escritora de renombre, Elsa Punset, la poesía, junto a la filosofía y a muchos otros grandes legados de la humanidad, es uno de los fundamentales recursos pragmáticos para elevar la calidad de nuestra especie. Las emociones se propagan, esto está más que demostrado. Así que dime, ¿cómo te sientes ahora mismo? Intenta crear al menos cuatro versos expresando tu estado emocional. Siéntete libre, todos somos diferentes y cada proceso emocional es humano y contagioso. Contágiame.


 

martes, 4 de febrero de 2020

Autoconocimiento

Estamos en una etapa social en la cual, pese a todo, se está incidiendo mucho en la visibilidad de las diversidades humanas en vías de concienciar y normalizar. Las emociones, los sentimientos, no son menos. Esto ejercita habilidades sociales como la empatía. Pero, de forma individual, también ayuda a recaudar recursos y estrategias internas que colaboran entre sí dando como resultado mejores gestiones emocionales en las personas.

viernes, 31 de enero de 2020

Koala

Llévame a Australia, quiero abrazar sus árboles. Permanecer inmóvil en ellos, dormitando dieciocho placenteras horas. Soñar con el espumoso océano, aplaudiendo en la orilla, como banda sonora que me acuna mientras descanso. Quiero oler el eucalipto hasta dejar de hacerlo porque mi cerebro ya lo haya interiorizado por costumbre. Comerme sus hojas y hasta sus tallos, hacer mío cada nutriente suyo. ¿Qué más da si tardo cinco horas? Es mi momento, saborear me demuestra que es real lo que vivo.

No permitas que nadie se crea con derecho a sacarme de mi paz, no soy un peluche animado al que abrazar a voluntad. El respeto es no comprender y aún así aceptar, que nadie sobrepase esa máxima conmigo. Si lo hacen, advierte que puedo enfermar por corromper mi mecanismo vital. 

Demasiado esfuerzo me está costando transmitirte todo esto tan solo por sentirme a salvo. Decidido, ¡vete! Abandóname en el árbol australiano. Siéntete feliz por ello, lo estaré disfrutando. Ya está bien, tengo que reponerme de tanto. Me voy a dorm...


jueves, 30 de enero de 2020

Historia poética

¿Cuál es la poesía más antigua que has leído? Han podido mutar las técnicas, la forma, pero la esencia poética continúa intacta. Todo es poético, todo es poesía. Depende tan solo de los ojos, depende de la percepción. Sensibilidad hasta para ser un insensible.


 

lunes, 27 de enero de 2020

¿Dedicatoria o dedicación?

 

Cuando un autor concede unas palabras personalizadas, regala un pedazo más de ese puzzle perfecto que contiene en su alma para crear.

jueves, 23 de enero de 2020

Libro amante

Idénticos, nadie diría que no son el mismo. Sin embargo, tenían sus diferencias. Se separaron, se alejaron el uno del otro. Cuando quisieron volverse a encontrar, las diferencias habían cambiado.


 

miércoles, 22 de enero de 2020

Mácula

En órbita inconstante me sincronizo contigo en silencio. Mi ingravidez el resonante por la cual captas nuestro destino. Certeros de nuestra complicidad, aun siendo dos desconocidos. Tú la piedra colosal que cae a fuego en mi mundo como meteorito, yo esa estrella fugaz que cumple uno a uno tus delirios. Con la inestabilidad lunar, descubrimos todos esos defectillos; ninguno el apocalipsis final que quiebre nuestro existencial sentido. Dos galaxias improbables atraídas de casualidad, hasta el espacio que nos distancia es necesario en su lugar. Idílica formación alineada por el azar, ¿seremos destruidos de tan improvisto como el empezar? Mientras tanto sigamos orbitando, gocemos de éste nuestro imantar.


domingo, 19 de enero de 2020

Suspiros del alma

 

 

Eres un fragmento fundamental en mi férrea realidad. El punto de partida que pretende permanecer sin hacer ruido. Eres el código clave que abre el candado ya abierto con anterioridad. El hogar hacedor de hamacas emocionales.

jueves, 16 de enero de 2020

Senderos vitales

Constantemente formamos un rastro de huellas que dan pie a caminos insólitos. Cada uno tenemos los nuestros. Algunos de esos pasos quedan soterrados, otros bien a la vista. ¿Cuál es tu actual búsqueda de caminos? El mío lo descubriré rodando 🦼


 

martes, 14 de enero de 2020

Onirismo

 

¿Qué has soñado estas últimas noches? ¿Alguna vez se te ha ocurrido llevar un registro de sueños? Existen muchas páginas en la red de 'interpretación de los sueños', la mayoría genéricas e incluso predecibles. Si analizases primero tu personalidad, miedos y deseos y, en base a todo ello, te dispusieses a indagar en tu subconsciente a través del universo onírico, ¿crees que descubrirías más sobre ti? Yo, sin duda, creo que sí.

sábado, 11 de enero de 2020

Hogaño


Antaño el secuestro era permanente. Atada, la dependencia quería escapar. Era un felino enjaulado esperando su oportunidad para correr hacia el horizonte sin mirar atrás. Pero, incluso cuando se le dejaba a propósito expandir su velocidad, era bien consciente de deber regresar entre sus barrotes. No tenía otro modo de vida, desconocía cómo cazar para alimentarse o cómo cuidarse de sí mismo para no ser el alimento de otros. En ocasiones, rugía amenazante. Otras, lloraba desolado. La dependencia se resignaba a aceptar su papel el tiempo que durase, hasta que fuese un hecho su improbable sueño. Como ella, había otras gatas en su misma situación. No estar sola fue parte de su consuelo, pero también llegaba a despreciar al resto de sus iguales por pertenecer a esa suya realidad. Se dejaba estar, los días corrían sin más. Maullaba en soledad, maullaba a coro. Daba igual. Sin embargo, ese coro era algo cuando se reproducía. No sonaba sola, tenía complicidad natural. Entre tanta frustración y enfado, había un poco de expansión: se expandía desde su alma hacia el alma de los suyos.

Hogaño... hogaño es época de la libertad despegada. No precisa ser amarrada, es ella quien insiste en permanecer. Echa de menos a sus demás panteras, ruge en busca de su coro preciado. Ya no lo escucha. Los barrotes ya no existen, ya no hay fronteras. Tampoco compañía, el equilibrio se vuelve a dar. Se produjo esa metamorfosis, de dependencia en autodeterminación. El león ya sabe no pasar hambre, tiene los conocimientos para no ser presa. Como individuo se siente más completo, ahora carece de sociedad. Extraña a quien le encerraba, extraña la comodidad que no valoraba. El cuerpo le pesa por la responsabilidad, el alma le aplasta por la soledad.

viernes, 10 de enero de 2020

Fusionando

¿Libro en papel o libro electrónico? ¿Crear palabras o usar términos asentados? Un libro tradicional puede ser portador de una carta de amor en un sobre azul escondido entre sus páginas. Por su parte, un libro electrónico suma agilidad para interiorizar conocimientos y vocabulario. La densidad de un diccionario recompensa con habilidades lingüísticas. Pero enfrentarse al papel en blanco es valentía creativa.


 

jueves, 9 de enero de 2020

Fabril


Descendía como en antigravedad una pluma de un ave exótica, era violeta espectral. Trasparentándose en ella, un paraje colorido. Desprendía luz, vida, creatividad. Lo más llamativo, la mujer pintando al viento. Lo más aburrido, el niño cantando a estatuas de mar. Me sentí abrumado, ¿qué podría yo aportar al lugar? Sabía que mi voz no era apropiada para cautivar oídos, ni siquiera oídos postizos como los de aquellas esculturas. El dibujo me atraía, pero mi pulso y destreza con los pinceles tampoco me ayudarían a hacerme un hueco en el valle misceláneo. Nunca había tocado ningún instrumento. Mi oratoria quedaba rezagada por mi timidez. Bailar, por supuesto que no era para mí. La escasa fuerza e ingenio también descartaba cualquier modalidad constructiva. Incluso la fotografía elegía al abuelo con alas que le aventajaban por lograr ángulos improbables. Derrotado, me limité a pasear entre artistas.

Entonces caí, ¿y si mi verdadero don era el contemplativo? Parecía que había escuchado mis pensamientos, se me cruzó el bebé con los ojos más abiertos y absorbentes de todos los universos. No, mejor mantenerme como un peatón desapercibido. Quizá era mi papel, ser el fantasma que vaga sin capacidad alguna ni para asustar. Devastado, di una patada a una ramita. Un vástago inocente al que lancé mi frustración por inútil. Me hizo sentir arrepentimiento al instante, ambos éramos igual de invisibles. Lo cogí e intenté subsanar el daño causado frotándolo contra el tronco de árbol que bien podría ser pariente suyo. Traté de dejarlo sin astillas, sin nada picudo que pudiese limitarle. Me empeñé en darle estética, pero más anhelaba otorgarle funcionalidad. Sentía que hasta ese palo podía encontrar su rol allí, no quería que mi desgana fuese el motivo por el que no lo consiguiese. Cuando quise darme cuenta, lo había transformado en un lapiz. Fue instantáneo, ¡trabajaríamos juntos! Seríamos un dúo, arte compartida. Yo, escritor. Él, o ella, escribano. Percibí su alegría cómplice con la mía. Nos sentimos por fin parte de aquella sociedad. Pero algo sucedía, nadie nos valoraba. Creíamos haber encontrado nuestro sitio, al parecer no lo era. Solo nosotros dos éramos público del otro. ¿Necesitábamos notoriedad? No, pero el ambiente se sentía igual que vagando sin más. Destruidos, la rama o el vástago concluyó su labor de cronista descansando de nuevo a pies de sus parientes. Yo, rendido, quería dar con aquella pluma como referencia para salir de allí. 

Dando vueltas y vueltas, al fin un día di con ella gracias al vendaval que hacía. Tenía algo diferente, su baile descendente se veía distinto. Me empezaban a pesar los párpados, parecía como si me hipnotizase. ¡Claro, es lo que hacen los artistas! Hasta la pluma lo era, sentí un poco de furia por la envidia. Caí dormido.

Han pasado setenta años, ya soy el más anciano del lugar. Muchos han perecido, aquel bebé es mi gran amigo y más leal alumno. Queriendo escapar, huyendo, hallé mi habilidad. Unos dicen que no vale nada, otros creen que es la más creativa del valle. Yo no la puedo disfrutar, tan solo a veces. Y, sin embargo, soy quien más la vivo. El único, de hecho. Cuando caí desplomado ante la pluma, dicen que se generó una emoción sin precedentes que creó un masivo corro rodeándome. No por acudir a mi ayuda, sino por extraer de mi mundo onírico recursos con los que potenciar. Así es, me convertí sin querer, en el hombre de los sueños.

miércoles, 8 de enero de 2020

Inspirando

 

Huelo a libro releído. Percibo el olor de cada lugar que conoció conmigo siendo compañero de viaje. La fragancia de los paisajes tras el cristal, el aroma entremezclado de con quienes compartí aquella vivencia. El olfato se vuelve a aguzar con su mera presencia. Es sensibilidad olfativa, es olfato creativo sobre el papel.

jueves, 2 de enero de 2020

Rimero

Como una duna en el desierto, como un iceberg a la deriva en la inmensidad oceánica, una pila de libros en una habitación envuelve con su presencia a quien tiene la fortuna de descubrirla. Leer cada página, disfrutar cada letra, interviene en la escultura que va conformando las distintas personalidades humanas.

 

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PODER NO DEPENDE DE NUESTRA CONDICIÓN FÍSICA O DE LO QUE NOS RODEA, PODER DEPENDE DE LA DISPOSICIÓN INTERNA DE CADA UNO. Y YO, ¡PUEDO!
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