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jueves, 21 de marzo de 2013

Undécima poesía


"Comme çi, comme ça"

Mi mundo has anquilosado
con tu esencia embrujada,
yo me siento aniquilado
 y con el alma embaucada.

Ya no hay lugar en mi barraca
para otra distinta a ti,
sólo puedo esperar tu llegada
o que el amor roce el fin.

Empuñando con fuerza mi vida
por temor a que me la descompongas,
con este sentimiento no adivina
ni la mayor de las pitonisas.

Todo era hielo en mi interior,
un iceberg era mi aura,
con tu presencia se derrite
y en un volcán se transforma.

Buscando la ideal linde
para seguir con tu mirada,
no quiero apartarme de tu camino
y revivir solo en mi morada.

lunes, 11 de marzo de 2013

Ce que j'étais, ce que je suis

   
     Sí, esta vez el título está escrito en francés. Un idioma que me encanta, un idioma que podría dominar a la perfección si no fuese porque se le fue olvidando a mi madre tras pasar aquí más años de los que ha vivido en el lugar donde nació, Thionville (Francia).

     Como habréis podido comprobar los curiosos tras hacer un copia y pega en el traductor, el título significa "Lo que fui, lo que soy". Ha sido elegido porque quiero intentar transmitiros la evolución que he sufrido -a bien, se entiende- en el corto pero absorbente tiempo de vida que llevo con mis veinte años actuales. 

     Veréis, cada vez que me pongo a pensarlo fríamente, me sorprendo a mí mismo. Y es que desde que recuerdo a mi yo más pequeño -con tres o cuatro años, momentos muy concretos- hasta ahora, he experimentado una metamorfosis en mi persona. Debido a la sobreprotección de mi familia en general y de mis padres en particular, inconscientemente fue adoptando una personalidad de timidez extrema. Recuerdo que no hablaba porque sentía un pudor inmenso a equivocarme o a decir algo que pudiese llevar a pensar a la gente cosas hacia mí que no fuesen. Y, cuando me preguntaban, odiaba extenderme demasiado -yo creo que contadas veces lo hice-. 

     Fui creciendo y los motivos de mi timidez cambiaron pero no cesaron. Comenzaba la evolución, eso sí, con los más cercanos. Sólo con personas con las que poseía una relación de confianza suficiente, me empezaba a sentir cómodo y hablar tranquilamente sin miedos aunque, todo hay que decirlo, con ciertas inseguridades. Pero mi timidez persistía, y yo sabía el por qué. Mi situación -para los nuevos, estoy postrado en una silla de ruedas desde que nací- me hacía preguntarme lo que pensaría el resto de mí. Crecer en esta sociedad con algún tipo de problema -sea de la sintomatología que sea-, es difícil. Yo creía que el hecho de estar así, en esta situación, provocaría en la gente ponerme inconscientemente más problemas de los que tengo -y, por desgracia, esto es realidad en algunas personas-. Mi yo interno, incontrolable y mutable, optaba por no hablar demasiado para evitar que, en caso de errar o decir lo que yo llamo un sinsen (sin sentido), no relacionaran lo visible -mi estado físico- con posibles fallos cerebrales. Ya que la ignorancia está presente en muchísima gente de esta sociedad, en la que sin hablar demasiado muchos nada más verme creen que soy menos inteligente que ellos por estar en silla de ruedas, pues yo creía que la mejor opción era hacer precisamente eso, hablar poco para no caer en algo que les pudiese afirmar ese pensamiento.

     Con el tiempo, fui aprendiendo que había escogido el sendero equivocado. Me fui percatando que ese camino no me aportaba del todo bien lo que yo quería conseguir, que se diesen cuenta de que los pocos avispados eran ellos teniendo esos pensamientos simples al relacionar mi estado físico con el estado cerebral que juzgaban sin conocerme. Por esto, tras mi adolescencia bastante rebelde -con mi familia porque fuera era incapaz- fui observando muy poco a poco que lo mejor no era callarme para evitar que afirmaran sus pensamientos sino todo lo contrario, demostrar con creces que estaban totalmente equivocados. Y, ¿sabéis? no sé si es porque he sabido escuchar muy bien -y sé- por no querer hablar demasiado o si me viene de serie pero, desde que me abrí y empecé a hablar lo que tengo que hablar, he comprobado que me expreso bastante mejor de lo que imaginaba. Como digo, creo que el haber escuchado con tanta atención a tantas personas variadas, me ha ayudado aunque, una porción de mí, también cree que algo me viene de los genes.

     Mi punto álgido hasta el momento, ha sido este espacio, mi mar de palabras. El empezar a publicar justo al inicio del año 2011 para todo el mundo que estuviese dispuesto a leerme, fue mi mayor pisada en la cima a lo que desaparición de timidez se refiere. Bien es cierto, que aún quedan restos -para qué engañarnos- pero bueno, tampoco voy a volverme ahora un loco sinvergüenza. Además, todo lo que me está ocurriendo relacionado con el arte de las palabras, me está aportando mucha seguridad en mí mismo. Ya no sólo a la hora de escribir sino personalmente también.

     Seguramente, mi yo interior siga en evolución puliendo aspectos de mi personalidad que me haga poder vivir más a gusto conmigo mismo. Por esto, no os extrañéis si dentro de veinte años realizo otra entrada paralela a esto transmitiéndoos los cambios que he podido dar. Pero eso sí, la base de mi, -mis principios, mis valores, mi forma de pensar-, jamás la cambiaré porque soy lo que soy y si no me aceptase ni consiguiese estar satisfecho con lo que soy, nadie lo podría estar. Y, hoy por hoy, me siento muy orgulloso de cómo soy.

     Os espero dentro de veinte años.

Abel Jara Romero.

martes, 5 de marzo de 2013

Humanidad domótica


Con el título "Humanidad domótica" os quiero adentrar en una noticia impactante sobre actualidad tecnológica. Un avance tecnológico que va a revolucionar el mercado a finales de este año o comienzos del próximo.

Se trata de las llamadas Google Glass. Como podéis imaginar, se trata de unas gafas futuristas que proporcionan servicios mientras nos encontramos por la calle y sin tener que perder visibilidad en tu camino -como pasa con los móviles o smartphones al agachar la cabeza- y, a la vez, tener las manos libres.

Disponen de micrófono, cámara, y -el dato más curioso- el sonido pasa a través de tu cráneo. Lo realmente revolucionario de esta tecnología es lo interiorizado que resulta en el usuario. Así, como los que estamos acostumbrados a llevar gafas no nos damos apenas cuenta de que las llevamos, estas gafas consiguen también este punto de naturalidad gracias a la posición de la pantalla y al método por el que se percibe el sonido. Además de esto, poseerán bluetooth y Wi-fi poniendo a nuestra disposición algunos privilegios que ofrece la red de internet. Así, no volveremos a perdernos ya gracias a estas gafas ya que podremos indicarles mediante la voz -método por el que se manejan- la ruta que queremos seguir. Igualmente, podemos realizar vídeos o fotos pero de una manera mucho más cómoda que nos facilitará captar situaciones que con un smartphone o móvil nos resultaría difícil.

Obviamente, en cuanto esto comience a circular por el mercado, iremos obteniendo mejoras en estas gafas pudiendo hacer cosas, con el tiempo, que hoy día son impensables. Se irán introduciendo aplicaciones que nos proporcionen mayor grado de satisfacción.

¿Problemas? Se ha estudiado el posible daño a los ojos que podrían causar dichas gafas. Tras varias hipótesis, se ha demostrado que, gracias al uso que tiene y a la posición en la que se encuentran, no serán dañinas para la vista. El otro problema importante es el coste inicial en el mercado, 1.500€ por lo potente de su naturalidad para el usuario y lo revolucionario que resulta. A muchos nos recuerda a un dispositivo que salía en la conocida serie Dragon Ball. De todas formas, como todo, el coste irá bajando con el paso de los años y se prevé que estas gafas desvaloren a las tablets y smartphones hasta tal punto que los usuarios acaben por abandonarlos. ¿Acaso no preferiríamos llamar mediante unas gafas cómodas y estéticas que mediante un móvil? Allá cada uno con su opinión...


PODER NO DEPENDE DE NUESTRA CONDICIÓN FÍSICA O DE LO QUE NOS RODEA, PODER DEPENDE DE LA DISPOSICIÓN INTERNA DE CADA UNO. Y YO, ¡PUEDO!
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