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jueves, 28 de noviembre de 2013

Tinta Roja, IV

     En casa, sentado frente a aquella silla que tomó prestada con la excusa de investigar a fondo el caso del asesino despiadado. Él bien sabía que no necesitaba pedir permiso a nadie puesto que, al único al que podría tener que rendir cuentas sería al comisario pero éste le conocía desde hacía muchos años y, pese a la arrogancia y prepotencia que a veces manifestaba, sabía que jamás haría nada con la expectativa de sacar algún beneficio o interés. Ese pensamiento le provocó una sonrisa ladeada hacia la izquierda propia de una persona poseedora de, quizá, demasiada seguridad sobre sí mismo.

     Detrás del primer objeto reunido en ese cuarto, específico siempre para indagar sus casos, se encontraba en tamaño casi real y bien sujeto a la pared el cuadro que le recordaba el por qué de ser tal policía, tal persona.

     Su móvil suena y él, como tantas otras manías que le hacían tan particular, no podía evitar presionar más de lo habitual la parte del auricular ayudando a que el sonido entrara más claro por el aparato auditivo...

     - ¡Dime!
     - Tenías razón. Nueva víctima, nueva señal.
     - Concreta.
     - Nombre de la víctima: Eunice Cabrera. Señal: Una "R" encontrada cerca del ombligo.
     - Con que ya tenemos "AR" o "A" y "R", bien. Voy para allá. ¿Has percibido algún patrón a la hora de decidir el lugar donde mata?
     - Pégate más fuerte el auricular al oído, esto puede que te sorprenda hasta a ti.
     - Estoy preparado, suéltalo.
     - Estoy frente al cadáver en el mismo edificio que la anterior víctima.
     - ¿Cómo es eso posible? ¿Acaso no había una mínima vigilancia?
     - Ya sabes lo que dicen en estos casos... que si demasiado tiempo lleva sin actuar como para tener a alguien vigilando, que si no se puede alarmar a todo un vecindario por una sola víctima...
     - Increíble. Maldito cuerpo de policía y malditas prevenciones.
     - Sólo tú puedes hacer ese tipo de comentarios criticando a la profesión en la que trabajas.
     - Ya salgo.

     Echando una última mirada al cuadro que le traía la viva imagen del ser al que tanto debía y quería, cerró con suavidad aquel cuarto para, seguidamente, salir de su casa dirección al ya visitado edificio. Una vez más, recorrió el camino a pie.

     Al llegar, lo primero que quiso saber es si la numerología de los pisos donde habían sucedido ya dos de los asesinatos tenían alguna correlación. Aunque su intuición le decía que no sería así. Tras confirmar esto al verificar que el piso de la segunda chica hallada muerta era impar al contrario que el de la primera, reunió los datos de ambas víctimas en busca del más mínimo detalle que pudiese aportar sentido a la forma de actuar del individuo para, al menos, saber qué esperar en futuros crímenes. Pero nada parecía encajar; personas muertas de diferentes edades, procedimientos distintos a la hora de acabar con sus objetivos, marcas en partes opuestas de los cuerpos y no realizadas por el mismo método... El único avance que conseguía con esta nueva chica muerta es que se confirmaba físicamente la existencia de un asesino en serie, perceptible por el evidente disparo en la cabeza. Además, existía la posibilidad de que fuese un asesino machista pues sus dos dianas hasta el momento habían sido mujeres. Esto último lo dudaba nuestro jefe de policía porque, visto lo visto, el psicópata no parecía tener mucho aprecio a dejar coincidencias en el aire. No sería extraño que alguna de las próximas víctimas fuese varón.

     La anécdota para el resto de los miembros del cuerpo fue cuando, al llegar el jefe de homicidios tan conocido por todos, se dispusieron a salir porque recordaban la actuación anterior y, para sorpresa de los allí presentes preguntó en voz alta que hacia dónde iban. El compañero, cuya confianza con él era más que sabida, le dijo directamente lo que la multitud pensaba y, muy contundente, respondió...

     - ¿Acaso al que queremos capturar actúa siempre de la misma manera? ¿Por qué debería yo hacerlo? ¡Seguid trabajando!

     Pero un gesto no defraudó a los más juveniles del cuerpo que allí permanecían y que incluso apostaban entre ellos. Como muchos predijeron, el veterano de la policía y cabecilla del caso, no se iría con las manos vacías. Exigía a la forense que, en cuanto sustrajesen la bala del cráneo, se la hiciesen llegar a su compañero de confianza para, finalmente, reunirla junto a la silla de la anterior víctima en ese cuarto de luz tenue.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Inseparables

"Cuando un Sol se funde, una Luna se ilumina. Que entre tu Luna y la mía sostengamos juntas nuestras vidas".
Abel Jara Romero 

martes, 19 de noviembre de 2013

Repescando "Tinta Roja"


Esta historia no podía quedarse en el olvido con tan sólo dos capítulos publicados. Por ello, y como se anuncia en el título de este post, "Tinta Roja" vuelve. Y pretende seguir acogiendo a lectores a los que le gusten las novelas negras y/o policíacas.

Mismos autores, Papel de Tinta Negra y servidor. Mismos protagonistas, asesino despiadado y policía peculiar. Misma dinámica, Jesús publicará en su tintero los capítulos orientados al personaje malo-malísimo y, yo, publicaré en este mar de palabras los capítulos enfocados a nuestro policía intuitivo. Indicar que, pese a que se publica en distintos blogs, en la página oficial de "Tinta Roja" se lleva un cuidadoso orden de la historia, en ella se encuentran todos los enlaces que llevan a cada uno de los capítulos. Advertimos que retomamos la historia con más ganas, si cabe, y empeño en conseguir haceros disfrutar con cada una de las líneas de esta trama.

En esta entrada, además de poneros al corriente de que podréis adentraros en nuevas partes de esta novela, queremos ayudaros a recordar los puntos clave de los dos capítulos publicados para, así, retomar mejor la historia cuando esté disponible el tercero.

En "Tinta Roja, I" empieza la matanza con la primera víctima, una mujer es asesinada en su propia casa. El asesino actúa de forma aparentemente relajada debido a su experiencia. Además, parece disfrutar con lo que hace teniendo, incluso, marcado su propio ritual. Dentro de estas normas o pasos que siempre cumple, destaca en la trama el hecho de dejar una señal en forma de "A" en la pierna izquierda de la víctima una vez muerta. Previamente, antes de matarla, utiliza lo psicológico para descolocarla y, así, acceder fácilmente a su vivienda. Con la escusa de ir a por algo de beber, el asesino aprovecha en la cocina para sacar lo que lleva en el maletín, un trapo y cloroformo. La jugada le sale bien y duerme a su objetivo para, finalmente, acabar con él.

En "Tinta Roja, II" conocemos al jefe de policía que tratará de atrapar al psicópata que provoca que le asignen el caso específicamente a él por sus habilidades de observación minuciosa. Al llegar al edificio donde han sucedido los acontecimientos, pide que le informen mientras sube las escaleras que dirigen al apartamento correspondiente. Posteriormente, al llegar a dicho apartamento, ordena que todos los allí presentes evacuen el lugar del crimen para quedarse él solo. Sin necesidad de entrar en la habitación donde se halla el cadáver, procede a inspeccionar el salón estudiando las costumbres y la personalidad de la víctima que se intuye por indicadores como la colocación de cuadros, cojines y entorno en general. Tras confirmar que la mujer no se ajustaba al perfil de una persona cuidadosa que lo tiene todo siguiendo un patrón, se alerta al encontrar un punto que sí parece regirse por un patrón, las sillas del comedor. Tras revisarlas, encuentra señales sospechosas en una de ellas y, haciendo gala de su particularidad, para la sorpresa del resto del cuerpo sale del apartamento con la silla a sus hombros.


Tras dejaros las claves de los anteriores capítulos, sólo queda esperar a que llegue el tercero.

¿Quién ganará la batalla? Elije un bando.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Permanencia eterna

"Tu constante presencia en mi alma provoca que mi razón se tambalee".
Abel Jara Romero. 

viernes, 8 de noviembre de 2013

Roma - Octubre 2013


     ¡Sentimentaloides! El pasado 23 de octubre cogí un vuelo a las 7:05h. de la mañana rumbo a Roma, Italia. Surcando los cielos, atravesando las nubes que provocaban turbulencias en el avión y sobrevolando el Mar Mediterráneo, me preguntaba cómo viviría aquellos seis días que me esperaban en esa formidable ciudad...
Habría varios factores distintos en ese periodo de tiempo; no tendría cerca a mi madre, ni a mi abuela, ni a mis hermanos y, obviamente, estaría lejos de mi entorno habitual. Pero un enorme factor personificado llamado Jorge, mi primo, me aportaba total seguridad provocando una sensación de tranquilidad en mi interior que, lógicamente, conllevó a disfrutar cada uno de los días en ese hermoso lugar lleno de historia y creatividad. Para mí, el punto de ir con alguien con quien te entiendes tan bien y quien te entiende tan bien, fue muy motivador e hizo sentirme capaz de muchas cosas que en mi vida rutinaria no siento. Hizo que situaciones que con la mayoría de las personas serían complejas, fuesen fáciles. Gracias a su maña, a su interés y un poco también a su fuerza muscular que parecía transmitirme a mí (risas). Y es que, es curioso, pero que él me levantase de la silla tan fácilmente para traspasarme a otro lugar (asiento del avión, cama del hotel y demás...) me hizo sentir mejor conmigo mismo y con mi cuerpo porque percibí que con una persona adecuada realmente tengo menos límites de los que ya creía.

     Pero vayamos al grano, al viaje, que me enrollo exteriorizando mis sentimientos y esto se acaba alargando demasiado.

     Socialmente, nada más llegar a Italia, me sorprendió gratamente el trato humano y desinteresado. Y esto se fue confirmando tras recibir gestos amables de distintas personas que dicen mucho y muy bueno del pensamiento y sentimiento italiano. Facilitarnos información muy útil antes siquiera de preguntarla, tener un trato muy amigable o, lo que más gracia nos hizo pero que ello no resta que fue un gran gesto, que personas que iban detrás nuestra a una distancia considerable se fijasen en el detalle de que alguien dejó un coche justo en la zona habilitada en los cruces para sillas de ruedas y que, ya habiéndonos apañado para cruzar, nos giremos y veamos a esas personas pintándole los cristales al coche advirtiéndole del error y subiéndole los limpiaparabrisas como "sanción".

     Respecto a la belleza y estética de la ciudad, ¡qué decir! Cuidan mucho las estructuras de los edificios, sean o no, de gran interés. Por la noche es asombroso, destacando la zona del Castelo Sant' Angelo que es único y digno de contemplar, tanto por dentro como por fuera. Las vistas desde distintos puntos en los que se pueden disfrutar son inspiradoras por ese paisaje medieval con contrastes modernos. Las iglesias, basílicas y demás edificios religiosos son merecedores de nombrar por el trabajo, creatividad y originalidad que transmiten. Por supuesto, las esculturas repartidas por la ciudad la embellece enormemente, destacando la de Moisés de Miguel Ángel Buonarroti que, según cuenta la leyenda, al acabarla Miguel Ángel golpeó la rodilla derecha de la escultura de mármol diciéndola -¿por qué no me hablas?- indicando que había sido su obra más realista.

     Gastronómicamente, uno de los días me hicieron una pizza al gusto de jamón y bacon y pude comprobar lo diferentes que son comparándolas con las de aquí. Ya la masa, simplemente, tiene otra textura y otro sabor como más suave y agradable al paladar. Además, probé los helados de casi todas las heladerías quedándome y recomendando la Gelateria Frigidarium y los sabores Nocciola (avellana) y el de la casa que posee el nombre de la misma.

     De Roma he traído muchos recuerdos, para mí y para otros, pero más valioso es saber que, desde aquel viaje, tendré contacto con dos pedazo de personas que se han subido al mar de mi vida, Juanma y Ana. Desde aquí, mandaros un enorme saludo.

     ¿Los mayores inconvenientes o handicaps? Que la mayoría de la ciudad romana está adoquinada y, para ir en silla de ruedas, es bastante incómodo y molesto. Además, en algunas zonas, no sólo no hay rebajes para cruzar sino que los escalones son altos. No todos los lugares para visitar son accesibles aunque en los imprescindibles sí que se puede entrar bien. En este aspecto decir que las dos líneas de metro existentes cuenta con casi todas las paradas adaptadas bien con ascensor o bien con salvaescaleras. El tren que lleva desde el Aeropuerto Fiumicino al centro de Roma, el Leonardo Express, cuenta con vehículos adaptados aunque, si tienes mala suerte como tuve yo a la vuelta, te puede tocar justo uno que no lo esté y toca jugársela porque si no pierdes el vuelo.

     Por último, y como información para todo el que quiera ir a visitar Roma, decir que yo he estado a finales de octubre y todos los días, excepto uno que llovió, hizo un tiempo excelente. Eso sí, al anochecer y debido al río Tíber (Tevere en italiano), sube mucho la humedad hasta el punto de llegar a la habitación del hotel con la ropa, más que húmeda, mojada.


PODER NO DEPENDE DE NUESTRA CONDICIÓN FÍSICA O DE LO QUE NOS RODEA, PODER DEPENDE DE LA DISPOSICIÓN INTERNA DE CADA UNO. Y YO, ¡PUEDO!
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