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domingo, 19 de junio de 2011

Indiferencia

La indiferencia es lo mejor que se puede poseer cuando existe un conflicto o un desengaño amoroso.

Cogiendo el primer ejemplo, en un conflicto, muchas personas en determinadas ocasiones se decantan por machacar al adversario o simplemente siguen cada día recordando el conflicto. En este caso, la indiferencia es la mejor opción aunque muchos crean lo contrario. Y es que, hay personas que cuando ven que le eres indiferente al conflicto y a la persona con la que lo posees, se limitan a pensar que eres un cobarde. Pero tarde o temprano ese gran aliado por nombre tiempo te da la razón de que lo que mejor que puedes realizar es ser indiferente.


Por otro lado, con el segundo ejemplo, la indiferencia puede ser una gran solución para alejarte de esa persona y de paso poder curar las heridas que te ha dejado como herencia. En diversas situaciones se produce un desengaño amoroso inesperado. Cuando esa persona a la que le has entregado hasta lo más valioso del ser humano, el corazón, no sabe valorarlo y lo único que obtienes como si de un trueque se tratara es sufrimiento tras sufrimiento acabas por quitarte la benda de los ojos y cortar por lo sano. Y es ahí donde tu elección es muy importante. Muchas personas optan por los insultos, por malmeter o cosas así que lo único que traen es más sufrimiento. Desde mi punto de vista, lo mejor es ser indiferente con esa persona porque no se merece de ti ni una sola lágrima, ni un solo insulto, ni un solo movimiento de tus labios para dirigirle la palabra aunque sea para mal... Lo único que se merece es NADA. No se merece que entres en su juego, simplemente ignora a esa persona para no seguir sufriendo. Porque tú que lo has dado todo por esa persona mereces todo, mereces la felicidad, mereces esa persona destinada a ti que lo dará todo por ti al igual que tú. Así que sé indiferente a la persona que te ha hecho daño y no caigas en el juego de la sociedad porque tú no eres como quiere la sociedad que seas, tú eres tú.
                             


viernes, 17 de junio de 2011

La vida es un sueño

¿Quién no ha pensado alguna vez que toda nuestra vida puede que sea un sueño?

A lo mejor, todo lo que vemos, oímos, probamos, olemos y palpamos son fruto de un sueño eterno. A lo mejor, la vida es sólo un sueño que estamos destinados a soñar y por eso no podemos remediar algunas situaciones que nos ocurren aunque las intentemos evitar. Quizá, cada sueño y por tanto cada vida es una especie de visión que poseemos antes de despertar realmente. Puede que cuando soñamos estemos soñando dentro de un sueño. Es posible que, si la vida es un sueño que nos sirve de visión, cuando despertemos realmente podamos rectificar nuestros errores y malas decisiones. Probablemente, cuando una persona dice haber visto un fantasma, en verdad, fuese una persona que ha despertado realmente y nos esté intentando avisar de que debemos estar pendiente de no cometer errores para rectificar lo menos posible en la vida verdadera. Creíblemente, puede que a lo que nosotros en esta vida soñada, sin aún haber descubierto la verdadera vida, llamamos muerte sea en verdad el momento preciso en el que realmente despertamos.

Puede que esto no tenga ninguna verdad o puede que sí, lo que está claro es que si tiene algo de verdad estas palabras se quedarán en un sueño en el que me considero un buen escritor. Un sueño en el que a veces deseo permanecer eternamente, un sueño del que otras veces deseo despertar.

Para terminar quiero dejaros un poema de Calderón de la Barca titulado "La vida es sueño":


Es verdad, pues: reprimamos
esta fiera condición, esta furia, esta ambición,
por si alguna vez soñamos. Y sí haremos, pues estamos
en mundo tan singular, que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña, que el hombre que vive, sueña
lo que es, hasta despertar.


Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando, disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe prestado, en el viento escribe
y en cenizas le convierte la muerte (¡desdicha fuerte!):
¡que hay quien intente reinar viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte!


Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece; sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza; sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende, sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión, todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.


Yo sueño que estoy aquí,
destas prisiones cargado; y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi. ¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

                    Pedro Calderón de la Barca, 1636-1673

miércoles, 15 de junio de 2011

Sufrir por amor

"Yo prefiero sufrir por alguien que quiero pero no puedo tener, que sufrir por tener a alguien que no quiero."
Abel Jara Romero 

sábado, 11 de junio de 2011

Siempre te recordaré

Hola de nuevo, esta entrada prometo que será más alegre que la anterior que fue un tanto agresiva. Así que, empiezo...

Era 7 abril de 2003 cuando ocurrió. Un ser que resultaría muy importante en mi vida apareció de la nada, sin avisar. Además aparecía de una manera única. Hablo de la que siempre recordaré por todo lo que me dio, mi perra a la que llamé "Manchi". 


Un día cualquiera, de un año cualquiera, en un momento cualquiera, yo iba como cualquiera a casa de una vecina a visitarla junto a mis padres. Llegamos a la puerta de la vecina y llamamos. La vecina nos abrió gustosamente la puerta y entramos. Ella poseía gatos, siempre le gustó a su familia los gatos sobretodo a su pequeña hija. Después de dos minutos de nuestra llegada a la casa oí decir a mi madre "¿ahora también habéis comprado un perro?" Todos nos giramos. Ella, confusa, dijo que no, que ella tenía únicamente los gatos de siempre y fue a ver de lo que hablaba mi madre. Y ahí se encontraba, sentada con cara triste. 


Mientras mis padres y la familia de la vecina decidían qué hacer con el perro, yo en mi mundo de ingenio intentaba recrear el cómo había conseguido entrar en la casa cuando se abrió la puerta sin que nadie nos diésemos cuenta. Tanteaba diversas posibilidades pero llegué a la real después de barajar otras tantas que no me convencían. Sólo sabía que yo al entrar había notado una pequeña sensación rara en la silla. Así que pensé, y con mucha seguridad me dije a mi mismo "sí, así fue". Yo entré el último en la casa por detrás de los que me acompañaban, la perra se encontraría por las escaleras por lo que al subir en ascensor no la vimos. Cuando yo entrara en la casa, ella muy ágil se introduciría por debajo de mi silla para que nadie se percatara de que allí estaba mientras cerraban la puerta. Es entonces cuando la extraña sensación que se había producido en la silla cobra sentido. Finalmente, saldría de debajo de la silla cuando paré mi silla y es ahí, en ese preciso momento, cuando se producirían las palabras de mi madre hacia mi vecina. 


Después de discutir mis padres con la vecina el qué hacer con el animal, quedaron en darla un paseo preguntando a la gente si la reconocían. Pero eso se produciría cuando volviésemos mi familia y yo de ir al hospital para mi rehabilitación. Así que, ese día tenía ganas de terminar pronto la rehabilitación para ver qué ocurría con el perro. Cuando volvimos, mi padre y el vecino fueron en busca del dueño sin éxito. En ese momento, la curiosidad de qué pasaría con la perra sin haber encontrado el dueño me mataba. De repente, oí unas palabras que me encantaron "bueno esta noche la cuidaremos porque vosotros con los gatos no podéis tenerlo". Desde ese momento supe que si el perro entraba en casa ya no saldría. Y así fue... después de unos días de búsqueda del dueño, optamos por llevarla al veterinario para ver si tenía chip de identificación. Pero todo estaba a favor de lo que yo más deseaba, el perro no tenía chip y por lo tanto no se sabía quien era el dueño así que el propio veterinario propuso que nos la quedáramos si queríamos. Al principio, mis padres no querían pero finalmente con la condición de que los gastos del animal y los cuidados fueran responsabilidad nuestra, accedieron. Así que, la pusimos el chip a nuestro nombre y se cumplía mi deseo, quedárnosla. Y es entonces cuando se me ocurrió a mí ponerla el nombre de Manchi.

Pasaban los días, las semanas, los meses... y vivíamos muchas cosas con Manchi. Cada día la cogía más cariño, siempre recordaré cuando yo venía del instituto y desde el ascensor ya me olía y empezaba a ladrar y yo oía sus ladridos. Cuando se abría la puerta cogía impulso y saltaba para ponerse encima mía. Es increíble como un animal puede dar tantísimo cariño. También recuerdo muy bien cuando jugaba con ella poniendo la mano dentro de su boca haciéndola de rabiar. Ella, muy inteligente, sabía que estaba jugando y nunca apretaba demasiado al morder. Se volvía loca de alegría y se ponía a correr por toda la casa. Recuerdo como me reía al verla derrapar en la esquina del pasillo. 


Mucho, mucho cariño es lo que la dimos el día de su cumpleaños el 7 de abril del 2004. Recuerdo que la pusimos una vela encendida para ver qué hacía e inesperadamente nos sorprendió. La apagó con un estornudo. Lo que me pude reír, era única. 



Año 2005, y comienzan los problemas con la separación de mis padres. Como dije en una de mis entradas de la saga de "Una vida sobre ruedas" mi madre y yo tuvimos que irnos a casa de mi tía y con nosotros, Manchi. Después de un tiempo en casa de mi tía tuvimos que informarnos de un lugar donde poder dejarla porque no lo podíamos afrontar económicamente. Por supuesto, buscamos un lugar especial donde nos dieran la seguridad de que la cuidarían bien y no la sacrificarían. Así que la metimos en un centro para perros donde cada perro tenía un espacio mayor al de una casa. Tuvimos que pagar por dejarla allí pero lo hicimos sabiendo que aunque no la adoptaran, allí nunca iba a ser sacrificada. Fue muy duro, me entristeció mucho y agravó mi estado anímico acumulándose a lo mal que lo estaba pasando ya con la separación de mis padres.
Pulsa aqui para ver la imagen a formato completo

Cuando acabó todo el proceso de la separación de mis padres y volvimos a casa, lo primero que hice es llamar al centro para ver si seguía allí para volver a cogerla. Habían pasado solamente seis meses pero ya la habían adoptado. La pena recorrió por mis venas de saber que esta vez no se cumpliría lo que deseaba.   

Para terminar, quiero que sepáis que me apena no poder poner ninguna foto de ella. Las que poseía se perdieron por un problema informático.

PODER NO DEPENDE DE NUESTRA CONDICIÓN FÍSICA O DE LO QUE NOS RODEA, PODER DEPENDE DE LA DISPOSICIÓN INTERNA DE CADA UNO. Y YO, ¡PUEDO!
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