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martes, 19 de febrero de 2019

Aspirar

Huelo el aceite quemado fundiéndose con la cena y adivino de inmediato de lo que se trata, una comida típica de la dieta mediterránea en los hogares y casa más mundanas. Vivo con intensidad este preciso instante; es un privilegio oler, salivar y degustar disfrutando tan solo con el placer del sentido olfativo. Me abstraigo de las imágenes tras cerrar los ojos flotando en tal experiencia, la ausencia de visión incrementa de los olores sutilezas. El oído me transporta al burbujeo de la salsa que en el fuego canturrea, sinfonía perfecta acompañando a la nasal certeza. Inmerso en la sublime cata de partículas en el aire, toda sensación de texturas desaparece de mi mente. Sin embargo, en la vida plenitud total pocas veces se adquiere y el oído aferrado al olfato interfiere. 

lunes, 18 de febrero de 2019

Suicida inmortal

Frondosa mirada enmudecida por las lágrimas, recoge su alma en el baúl de la recóndita esencia que aún no completa su interior. Sola frente a un universo introspectivo que le provoca sentirse sola hasta por su propia soledad. Un bucle en el que ha permanecido y parece ya confortable por la ausencia de anhelos, objetivos y lazos. Su vida es un juego eterno en el cual siempre pierde y ese es su premio con el que se regocija para continuar perdiendo. A veces la pérdida le sabe a poco y degusta con esmero el placer de hacerse sufrir, así se incrementa el sentimiento que le desespera por no ser nunca pleno de dolor. La nada y la muerte le dan la espalda de tan enrevesada y oscura creación. Una existencia con morfología humana tan solo en exterior. 




sábado, 13 de octubre de 2018

Bien ser

"No soy lo que pienso, sino lo que siento. En suma, consumo mayor energía para bien sentir que para bien pensar".
 Abel Jara Romero

domingo, 16 de septiembre de 2018

Trigésima primera poesía


"En vilo"

El sabor de una flor marchita,
la fragancia del sudor de su piel.
Una melodía distorsionada grita:
no me toques y te dejaré ver.

El miedo en su vertiente más gélida,
la incertidumbre del no saber.
Un retortijón en el estómago atisba:
la silueta del esperado ser.

El corazón en taquicardia,
un alma relegada a comprender.
¿Qué ocurre ante una circunstancia
donde hay tanto que perder?




lunes, 13 de agosto de 2018

Relatos de amor (I)



La llave acuosa


     El agua de su sonrisa emanaba empatía fluyendo hasta las corrientes de mi río interno. Su cuerpo reaccionaba, contra todo pronóstico, ante mi presencia absurda. Sin saber cómo reaccionar ni qué hacer, cerré los ojos y respiré profundamente mientras escuchaba el vaivén de su pelo al viento. El tacto de sus manos se fundió con mi rostro y, en un intento de mezclarme con el sabor de sus labios, éstos juguetearon con mis comisuras. Un leve distanciamiento conectaba entonces a nuestra desnudez visual. Durante esos minutos, con la mayor intensidad y sensualidad que había vivido nunca, la realidad dejó de existir para dejar paso a la utopía más perfecta jamás imaginada. Sabía que pronto tendría que cruzar de nuevo el umbral del universo de las barreras, pero me propuse alargar ese regalo todo lo que ella me permitiese. No pensaba apartar la mirada, cada vez ahondaba más en su alma. Una lágrima se bebió una línea hermosa de su cara y sentí agarrar con fuerza la llave hacia el núcleo de su ser. Nunca había entrado tanto en alguien, nunca nadie se había entregado tanto a mí.

     Ayer volví a verle, tan luminosa con su caminar y su contoneo natural. Buscaba otra excursión hacia nuestro mundo único, perseguí su mirada sin cesar. Ignorante de los recursos de la seducción y el coqueteo, tardé en percibir que esta vez la magia creaba sus portales a través de la risa. Lo más tonto le hacía gracia, cualquier gesto reinventaba sonrisas. Qué sonido más bello el de su carcajada, qué melodía tan linda la de sus ojos achinándose componiendo una concordancia divina en su semblante. Mientras creábamos más motivos para reír, intentaba disparar mi carrete fotográfico interno para conservar la interminable colección de formaciones en su reflejo corpóreo del alma. Pero allí brotó de nuevo desvaneciendo a mi fotógrafo mental, su ojo izquierdo derramaba el cristal salado irradiando una brillantez acorde a su buen estado de humor. Mediante la risa también me colaba en el epicentro de su esencia. No me hacía falta reconstruir al fotógrafo, sólo necesitaba disfrutar y cuidar ese viaje a nuestra burbuja.

     Me marcaron tanto aquellas dos citas, que en sueños tuvimos una tercera. En un abrazo furtivo, donde lo emotivo y físico parecía que iba a ser la clave, un susurro me produjo el escalofrío más maravilloso jamás sentido. Como no podía ser de otro modo, me volvió a sorprender. Cuando parecía que el método era la búsqueda del recurso adecuado para abrir la puerta de su cerradura mediante la caída de una lágrima suya y que ésta nos transportase a nuestro vínculo, de pronto las tornas cambiaron. Con aquel cosquilleo recorriendo mi columna vertebral y sintiendo su aliento en mi oído, un sentimiento imposible de describir desbarató mi raciocinio siendo devorado por las emociones que tomaban el mando de mi ser. Una gota de mi ojo se escapó a su cuello. Esta vez fue ella quien luchó por no salir de allí, fue ella quien hizo que me estremeciese cada segundo para descubrir cada recoveco de ese otro lugar nuestro alejado de lo existencial.
Cuando desperté y miré el móvil para ver la hora, tenía un mensaje suyo diciéndome que acababa de soñar conmigo.

martes, 24 de abril de 2018

Autolealtad



Ven, te lo mostraré...

Ahí estás tú, improvisando sonidos y aspavientos para comunicarte, con tu humilde ropaje adquirido en la última caza. No te importaba el pelo largo, la apariencia desaliñada, el olor que desprendías, ni la cueva en la que más tiempo habitaste. Sólo luchabas por tu supervivencia, por no ser sumiso de otros grupos y por reproducirte.

Ese eras tú. En una vida anterior, en una existencia en los inicios de la humanidad. Creando tus propias sutilezas, las que distinguirían tu descendencia de las demás. Diferencias como la de no matar esa leona que un día te atacó, pese a tener la clara oportunidad de vengarte por ti o por los que te arrebató. O como la de conseguir una pareja salvándole del grupo dictador en el que se encontraba, en lugar de optar por la facilidad de usar tu fuerza para someter a alguna mujer de tu colectivo como veías que se hacía a tu alrededor.

Hoy, en tu vida actual, en la que he venido a visitarte, tienes como en cada existencia la oportunidad de cambiar los valores en tu línea generacional. Todo se ha vuelto más complejo, más enrevesado y oculto, menos intuitivo. La supervivencia se ha traducido en hallar el modo de tener dinero y recursos, la sumisión contemporánea es la obligación de escalar lo máximo posible en la pirámide social, y la suerte de reproducirse se da si te conformas o si te rindes a la superficialidad. Yo ya te he mostrado el principio de tu recorrido, en el instante de tu transición hacia la siguiente vida se determinará según tus elecciones desde este momento cuáles van a ser las enseñanzas que se te otorgarán durante la misma. ¡Nos vemos!


Aquí estás, como te advertí. No me arrepiento de elegirte aquel día, pues reconduciste tu alma hasta el punto de aleccionarme. Desde entonces he sido yo el aprendiz: has transformado la supervivencia material en la calma de tu hogar, tanto física como interna; has sabido escabullirte de la sumisión con la libertad del buen hacer, sin mirar a quién o a qué; y lo más admirable bajo mi percepción, has podido abrazar el amor sincero, sin conformarte ni rendirte a lo superficial, gracias a la paciencia y a creer en la existencia de ese alguien para ti que cualquiera interiorizaría como utópico.

Has creado una nueva realidad, una existencia donde cabe la esperanza en la evolución humana. No sé si es turno para ti de un respiro en esta vida que se te avecina, ni sé cuán arduo será tu sendero, pero sí sé que quiero estar atento. Si te pierdes de nuevo, no dudes que volveré a mostrarte que tú eres tu propio guía.

domingo, 8 de abril de 2018

Trigésima poesía


"Tu naturaleza"

Hoy he conversado con el mar:
Le he agradecido sus oleajes,
me he dejado llevar por sus corrientes
y me he sumergido en su profundidad.

Hoy he tocado el mar:
he acariciado su tez suave,
he besado su transparencia 
y hasta me he fundido con su humedad.

Hoy he sentido el mar:
nos hemos confesado inseguridades,
nuestros miedos y verdades,
nos hemos inyectado felicidad.

Cómo narices lo haces, dime,
si en Madrid no hay mar.





PODER NO DEPENDE DE NUESTRA CONDICIÓN FÍSICA O DE LO QUE NOS RODEA, PODER DEPENDE DE LA DISPOSICIÓN INTERNA DE CADA UNO. Y YO, ¡PUEDO!
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