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lunes, 26 de octubre de 2020

Repercusiones de la infancia

Ayer estuve viendo, desde el disfrute pero también desde los ojos del artista, la película protagonizada por el gran actor Rusell Crowe, la tierna Kylie Rogers, mi admirada Amanda Seyfried y el guaperas de Aaron Paul. El film proyecta la vida de un escritor que pierde a su mujer en un accidente de tráfico, el cual a él mismo le deja severas secuelas. Pese a todo, no se deja vencer por la vida y coge las riendas intentando mejorar su salud, luchando por dar todo el cariño del mundo a su hija y persiguiendo, además, defender su estilo de vida como literato. Por otro lado, el director se involucra en mostrarnos, en paralelo, las consecuencias que deja emocionalmente a una niña pequeña una infancia de tal calibre. En este caso, es la sexualidad la faceta que se manifiesta como punto inestable del personaje de la niña transcurridos 25 años. También existe una repercusión positiva que puede pasarse por alto, ella ha decidido trabajar ayudando a niños. 

En toda historia hay varias historias irremediablemente, pero este modo de contar diversas realidades interconectadas utilizando como recurso los saltos de tiempo, me parece muy potente por su dinamismo y credibilidad. También me atrapó cómo plasma la necesidad de un escritor de dedicar verdadero tiempo a escribir, equilibrado con buscar esa autenticidad y magia exclusiva de cada creador. Por si fuera poco, cuenta una tercera realidad, que se complementa en el personaje de Rusell Crowe, proyectando la falta de empatía social cuando más se necesita. Eso que por desgracia tanto ocurre, que en lugar de apoyar se culpabiliza o incapacita a personas que tienen tanto bueno para dar y se les arrebata las oportunidades para materializarlo, la mayoría de las veces esto sucede por dejarse dominar por el miedo, por querer controlarlo todo creyéndose con el don de lo correcto. 

Seguramente yo esté teniendo mis propias repercusiones de la infancia, sólo espero tener el coraje suficiente para combatir contra las negativas. Que empiece una semana repleta de victorias saludables para crecer como seres.



viernes, 23 de octubre de 2020

El caballito de mar y la escucha activa


En este viernes, mientras conduzco por los estrechos pasillos de mi casa a una velocidad que me hace ser consciente de la destreza automatizada en mí por el transcurrir de los años, me aborda un pensamiento sobre las interacciones sociales y sus grados de implicación.

¿Cuántas veces nos hemos dado cuenta de estar hablando con alguien sin ser realmente escuchados? Y lo mismo estamos incluso expresando todo el entusiasmo del mundo, nos estamos recreando en una vivencia, pero el receptor se define como tal igual que un caballito de mar vuela al compás de una nube de estorninos. Y lo complicado no es sólo percatarse de cuán fluida está siendo esa transmisión comunicativa, sino también identificar los porqués de que no nos estén concediendo esa atención que se supone procede. Poniendo como opción que la problemática sea de él, que no sea por nuestra parte como, por ejemplo, estar siendo ignorados por ser cargantes, ¿nos podrá la frustración de la alarma activada por sentir esa falta comunicativa, o nos nacerá incluso entonces empatizar en si estará sucediendo algo ralentizado en el universo interior de nuestro compañero de charlas? El orgullo y el ego, tan alimentado hoy día, nos podría llevar a malinterpretar prejuzgando.

Por todo esto, ha concluido mi pensamiento con el convencimiento absoluto de haber pecado siempre de precavido por cuidar el alma de los demás. No porque sea yo más amable o bondadoso que nadie, sino porque seguramente he vivido desde la constante de no ser perfecto por fuera, pero tampoco por dentro. Y bastante erramos inevitablemente como buenos humanos que somos, como para ir por la vida sin darle un par de vueltas a nuestras elecciones y razonamientos. Eso sí, sin sabotearnos por pensar demasiado. Moderación también para esto.

miércoles, 21 de octubre de 2020

El reposo de las 'babies obras' y la marcha activista de nuestros mayores

Fue de la mano del escritor Rafael Soler, autor de títulos como "La fuerza de la gravitación emocional", "Ácido almíbar", "Maneras de volver" o, su último lanzamiento, "Necesito una isla grande", que nos adentramos otro martes en la aventura del aprendizaje literario y también existencial. Y es que se dio una ponencia muy dedicada a dar visibilidad a la necesidad de otorgar la vida que realmente albergan nuestros mayores y que, en muchas ocasiones, son desplazados sin elección a residencias donde la sociedad les impone la cruel insignificancia por apagar sus luces y sombras que tanto pueden servir de referencia para la construcción de vidas de las siguientes generaciones. Es desperdiciar sabiduría, humanidad, lecciones únicas por circunstancias concretas... es involución aceptada.

En contraposición, nos brindó Rafael, por petición de
Justo
, una breve pero importante clase de escritura a los jóvenes tertulianos sedientos de fórmulas creativas. Entre otras pautas y consejos, nos insistió sobre el distanciamiento con las creaciones propias para dejarlas reposar y así volver a ellas con la suficiente objetividad para sentirlas dignas o no de publicación. Algunos de los asistentes de reconocida experiencia e intelectualidad, reconocían haber publicado manuscritos tras quince años macerándose. Parece mentira la calidad que concede a una obra la delicadeza del tiempo, pero sin duda tiene mucho sentido.
Al final el tiempo transcurre para todos, seamos niños o ancianos, lo que cuenta de verdad es cómo lo gestionamos y cómo nos permiten hacerlo. Valoro muchísimo que este tiempo presente se esté dando compartiendo con personas de gran calidad humana e intelectual.



miércoles, 14 de octubre de 2020

El destemporizador de Proust

 

Maravillado, anonadado. Así quedé y estuve ayer gracias a la resonancia inesperada con el autor que tratamos: el parisino Marcel Proust (1871-1922).
Vais a permitirme que no me entretenga, en esta ocasión, en las obras que sacó a la luz este novelista. Sólo apuntaré, para ubicaros, que fue el creador de títulos tan sonados como "Sodoma y Gomorra" y "En busca del tiempo perdido". Y no quiero pararme demasiado en posibles análisis técnicos porque siento que la magnificencia de este escritor, como explicó muy bien el ponente principal Fernando Gil Villa (profesor y catedrático de la Universidad de Salamanca), residió en cuidar muy mucho su felicidad interna, de forma natural sin ser consciente, a través de una compleja filtración de cada segundo vivido, de cada experiencia en la que se veía inmerso, para poder construir con crítica y autopermisión unos valores y una mentalidad que le condujesen a disfrutar y a otorgarle la energía justa a cada acontecimiento, decisión o impulso venidero. Y uno de esos recursos era abstraerse profundamente del tiempo, comprimiendo en sí pasado, presente y futuro. En lugar de vivir en el tiempo, el tiempo vivía en él. Y no por control, sino por sentido existencial, por salud emocional para hallar claridad incluso en momentos de locura e incluso enfermedad. Me parece brillante, ejemplar. Y, para redondearlo aún más, encima todo ello lo gestionó mediante la escritura, comunicando su propio universo de una manera embellecida y entretenida. Desde luego, una virtud bastante más alejada de la alexitimia que cada vez se empodera más en esta sociedad caótica de nuestros tiempos.
Sin duda, un autor al que leer y del que empaparse en sus facetas humanistas. Y a Fernando Gil Villa, quien con su publicación y sus puntos de vista cuando habla, demuestra ser sensible hacia esa parcela humana que tanto ensalza la felicidad profunda, dure lo que dure.

miércoles, 7 de octubre de 2020

Reencuentro con Marianela

Ayer reanudamos las tertulias literarias "Café Gijón" organizadas por Justo Sotelo y llevadas a cabo gracias a Peter Redwhite y su excelente manejo con las plataformas online. Fue muy ilusionante volver a ver a todos y conocer rostros y sabidurías de nuevos participantes.

Por supuesto, destacando al ponente principal:
German Gullon
, catedrático de Literatura Española con férrea presencia en las universidades de Pennsylvania, California y Ámsterdam. Escritor, profesor y crítico literario experto en Benito Pérez Galdós, de quien nos deleitó abriéndonos la mente en torno a este polifacético artista al que sólo se ha pretendido difundir como escritor, y a veces incluso injustamente sin el reconocimiento real que merece en esta faceta suya. Pero Galdós fue mucho más: pintor, músico, dramaturgo, coleccionista del arte, traductor, político y ¡hasta modelo de Sorolla! Un tipo con indudable inclinación hacia la belleza en todas sus expresiones.
A mí, personalmente, me devolvió las ganas de releer "Marianela" para dejarme redescubrir las sensaciones que recuerdo me concedió. Pero también de no dejar pasar lecturas aún sin realizar de este autor tan relevante para nuestra cultura y arte. Y cuando digo nuestra digo de nuestra especie, pues almas de este calibre no pueden verse encerradas en una nación o continente, son artistas en constante expansión.



miércoles, 24 de junio de 2020

Sol austero, tormenta hedonista


Tendemos a creer, con nuestro cerebro asociativo, que la austeridad es propia de lo material. Sin embargo, basta con profundizar un poco para aprehender la austeridad emocional: ese esfuerzo interior que tolera incomodidades que bien podrían desestabilizarnos pero que, mediante estrategias y diálogos introspectivos, nos beneficia respecto a no sentir menor calma o felicidad general ante adversidades incontrolables. Esta austeridad, más abstracta pero sin duda palpable, ejercita la disciplina de la salud mental. Saber renunciar y que ello no suponga una explosión de frustraciones, no sólo hace la travesía vital más plena sino que, además, da cabida a proyectar esas energías en otras facetas que no podrían ser atendidas bajo el yugo de la parálisis o bloqueo emocional.

Por otro lado, está la forma de vida del hedonista: ese que se focaliza en construir un entorno favorable, placentero. Su misión existencial suele interiorizarse como la intención de llegar a la plenitud mediante la confortabilidad. Como sucede en el caso de la austeridad, ambas opciones coinciden en que no se limitan a lo material. En el hedonismo sentimental la comodidad se halla en alejarse de las dificultades cuando estas hacen acto de presencia. ¿Para qué gastar energía en algo que no va con nosotros? ¿Por qué implicarse teniendo alternativas menos peligrosas para nuestra mente? En ocasiones, puede ser positivo para ejercitar distanciarse del excesivo apego hacia algo o alguien.

Fluyendo con mi criterio de la moderación, considero que el punto de encuentro medio entre estas dos vertientes empíricas es lo óptimo para aventurarse a tomar decisiones, o no tomarlas, en el amplio abanico de percepciones que nos rodean en este mundo donde, a veces, se llega a convencer que tan solo existe la realidad de nuestros ojos. Creo que en ese estado moderado es donde se puede sopesar mejor porque sería irreal decantarse tanto por la austeridad absoluta como por el hedonismo absoluto. En el primer caso, habría carencias que afectarían directamente no sólo a la calidad de vida sino, también, a la salud fisiológica (sin algo tan básico como un hogar, por ejemplo, hay bastante probabilidad de que esta se vea resentida). Respecto al segundo caso, el excesivo apego al hedonismo evitaría la posibilidad de ejercitar ese distanciamiento hacia el propio apego desmesurado.

Ni mucha austeridad para tan poco hedonismo, ni muy hedonista ignorante de los privilegios de conocer un poco de austeridad. Experimentar para filtrar y, desde ahí, la autenticidad para ser.

martes, 9 de junio de 2020

Trigésima tercera poesía


"Ruin" 

Llavero de playa con orillas montañosas,
confiésame tus emociones dislocadas.
Rompe desde la flexibilidad elástica,
llórame con esos ojos de mariposas.

Mezcla la arena aireada entre mareas,
enrevérsame decepciones indómitas.
Clava el rastrillo de la añoranza,
apelmázame con látigos en la espalda.

Ahoga las neuronas inconexas,
electrifícame sin apenas decir nada.
Huye del atisbo de toda euforia,
escápame de felicidades ingratas.

Vive sin depender de almohadas,
muéreme para alcanzar tu calma.

miércoles, 22 de abril de 2020

Maternidad simultánea

Por segundo martes consecutivo, tuve el regalo de compartir un ratito con personas afines a lo artístico. En esta ocasión, la protagonista de la tertulia fue Ana Lena Rivera.

Unificó su maternidad vital con la creativa escogiendo su embarazo como etapa en la cual planificar su andadura literaria. Aunque el proceso le enseñó que precisa paciencia y constancia, pronto se empezó a sorprender con buenos resultados en concursos y con grandes oportunidades. Gracias a referentes literarios de la infancia, tiene claro que su género literario está en torno a la intriga policíaca. Así pues, acumula ya dos títulos en lo que es su serie de libros: "Lo que callan los muertos" (2017) y "Un asesino en tu sombra" (2020).

Esta vez, entre otros, surgieron temas como si el deseo de trascendencia del escritor ha de ser, o no, motivo al que aferrarse a la hora de crear o de mantenerse en la profesión. También se dio un debate que bien podría ocupar más de una tertulia: cuál es la calidad literaria, la que logra llegar a personas que incluso no tienen el hábito de leer, o la que a priori no está tan difundida pero que se mantiene en el transcurso del tiempo por su potencia intrínseca. La presencia de las redes sociales fue otro asunto que se dejó caer entre todos nosotros. Como no podía ser de otra manera, también quisimos indagar en el proceso creativo de la autora, quien hizo hincapié en las escenas y en la habilidad para interconectarlas conformando un todo.

Fue un conector para mí el hecho de que Ana haya pasado, como un servidor, por la Escuela de Escritores de Madrid, sin duda una buenísima opción para formarse y progresar en el oficio.

Acabamos con la grata noticia de una tertulia extraordinaria para mañana como celebración del Día del Libro. ¡Doble sesión esta semana! A disfrutar aprendiendo en buena compañía.



miércoles, 15 de abril de 2020

Cruzo el umbral de las tertulias literarias del "Gran Café Gijón"

Obras de la ponente principal: Jante

Ayer pude colarme en la Tertulia Literaria "Café Gijón", en su versión virtual, para disfrutar y sentirme acogido por mentes inquietas de gran intelecto artístico, cultural y emocional. La ponente principal fue la creadora del cuadro, de la performance y del arte experimental en la naturaleza que se ve en las fotografías: Johana Roldán Lorente, alias Jante.

Con ella viajamos desde el impulso de advertir rostros rocosos en grutas y cavernas, pasando por la sensualidad naturalista de la mujer pintada en acrílico y al óleo, hasta la evolución coherente de la propia artista dejándose ser experimentando con los reflejos de fotografías improvisadas o con la reivindicación contra el maltrato a través de la performance. Su sensibilidad expresada mediante la dualidad de la luz y la oscuridad, teniendo como hilo conductor las miradas, me trasladó hacia lo más primigenio y profundo del ser humano.

Gracias a ella surgieron sanos y necesarios debates de forma esporádica como la intervención de la genética en el ámbito artístico, frente a ser artista en base a un aprendizaje y esfuerzo constante. También se divulgó la poiesis aristotélica y la mímesis como concepto estético desde el que inspirarse o desde el que interpretar una pintura o creación.

Sin duda alguna, una reunión de mucho valor en un ambiente cercano y distendido. Ya quiero más, deseando reencontrarme con ellos el próximo martes con un nuevo ponente del que absorber sabiduría y sensibilidades.

viernes, 20 de marzo de 2020

Ñ de ñaturaleza



Ñoña ñaturaleza que berrea con su llanto a la especie humana escupiéndola con esta pandemia histórica. Como una ñacanina escurridiza, culebra de pantanos paradisíacos, la propagación devora huéspedes inesperados que tan solo paseaban en su normalidad inconsciente de vida. Ahora, contagiados, penden del péndulo de la señora suerte, quien a unos otorga el privilegio de ser ñacurutús esbeltos sin percatarse siquiera de haber contraído la enfermedad y, a otros, les condena a la incertidumbre de cuán gravedad soportarán sus cuerpos relegados a ñagazas víricos. Pero no, no sois señuelos...

Tú, afectado de las consecuencias de este coronavirus, eres todo un ñandú. Un ave que ahora no puede volar, pero que va a crear velozmente defensas para sanar. Porque lo vas a hacer, ¿sabes cómo? Con sonrisas, sin rendición. En tiempos de guerras surgen soldados que jamás se planteó ningún pelotón reclutar. Puede que no te sientas tal, que te parezca ficción, pero lo estás siendo porque estás luchando sin elección. Eres una persona tan completa como cualquier otra, tu existencia es desde luego valiosa. Eres todo un dulce ñoclo: hecha de la misma base harínica que todos, con ese toque único de azúcar que te diferencia del resto, albergue de cualidades en grados sutiles de la manteca que proyectas con la que engordas a quienes te conocen, repleto de valentía con esos huevos que le echas a esta zancadilla, adictivo por ese vinito macerado en tu esencia que degusta quien se adentra en tu ser, y con esa pizca de anís que ni tú reconoces en ti por precisar aún redescubrirte. Mira dentro, hay mucho allí que te servirá de cura.

Por tu parte, naturaleza, deja de vestirte con extrañezas. Quizá esta especie nuestra se merezca tu ira, tu advertencia. Yo confío en su reinvención empática, hacia sus propios individuos y hacia ti que nos resguardas. Una vez nos creaste y eres sabia, nuestro papel aún tiene muchos puntos y aparte.

domingo, 15 de marzo de 2020

Clásicas caricaturas literarias

Mezclar humor y literatura para combatir todo esta actualidad pandémica con SONRISAS y, a su vez, no descuidar la CULTURA... ¿Cuáles son vuestras propuestas?


 

viernes, 13 de marzo de 2020

Relativizar y empatizar

HUYAMOS DE LA PEOR CARA QUE PUEDA AFLORAR COMO SERES HUMANOS.
Evitemos disputas, tengamos sentido común. He aquí un libro para relativizar toda esta realidad, pero leyéndolo desde casa. Ocupar la mente, pero con responsabilidad. Y, en este caso con la edición italiana, refrescando el idioma de nuestros vecinos de Italia cuya empatía recíproca ha de ser elevada.
ES MOMENTO DE SACAR LO MEJOR DE CADA UNO, LA INDIVIDUALIDAD HA DE SER MÁS COLECTIVA QUE NUNCA.

viernes, 6 de marzo de 2020

Orate


Me ha perseguido un coche azul cyan con matrícula capicúa. Daba vueltas a cada manzana de edificios a los que yo solicitaba auxilio. Ninguno aceptaba el papel de protector, todos permitían que ese vehículo me continuase agobiando con sus repetidas apariciones. Les grité callado que le lanzasen algún ladrillo de tantas cornisas decoradas, no se notaría demasiado y a mí me salvarían la vida. No quisieron, simplemente se quedaron observando el juego como el público de un espectáculo con esencia de gladiadores romanos. 

He ido al médico. Estoy seguro que no les importa mi existencia ni mi ausencia, soy un simple número poblacional. Sé que tengo algo, no sé el qué. No me hacen caso, se limitan a recurrir a mi historial clínico como excusa. Todo es por lo ya diagnosticado, lo demás me lo invento para llamar la atención, dicen. No se involucran, no me realizan pruebas. Me mandan para casa como un vagabundo al que nadie comprende porque no trabaja, tan solo me ignoran.

La sociedad se mueve sin mí, nunca me ha aceptado. Disimulan con sonrisas escaparate, pero ninguna me compra. Se ha empeñado en marginarme, soy demasiado débil para aportar. O, quizá, demasiado gris. No soy útil, soy una piedra humana y ni mi apariencia me concede una oportunidad. Me he acostumbrado, lo asumo sin más. Soy como el hombre o la mujer invisible, pero sin la virtud de defender de los malos a la humanidad. Invisible, ya está.

martes, 3 de marzo de 2020

Realidades indignas

Libro biográfico de una cruda realidad inconcebible, como otras tantas existentes que permanecen desapercibidas, en los tan supuestos tiempos contemporáneos que nos hallamos. Necesidad de reivindicar la libertad real para todo el mundo, independientemente de su género o condición dada al nacer, ya sea por su lugar de origen u otros factores ajenos a las decisiones y elecciones propias.


 

viernes, 28 de febrero de 2020

Nefando


Su llanto en el agua, flotando sobre la superficie del río, intentaba crear una balsa. Las ramas de piel que le sostenían tenían tanta humanidad como las que discurrían por allí tras quebrar de los árboles, algunas pasaban demasiado cerca de la criatura llena de temor. Sabía lo que iba a suceder, pero se aferraba al amor que debería ser innato. Recurrió al contacto visual penetrando su mirada con los de aquel despreciable ser monstruoso. Supo que tampoco funcionaría.
La lucha por nadar, sin haber tenido siquiera tiempo de aprender, le inundaba y salvaba con agonía por segundos. Las fuerzas pronto empezaron a flaquear y el bebé acumulaba agua en sus pulmones. La vida en él se evaporaba...

Despertó. Sudoroso y con el agua en su boca. Deseó haber vivido aquel sueño antes que ser consciente de la realidad. Nunca conoció a su madre, su amor por él hizo que, en una excursión al poco de nacer, ella perdiese la vida tras salvarle cruzando un traicionero río. Jamás lo superó, ya corría por su tercera década. El trauma era su única compañía. No sabía de su padre ni hermanos, mucho menos de sus amistades. Estaba solo. Solo en aquella cabaña al lado del río en el que perdió al nacer a su madre.

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PODER NO DEPENDE DE NUESTRA CONDICIÓN FÍSICA O DE LO QUE NOS RODEA, PODER DEPENDE DE LA DISPOSICIÓN INTERNA DE CADA UNO. Y YO, ¡PUEDO!
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