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jueves, 21 de noviembre de 2019

Ambivalente


Tu presencia distanciada es heladez cálida, un abrazo constante sin presiones corporales. Conversar contigo, entre silencios que exploran a la reflexión más despreocupada, deriva en divagar en mí mismo alejándome del yo más consciente. Un sentir sin sentido en el cual investigo recovecos desconocidos que tú bien conoces.

Eres junio invernal, calor frío bajo el soleado blanco cielo. Eres manta de manga corta arropando la sudorosa gélida piel. Eres hojas secas recién florecidas. Eres gris colorido, ánimo tenue iluminado. Eres la tristeza más alegre, la seriedad sonriente. Eres el dolor sostenido por la felicidad que te envuelve. Eres la soledad que mejor acompaña, la carencia afectiva más apegada.

Me haces ser el cobarde más valiente, el débil con la mayor fuerza existente. Potencias mis ganas en plena desidia, levantarme feroz ante cualquier zancadilla. Ser el dragón que vuela desde una silla, ser un ser que ni él mismo imagina. ¡Cuán grande será tu valía! Que hasta me cedes una inmensa parte de tu diminuta energía, la más potente jamás contraída. 

miércoles, 13 de noviembre de 2019

Café


Recuerdo los tiempos en los que el amor era cacao con leche. Esa inocente taza de desayuno de la que se bebían besos y caricias imaginadas. Cuando su sabor era tan perfecto y con la temperatura tan óptima que era imposible no sonreír con todo el rostro. Ese sentimiento ingerido impermeable para cualquier intento de toxicidad. Un trago chocolateado que al sentirlo te convencía de ser invencible, poder contra todo poder. Pero también el mayor veneno conocido, uno que brotaba por los lagrimales hasta quemarte la piel y el alma por no ser correspondido o llevarte una decepción. Tenía esa capacidad, la condenada emoción indescriptible e indescifrable era todo intensidad.

Y crecemos. Y vivimos. Y sentimos, o dejamos de sentir...

Queriendo experimentar y probar nuevos sabores, nuevas experiencias y nuevas sensaciones, caemos en el adictivo café. Ese oscuro y amargo líquido que da también nuestra madre naturaleza. Es como una nueva realidad, un nuevo plano existencial. La palabra amor sigue conteniendo cuatro letras bellas y sonoras. Sin embargo, parece que ha mutado su significado como cuando un desapercibido gusano de seda metamorfosea para volar. No se sabe si esto de beber café en lugar de cacao puede considerarse volar, todo se vuelve relativo y personalizado. Si con el cacao todos sabíamos que era dulcemente doloroso, con el café de pronto vivimos en un universo repleto de sutiles pellizcos. Hay quienes sienten un manchado como suficiente riesgo, quizá por desconfianza o autoprotección. Quienes prefieren un cortado dándolo todo, pero con un as bajo la manga. Por último, están los que se atreven a rendirse a la dosis plena de café creyendo que puede ser el cacao del adulto... hay afortunados a los que les resulta así, pero otros tantos acaban tan obsesionados en hallar el café destinado a ellos que la vida se les consume sin haberlo probado.

lunes, 4 de noviembre de 2019

Trigésima segunda poesía


"Energía fractal"

Los rayos retumban en el interior del cerebro,
relámpagos humanos recorriendo el cuerpo.
Destellos morados ramifican el buen veneno,
elixir disipado absorbido para crear nuevos.

Ruidosa nervadura principal la del corazón,
estruendo latente en el envés o parte inferior.
Retrona hacia el pecíolo vibrando como tambor,
su estípula revolotea el organismo sin contención.

Cristalizados copos de nieve los arbolados pulmones,
la pleura protectora se deshiela cuando en sí llueve.
Remos de madera congelada los bronquiolos verdes,
susurran a los creativos alveolos un verso breve.

miércoles, 30 de octubre de 2019

Ladridos



La casa de madera vieja se veía desde la lejanía iluminada por el parpadeo de lo que, seguramente, se trataría de velas. Los marcos de las ventanas se percibían de una decoración natural entre musgo invasor, roña y desgaste astillado. La baja valla que custodiaba el hogar desprendía intenciones de dejar atrapado entre sus láminas a cualquiera que osase cruzarla, quizá por alguna leyenda urbana con cierta verdad de haber sucedido algo similar en el pasado. La realidad es que los que habitaban los alrededores del lugar se desentendían de todo lo proveniente del terreno tenebroso.

Saúl, el vecino más próximo cuya actitud era de eterna prevención con todo, se quedó la noche de ese jueves sin la compañía de su mujer e hijos. Ella tenía una cena de empresa en la que se había propuesto llevar a los pequeños, llegarían por la mañana. Saúl, por su parte, vio una oportunidad para expandirse en su propia casa. Hacía tantos años que no tenía tal privilegio, que las humildes paredes de pronto se le hicieron toda una mansión. Encendió la chimenea, se sentó frente a ella sobre una alfombra de pelito color burdeos, y adoptó una postura totalmente de yoga. Mientras tanto, fuera la oscuridad plena se despistaba tan solo por aquella intermitente luminosidad encerrada.

Estar cerca del fuego empezaba a ser insuficiente, la brisa fría que entraba por la rendija abierta de la ventana provocaba que el vaho de Saúl fuese visible. Acurrucándose con sus propios brazos, se acercó a la apertura apartando previamente la cortina de encaje. A la par que se aislaba de la heladez exterior, un ladrido atrajo su mirada a la luz tenue y entrecortada de la casa a evitar. En el preciso instante que sus ojos se tornaron hacia el interior de su propiedad, se produjo un segundo ladrido que le impulsó a volver a mirar. Quiso entonces, con cierto pulso acelerado pese a permanecer en su casa, fijarse en si intuía movimiento alguno. Nada, ni una leve sombra. Los minutos que duraron tal contemplación no volvió a escucharse un solo ladrido. No hasta que se dispuso a quitar su mirada del aparente hogar inhabitado. Esta vez fueron ladridos continuos, lo fueron porque su reacción instintiva ya no fue la de volver a observar, sino que se apartó asustado tropezando con la silla de madera que tenía detrás y dejando a la cortina hacer su labor de opacidad visual. Los golpes en su pecho se incrementaron y lo devolvieron a su alfombra. Se propuso dejarlo estar, en algún momento cesarían los ladridos. No fue así, pero él tenía la sensación de poder acabar con tal molesto ruido. Sólo tendría que volver a mirar. Se acercó a la cortina, los ladridos persistían. Su mano, lentamente, cogía el borde de la cortina. Dudoso, envuelto en pánico, pensó por última vez si no sería mejor opción seguir escuchando aquellos ladridos. Lo habría sido... Cuando deslizó la cortina y se reflejó en sus ojos la casa, la ausencia de aquellos ladridos le paralizó por completo durante toda una hora. Las piernas empezaban a flojear y quiso comprobar si, sin desviar la mirada, el moverse intervendría de algún modo. No pasó nada, sus ojos seguían allí clavados. A tientas, arrastró la silla que tenía a sus espaldas y, rotándola, pudo sentarse convirtiéndose en la estática imagen de un anciano aferrado al cristal desde el que ver la vida pasar. El cansancio, la noche oscura, el ambiente ya cálido del hogar y, sobre todo, la ausencia de ruidos, hizo mella en Saúl aportando peso en sus párpados. Estaba apunto de pegar una primera cabezada cuando le desveló de nuevo un gruñido lejano pero intenso. Otra vez silencio.

Por la mañana, al entrar su mujer e hijos, le vieron allí sentado como si estuviese en una clase avanzada de yoga. Sobre la alfombra burdeos.

miércoles, 23 de octubre de 2019

Casi perfecta

Atrevida, da el paso hacia el mundo. Inconexa, llamada por la libertad, se proyecta atravesando las primeras capas de brisa. Empujada por el viento, vuela rápida. Es tan veloz que se cuela entre las partículas de dos pequeños vidrios. Adjudicándose la solidez, continúa su vuelo hasta un mármol frío. Jamás se deshidrata, pero ella anda y anda. Transforma la frialdad en calidez, varía su temperatura a sus anchas. Se divide y se unifica, es sencillez y complejidad. Su astucia en alerta, su calma en un infinito letargo. Activa, sigue volando. Sube una azul montaña nevada, incansable. No se escurre, pisa con firmeza. En la cima, vanidosa, no cesa su descabellado ritmo. Como una partitura melódica confusa, es guitarra, tambores y piano. Salta y brinca hasta atrapar un árbol. Se desliza suave, por las hojas, bebiendo de ellas sin sentir sed. Baila dibujando acrobacias en el aire, brilla a tal grado que nadie logra captarla. Descansa humilde en un tejado, lo hace por experimentarlo. Escala por una antena, para ella es fácil modificar su tamaño. Igual que es punto también es mundo, así alcanza el más inabordable espacio. Sin embargo, sí tiene limitaciones: no conoce lo que nunca fue visto. Por ello, ahora sólo llega al blanco cielo. Por esto, como la mayoría, lo sideral es para ella desconocido.
Así es una mirada, así fue esa mirada.

martes, 15 de octubre de 2019

Tic-Tac


Tedioso sonido, amarga sensación al escucharlo. Rebotando entre las paredes de mi oscuro cuarto, vibrando con sus ondas como un dardo clavado. Maldigo ese ruido endemoniado, me enredo en mí mismo para callarlo. Es inútil, me invade por todos lados. Me ha poseído, parece sonar desde el mismo cerebro. El cráneo se ha convertido en la cúpula protectora, las neuronas en el resorte que se divierte sonando. Deseo llegar a su péndulo, me convenzo en que he de hacerlo. La constancia produce un estresante estado, la rabia me rinde a hacerme daño. Me araño los ojos, hurgo en las profundas cavidades nasales. Quiero tocar las manecillas, necesito arrancarlas con mis manos. Me miro al espejo, me observo sangrado. Herido, reflexionando, me pregunto cómo la ausencia cala en mí tanto. Me doy cuenta, tras mi reflejo, de lo que pasado: el reloj se ha parado.

miércoles, 2 de octubre de 2019

Lucha y Supervivencia



Qué bello es octubre soleado, más hermoso resulta descubriendo lo inesperado. Un graffiti, una pintura cerca de un tejado. Esto es pasear por Madrid sin prisa, con los ojos destapados. Trasladando al ser hacia lo más primitivo, regresando a tiempos para algunos olvidados. Ciclo de la vida es vivir luchando, sobrevivir con astucia o morir acribillado. Un jamelgo siendo acorralado, en peligro su elegancia por las fauces de su propio villano. Imagina su destino, cabalgando libre o siendo devorado. A mí, desde luego, su compañía me ha brindado, a galope hasta casa vivos hemos llegado.

lunes, 30 de septiembre de 2019

El Contemplador


En una tarde soleada donde los rayos acariciaban el rostro de Gael, éste permitía dejarse poseer por la actitud más aventurera en la que renacía la parte de sí cuya disposición no era otra que la de deambular dejándose ser el receptor más absoluto de la vida a través de cada uno de sus cinco sentidos.

Al salir del portal de su casa su diafragma se contrajo, para relajarse plácidamente después, gracias a la respiración profunda que acompañaba su cerrar de ojos más instintivo por la libertad que tanto valor le daba al contacto con la calle. Podía ser consciente perfectamente del recorrido que realizaba el oxígeno en su organismo, inundando sus pulmones para sumergirse en sus conductos sanguíneos otorgando a todo su cuerpo un porcentaje del mismo. El instante previo más inmediato a abrir los ojos y ponerse en marcha, los músculos de su cara le concedieron la sonrisa cerrada pero amplia como premio corpóreo tras sentir el oxigenar de su cerebro. Cuando esto sucedía en Gael una certeza se formaba en él: no sabía lo que le deparaban los próximos minutos, ni siquiera hacia dónde se dirigiría, pero era obvia la sensación de calma y seguridad sobre sí mismo.

Justo antes de iniciar a deslizarse sin rumbo, no se olvidaba de saludar con la mirada y una medio sonrisa ladeada al robusto árbol que salvaguardaba con su altura desde tiempos inmemoriales las ventanas de su hogar. Con sus hojas repletas de vértices y del color del cobre mezclado con el verde esmeralda brillando con el reflejo del sol, aquel imponente ser estático le parecía entregar un buen paseo aleteando sus ramas con el consecuente movimiento de aquellas hojas picudas como si innumerables manos le saludaran.

Miraba la textura de los diferentes suelos urbanos, pero también de los más naturales terrenos. Sin embargo, un pensamiento le arrasó abruptamente y Gael, sin poner limitaciones a todo lo que en sí se solicitaba, accedía a no mirar esta vez por debajo de la línea invisible que dibujaba la altura a la que se encontraban sus ojos. Supo que aquello le había surgido por algún artículo leído en el que se transmitía que mirar hacia abajo denota cuanto menos reflexión o desánimo, mientras que hacerlo con tendencia hacia el cielo solía ser signo de positivismo y seguridad. No obstante, Gael no se caracterizaba por una personalidad altiva y eso lo sabía bien, por lo que, aunque cumpliría tal propuesta personal, en su interior era sabedor de que su mirada se sostendría más cerca de la línea que de la inmensidad celestial. Del mismo modo, se conocía más que suficiente como para reconocerse no poder escapar de la magia que hallaba en aquel mar de nubes, por lo que estaba asegurado el vaivén de sus ojos y cuello. 

Durante el transcurso de su paseo, la primera persona que llamó su atención como para ralentizar su ritmo fue un menesteroso al que solían llamar por las calles el indigente del carro. Era verdad que aquel carrito de la compra había desarrollado la capacidad de hablar para rogar un arreglo y un necesario aseo. Pero también le agradecía con emoción a su dueño el permanecer a su lado sin ser despreciado por sus apariencias, aunque bien es cierto que éste no podría reprochárselas si observaba sus vestiduras. La varillas del bolso con ruedas podían pinchar a cualquiera que le rozase por estar fuera de su lugar. A Gael le poseyó una escena violenta en la que el encorvado hombre precisaba defensa y usaba a su amigo incansable ensangrentando la peligrosa varilla. Gael se dio cuenta que no quería nada desagradable en su mente y pronto transformó la sangre en el zumo de una sandía que se le habría escurrido al hombre bañando por completo a su acompañante eterno. Quizá no era un baño, quizá era un trago callejero. Quizá, mientras el hombre bebía de la botella que sujetaba en su mano izquierda, el carro parlanchín bebía el néctar de la sandía recaudando vitaminas que le ayudasen a seguir con vida al lado del barbudo. 

Más adelante, cerca de una especie de estanque con su propia fuente escupiendo a las estrellas, Gael retuvo el jugar de unos ancianos a la petanca. ¿Que la vida se apaga cuando se acerca la vejez? Quien dijese eso no había visto en sus días el movimiento de caderas tan ligero, que superaban de largo el medio siglo, para recoger las bolas del suelo como el viento hace levitar el polvo en el ambiente. Los brazos de aquellos ancianos rotaban y se balanceaban con la misma facilidad que un columpio mece a un niño. Hablando de niños, no muy lejos de aquellas olímpicas personas canosas, se vislumbraba el contraste materializado del tiempo: por un lado estos activos abuelos y, a escasos metros, lo que serían algunos de los nietos empeñados en ensuciarse entre risas y alboroto.

Cuando, sin darse cuenta, Gael se vio acercándose de nuevo a la realidad de su casa, se cruzaba a su lado una muchacha joven, con el pelo rizado y de piel mulata, esbozando una sonrisa tras mantenerle la mirada durante los segundos congelados que alteraron el ritmo cardíaco de su corazón. No quiso girar su cuello, no supo si ella lo habría hecho, en lugar de eso le siguió la mirada pasando de normal a con el rabillo del ojo. Se habían saludado con una tímida reverencia girando el cuello sutilmente, ello produjo la sonrisa cómplice que ambos se regalaron.

Los ladrillos rojizos de su edificio, algunos con su nombre escrito en ellos, recibieron al intrépido contemplador de submundos mientras él cruzaba el umbral de su fortaleza contemporánea dispuesto a afrontar rutinas demasiado densas en ocasiones. Una densidad que se había derretido un poco gracias al recurso de la contemplación.

viernes, 15 de marzo de 2019

Microrrelato erótico (XVI)




Tus dedos fijaron la mirada en el olor de mi piel. Los míos, al entrelazarse con los tuyos, enviaron un pelotón de heraldos para solicitar permiso que concediese clavar las uñas en más zonas de tu arenosa y fina dermis. La rojez en nuestros cuerpos excitaban a la excitación respirada. La cristalina agua brotada por tus poros se bebían mis ansias de hacerte sudar. Y en el frenesí de mi arrogancia, un quejido robado jadeaba desde el alma un vicioso pero tierno orgasmo que creó mi adicción a ti para siempre.

martes, 19 de febrero de 2019

Aspirar

Huelo el aceite quemado fundiéndose con la cena y adivino de inmediato de lo que se trata, una comida típica de la dieta mediterránea en los hogares y casa más mundanas. Vivo con intensidad este preciso instante; es un privilegio oler, salivar y degustar disfrutando tan solo con el placer del sentido olfativo. Me abstraigo de las imágenes tras cerrar los ojos flotando en tal experiencia, la ausencia de visión incrementa de los olores sutilezas. El oído me transporta al burbujeo de la salsa que en el fuego canturrea, sinfonía perfecta acompañando a la nasal certeza. Inmerso en la sublime cata de partículas en el aire, toda sensación de texturas desaparece de mi mente. Sin embargo, en la vida plenitud total pocas veces se adquiere y el oído aferrado al olfato interfiere. 

lunes, 18 de febrero de 2019

Suicida inmortal

Frondosa mirada enmudecida por las lágrimas, recoge su alma en el baúl de la recóndita esencia que aún no completa su interior. Sola frente a un universo introspectivo que le provoca sentirse sola hasta por su propia soledad. Un bucle en el que ha permanecido y parece ya confortable por la ausencia de anhelos, objetivos y lazos. Su vida es un juego eterno en el cual siempre pierde y ese es su premio con el que se regocija para continuar perdiendo. A veces la pérdida le sabe a poco y degusta con esmero el placer de hacerse sufrir, así se incrementa el sentimiento que le desespera por no ser nunca pleno de dolor. La nada y la muerte le dan la espalda de tan enrevesada y oscura creación. Una existencia con morfología humana tan solo en exterior. 




sábado, 13 de octubre de 2018

Bien ser

"No soy lo que pienso, sino lo que siento. En suma, consumo mayor energía para bien sentir que para bien pensar".
 Abel Jara Romero

domingo, 16 de septiembre de 2018

Trigésima primera poesía


"En vilo"

El sabor de una flor marchita,
la fragancia del sudor de su piel.
Una melodía distorsionada grita:
no me toques y te dejaré ver.

El miedo en su vertiente más gélida,
la incertidumbre del no saber.
Un retortijón en el estómago atisba:
la silueta del esperado ser.

El corazón en taquicardia,
un alma relegada a comprender.
¿Qué ocurre ante una circunstancia
donde hay tanto que perder?




lunes, 13 de agosto de 2018

Relatos de amor (I)



La llave acuosa


     El agua de su sonrisa emanaba empatía fluyendo hasta las corrientes de mi río interno. Su cuerpo reaccionaba, contra todo pronóstico, ante mi presencia absurda. Sin saber cómo reaccionar ni qué hacer, cerré los ojos y respiré profundamente mientras escuchaba el vaivén de su pelo al viento. El tacto de sus manos se fundió con mi rostro y, en un intento de mezclarme con el sabor de sus labios, éstos juguetearon con mis comisuras. Un leve distanciamiento conectaba entonces a nuestra desnudez visual. Durante esos minutos, con la mayor intensidad y sensualidad que había vivido nunca, la realidad dejó de existir para dejar paso a la utopía más perfecta jamás imaginada. Sabía que pronto tendría que cruzar de nuevo el umbral del universo de las barreras, pero me propuse alargar ese regalo todo lo que ella me permitiese. No pensaba apartar la mirada, cada vez ahondaba más en su alma. Una lágrima se bebió una línea hermosa de su cara y sentí agarrar con fuerza la llave hacia el núcleo de su ser. Nunca había entrado tanto en alguien, nunca nadie se había entregado tanto a mí.

     Ayer volví a verle, tan luminosa con su caminar y su contoneo natural. Buscaba otra excursión hacia nuestro mundo único, perseguí su mirada sin cesar. Ignorante de los recursos de la seducción y el coqueteo, tardé en percibir que esta vez la magia creaba sus portales a través de la risa. Lo más tonto le hacía gracia, cualquier gesto reinventaba sonrisas. Qué sonido más bello el de su carcajada, qué melodía tan linda la de sus ojos achinándose componiendo una concordancia divina en su semblante. Mientras creábamos más motivos para reír, intentaba disparar mi carrete fotográfico interno para conservar la interminable colección de formaciones en su reflejo corpóreo del alma. Pero allí brotó de nuevo desvaneciendo a mi fotógrafo mental, su ojo izquierdo derramaba el cristal salado irradiando una brillantez acorde a su buen estado de humor. Mediante la risa también me colaba en el epicentro de su esencia. No me hacía falta reconstruir al fotógrafo, sólo necesitaba disfrutar y cuidar ese viaje a nuestra burbuja.

     Me marcaron tanto aquellas dos citas, que en sueños tuvimos una tercera. En un abrazo furtivo, donde lo emotivo y físico parecía que iba a ser la clave, un susurro me produjo el escalofrío más maravilloso jamás sentido. Como no podía ser de otro modo, me volvió a sorprender. Cuando parecía que el método era la búsqueda del recurso adecuado para abrir la puerta de su cerradura mediante la caída de una lágrima suya y que ésta nos transportase a nuestro vínculo, de pronto las tornas cambiaron. Con aquel cosquilleo recorriendo mi columna vertebral y sintiendo su aliento en mi oído, un sentimiento imposible de describir desbarató mi raciocinio siendo devorado por las emociones que tomaban el mando de mi ser. Una gota de mi ojo se escapó a su cuello. Esta vez fue ella quien luchó por no salir de allí, fue ella quien hizo que me estremeciese cada segundo para descubrir cada recoveco de ese otro lugar nuestro alejado de lo existencial.
Cuando desperté y miré el móvil para ver la hora, tenía un mensaje suyo diciéndome que acababa de soñar conmigo.

martes, 24 de abril de 2018

Autolealtad



Ven, te lo mostraré...

Ahí estás tú, improvisando sonidos y aspavientos para comunicarte, con tu humilde ropaje adquirido en la última caza. No te importaba el pelo largo, la apariencia desaliñada, el olor que desprendías, ni la cueva en la que más tiempo habitaste. Sólo luchabas por tu supervivencia, por no ser sumiso de otros grupos y por reproducirte.

Ese eras tú. En una vida anterior, en una existencia en los inicios de la humanidad. Creando tus propias sutilezas, las que distinguirían tu descendencia de las demás. Diferencias como la de no matar esa leona que un día te atacó, pese a tener la clara oportunidad de vengarte por ti o por los que te arrebató. O como la de conseguir una pareja salvándole del grupo dictador en el que se encontraba, en lugar de optar por la facilidad de usar tu fuerza para someter a alguna mujer de tu colectivo como veías que se hacía a tu alrededor.

Hoy, en tu vida actual, en la que he venido a visitarte, tienes como en cada existencia la oportunidad de cambiar los valores en tu línea generacional. Todo se ha vuelto más complejo, más enrevesado y oculto, menos intuitivo. La supervivencia se ha traducido en hallar el modo de tener dinero y recursos, la sumisión contemporánea es la obligación de escalar lo máximo posible en la pirámide social, y la suerte de reproducirse se da si te conformas o si te rindes a la superficialidad. Yo ya te he mostrado el principio de tu recorrido, en el instante de tu transición hacia la siguiente vida se determinará según tus elecciones desde este momento cuáles van a ser las enseñanzas que se te otorgarán durante la misma. ¡Nos vemos!


Aquí estás, como te advertí. No me arrepiento de elegirte aquel día, pues reconduciste tu alma hasta el punto de aleccionarme. Desde entonces he sido yo el aprendiz: has transformado la supervivencia material en la calma de tu hogar, tanto física como interna; has sabido escabullirte de la sumisión con la libertad del buen hacer, sin mirar a quién o a qué; y lo más admirable bajo mi percepción, has podido abrazar el amor sincero, sin conformarte ni rendirte a lo superficial, gracias a la paciencia y a creer en la existencia de ese alguien para ti que cualquiera interiorizaría como utópico.

Has creado una nueva realidad, una existencia donde cabe la esperanza en la evolución humana. No sé si es turno para ti de un respiro en esta vida que se te avecina, ni sé cuán arduo será tu sendero, pero sí sé que quiero estar atento. Si te pierdes de nuevo, no dudes que volveré a mostrarte que tú eres tu propio guía.
PODER NO DEPENDE DE NUESTRA CONDICIÓN FÍSICA O DE LO QUE NOS RODEA, PODER DEPENDE DE LA DISPOSICIÓN INTERNA DE CADA UNO. Y YO, ¡PUEDO!
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