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miércoles, 26 de febrero de 2025
Enfrentándome a mí mismo
El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
viernes, 31 de enero de 2025
14 años, mis sentimentaloides
El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
jueves, 29 de agosto de 2024
¡Qué grito social el de "Voces silenciadas"!
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| Mis silencios ya se oyen a voces. |
A los que nos mueve y remueve la literatura, el arte y la capacidad de crear de millones de formas y combinaciones diferentes, a veces nos cuesta hallar estímulos que tengan un plus más, o mejor una profundidad más firme que traspase al subconsciente para que realmente saciemos esas ganas de que nos hagan vibrar. Sí, este libro de dos inteligentes jóvenes decididas a autopublicar sin editorial, lo ha logrado.
Ya la obra, al abrirla, nos pone en sobreaviso de que se avecinan curvas. No es un libro más, cada página está repleta de realidad, muchas veces dura. Y no se estanca en una rama o problemática social concreta, aborda con empatía y franqueza temas muy actuales de circunstancias existenciales que conectan piel con piel, y mente con mente, tanto a cada lector con sus autoras, como a cada lector con cada lector. Es brutal el abrazo colectivo que se da en este libro a tantas personas que sin conocer, de pronto sientes conocer.
Sin hacer spoiler, diré que mi preferido, seguramente por conectar con mi actual etapa emocional, es Don't judge yourself challenge. Esa última oración de este relato es sublime. Relato, sí, porque "Voces silenciadas" conforma un total de 51 relatos alternando la autoría de ambas creadoras para llegar a su colofón final con ese último relato conjuntas.
El dinamismo que otorga un libro de relatos cortos es un gran atractivo, pero ellas lo han sabido exponenciar gracias a la conciencia real que demuestran tener del mundo que les rodea, y sobre todo de lo que cada persona puede estar afrontando en sus vidas individuales. Una madurez en chicas jóvenes muy necesaria hoy día que nos concede esperanzas de responsabilidad emocional y mental en las nuevas generaciones. La contraposición que tanto se agradece frente al narcisismo y soberbia que tanto ruido hace en nuestras sociedades actuales.
Del medio ambiente a lo patológico como la esquizofrenia, o a trastornos como la dismorfia corporal que tan en auge se ve con la integración de los mundos virtuales que parecemos no poder escapar de ellos y que tanto retroalimentan la comparación y la falta de autoestima. Autoestima, también muy presente en relatos de esta obra. Violencia sexual, asexualidad, bipolaridad, suicidio, bullying... Todo tratado con mucho conocimiento y, por encima de todo, con respeto.
Mis sinceras felicitaciones a este dúo literario por unas páginas que desprenden olor a amor por la humanidad. Y, con permiso de Naomi, felicitar a Mercè porque hoy es su cumpleaños y llevo preparando esta reseña como regalito para este día que celebra la vida de una mente inquieta para la medicina, la literatura y todo lo que ella se proponga. Que nadie haga parpadear tu luminosa sonrisa, que nada haga tambalear tus sueños. Un abrazo, chicas, gracias por este compartir almas a través de los libros.
El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
lunes, 25 de octubre de 2021
Trigésima séptima poesía
"TIMO"
(Poema inédito, por amor al organismo que me cuida y por amor a los cuerpazos que deciden leerme)
El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
sábado, 23 de octubre de 2021
Trigésima sexta poesía
me ha raspado una esponja marítima,
canto a capela cada mañana una idea,
exhalo berrinches de mi verdad íntima.
Entiendo la vida como un cúmulo de parcelas,
conjunto no textil que la gente empeña
en convencerse que entienden por aferrarse a las apariencias,
¡paso de justificarme ante más caretas!
Claro que tengo conciencia de mis rarezas,
y no me refiero a las que muchos piensan,
sé cuáles son mis perseguidas certezas
necesidades no cubiertas que me aterran.
El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
viernes, 10 de septiembre de 2021
LANZAMIENTO DEL POEMARIO EN LA FERIA DEL LIBRO MADRID
El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
lunes, 29 de marzo de 2021
Domingo de sedentarismo liberador
Una tarde sentado, como siempre. Sin mi silla de ruedas eléctrica, como casi nunca. En una silla común, al sol, con el brazo apoyado en la mesa.
Para ti, que lees esto, quizá no sea nada reseñable. Para ti, que también lees esto, sí lo es porque entiendes mi liberación y sentimiento de rozar equidad.
¿Una sonrisa preciosa? No lo sé y me dio igual. Fue una sonrisa de un momento de ascensión emocional.
Reflexioné y me adentré en mi yo de escritor comprobando qué me contaba mientras no se sentía en la rutinaria sensación de estar adherido a esa silla de ruedas eléctrica. Que estoy muy agradecido de tenerla, eh, hay quienes anhelan una para poder desplazarse y evitar estar encamado. Soy un afortunado, desde luego. Pero, ¿cuán alta es mi fortuna si sentarme en una silla normal me inyecta felicidad pese a estar muy incómodo e incluso dolorido? También me da igual, no voy a centrarme en esto. He disfrutado y vivido ese momento, eso es lo realmente valioso.
Te miro, futuro. No sé si te tendré o cuánto de ti viviré. Pero proyecto en ti un yo más libre donde no necesite rozar sensaciones de equidad social, independientemente de que ello gire en torno a una silla de ruedas eléctrica o no, por tener como hoy momentos puntuales de 'yo también puedo'.
Te miro de frente. Con el pelo largo y con rizos o con el pelo corto de punta. Con gafas de pasta, metálicas o sin. Te miro con mis ojos, te miro con mi mente. No me sentaré, futuro, ni en mi silla ni en una silla común. Me sentaré en ti: sobre la arena, sobre el césped, sobre rocas, sobre suelos, sobre piernas, sobre caderas, sobre todo y sobre nada. Porque ya no me sentaré más pudiendo no sentarme.
Prepárate futuro, porque la vamos a liar gorda juntos siendo aliados.
El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
viernes, 5 de marzo de 2021
Cuando se auna el sentimiento de extranjería con la heroicidad constante de las lacras cotidianas
El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
jueves, 4 de febrero de 2021
¿Aprobado o corremos un tupido velo?
El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
lunes, 1 de febrero de 2021
Maximizar mi lado creativo
Hoy me siento especialmente motivado por lo que me deparan los próximos meses con el lanzamiento del poemario "La subversión de los vientos: cuarto de siglo".
El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
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