Todo inicia con un lienzo en blanco. Los actores van pintando a capas un colorido cuadro y el tiempo va transcurriendo hasta preguntarte cuándo empezará la obra. Pero nada más lejos de lo obvio, ya empezó, pero de un modo muy entretenido están relajando nuestro estado emocional, nos están bajando el estado de frenesí tan habitual hoy día. Nos están preparando para una buena sesión de estímulos visuales, cómicos, culturales y auditivos.
Entonces llega una enorme cabeza cuyos ojos y boca se mueven, además de otras capacidades sorpresa. Con todo a oscuras, capta toda nuestra atención con información actual, comedia y su grave voz tenebrosa. Previo a ello, nos deleitan con referencias a la RAE y a conflictos mediáticos en torno a esta organización de nuestra lengua. El público se rinde al unísono en carcajadas. Es agradable ser testigo de cómo en masa se capta un humor cuyas referencias intelectuales se ha de estar al día para dar resultado el objetivo de la risa. Es un instante donde, si se tiene consciencia, se contempla cómo puede despertarse otro tipo de lenguaje, de vinculación. Un momento en el cual se da uno cuenta si se quiere que no tenemos vidas tan dispares, pues todos estamos comprendiendo unas bromas que precisan similares intereses, aficiones y fuentes de información muy entrelazadas entre sí.
A continuación, la obra simula un museo donde un desnudo integral en vivo, unido a parodias sobre lo morboso que es el ser humano frente a la contemplación de una supuesta obra artística, deshace de nuevo al público en carcajadas. En ese mismo museo, también se experimenta una danza irónica con la ausencia de movimiento. En contraposición, sí nos estimula un telar gigante movido por chorros de aire y por personas en otra supuesta sala de ese museo.
Como bien avisan en la información de la obra, no es nada apta para personas que hayan sufrido o puedan sufrir epilepsias o episodios de convulsiones, pues durante toda la obra se usan efectos de iluminación estroboscópicos y elevados volúmenes sonoros. Por desgracia, son imprescindibles en la obra para conseguir en los espectadores los estados mentales objetivo, esa montaña rusa de estimulación sensorial.
Gracias a estas técnicas y a una pizca de esfuerzo del espectador, logran que cada uno podamos, por ejemplo, realizar un ejercicio de introspección y recorrido vital. Una muestra de ello en la obra, es una película que no existe cuya imágenes logran despertar recuerdos del subconsciente o de alto contenido emocional. Mezclado con esa obsesión por tenerte incómodo para captar constantemente la atención hablando al público siempre de espaldas o con escenas como el abrazar una bolsa de basura llena. Entre tanto, también se saca a relucir la basura social de la globalización, haciendo alusión a gobiernos, poderes, y a memoria histórica como el holocausto.
Como no podía ser de otro modo, la obra va acabando con la mirilla puesta en lo que nos deparará el futuro si seguimos integrando adicciones, siendo cada vez más robotizados y deshumanizándonos sin remedio como está sucediendo por la ausencia de responsabilidad, del don del esfuerzo y de la capacidad para entender las lecciones que nos va poniendo la vida.
LEXIKON es de esas obras que se adhieren a tu cerebro por la cantidad de información, recepción de estímulos y por ser digna de análisis. Habla de quiénes somos, cómo nos educa la lengua que usamos y el cómo la usamos, cómo interviene el pasado en el presente y futuro, cómo nos puede modificar la atención la provocación o el manejar nuestros sentidos... En definitiva, replantea qué queremos ser y si nos gusta realmente quiénes somos en el ahora.








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Abel Jara Romero