viernes, 15 de marzo de 2019

Microrrelato erótico (XVI)




Tus dedos fijaron la mirada en el olor de mi piel. Los míos, al entrelazarse con los tuyos, enviaron un pelotón de heraldos para solicitar permiso que concediese clavar las uñas en más zonas de tu arenosa y fina dermis. La rojez en nuestros cuerpos excitaban a la excitación respirada. La cristalina agua brotada por tus poros se bebían mis ansias de hacerte sudar. Y en el frenesí de mi arrogancia, un quejido robado jadeaba desde el alma un vicioso pero tierno orgasmo que creó mi adicción a ti para siempre.
PODER NO DEPENDE DE NUESTRA CONDICIÓN FÍSICA O DE LO QUE NOS RODEA, PODER DEPENDE DE LA DISPOSICIÓN INTERNA DE CADA UNO. Y YO, ¡PUEDO!
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