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martes, 4 de noviembre de 2025
Virina
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Abel Jara Romero
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14:44
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El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
domingo, 19 de enero de 2025
Erótica interminable
...mi piel por la tuya arropada
entre quejidos, embestidas y sonidos,
cumplimos uno a uno nuestro sueño
de exprimirnos sin ningún pudor.
Bébeme que te bebo extasiada
enguyendo orgasmos compartidos,
sáciate hasta sentirte en un vuelo
sin miedo a desgastar este amor.
La pasión con ingenio cuidada
acaricia la libido de todo ser perdido,
los años no han de derivar en duelos
de sexo, química y reinvención.
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Abel Jara Romero
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20:00
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El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
viernes, 15 de marzo de 2019
Microrrelato erótico (XVI)
Tus dedos fijaron la mirada en el olor de mi piel. Los míos, al entrelazarse con los tuyos, enviaron un pelotón de heraldos para solicitar permiso que concediese clavar las uñas en más zonas de tu arenosa y fina dermis. La rojez en nuestros cuerpos excitaban a la excitación respirada. La cristalina agua brotada por tus poros se bebían mis ansias de hacerte sudar. Y en el frenesí de mi arrogancia, un quejido robado jadeaba desde el alma un vicioso pero tierno orgasmo que creó mi adicción a ti para siempre.
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Abel Jara Romero
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20:46
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Microrrelatos
El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
viernes, 18 de agosto de 2017
Microrrelato erótico (XV)
Aquí, rodeados de nada. Libres como nuestra desnudez, libres como los animales en su hábitat. Libres. Sin prejuicios, sin barreras, sin tiranteces, sin normas. Tú. Yo. Qué más da el dónde, el cuándo o en qué circunstancia.
Allá, ignorantes del todo. En nuestra privada sociedad de dos, en nuestro reducido círculo social. Adentrados en el aura del otro, penetrando en lo más recóndito de nuestras almas. Sin cuerpos, sin mundos físicos. Tan sólo dos esferas abstractas representantes de nuestras esencias, las únicas y auténticas identidades de nuestro ser.
En ti, alejado del mi. Porque en ti me encuentro y en el mi... en el mi tan sólo me pierdo.
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Abel Jara Romero
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20:18
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El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
domingo, 5 de junio de 2016
Microrrelato erótico (XIV)
Con la ciudad bajo mis pies, la embestía contra el ventanal de aquella suite de mi hotel favorito de la capital española. Las vistas eran hermosas, obviando las que todos hubiesen contemplado en un instante de pasión tierna. Yo no, yo sólo podía observarla a ella. A su espalda. A sus glúteos agitándose. Al reflejo de sus pechos aplastados contra el frío cristal. A su cuello forzado hacia atrás para no perderse cada uno de mis rasgos faciales al penetrarla.
Dándose la vuelta tras una sutil orden mediante unos toques en sus caderas, la senté en el filo de la infinita cama para profundizar en su ser. No quiso mirarme al principio, cuando lo hizo no pude evitar culminar por primera vez. Vaya mirada, qué ferocidad tan bien llevada al terreno más erótico-hermoso. Su lengua relamía sus dientes, exenta de cualquier halo de vergüenza ingería el manjar brotado de mi interior.
Sus senos deslizaban mi falo provocando que volviese la máxima dureza a él. Una vez conseguida su meta, me la agarró con firmeza y volví a sentir la calidez de su interior corporal. Esta vez ella llevaba el control, yo tan sólo sostenía su cintura siguiendo el ritmo que ella marcaba. Su sudor se deslizaba hasta mezclarse con el mío. Sus leves gemidos iban directos a mi oído derecho por sus intentos incontrolados de querer morderme el cuello. Las convulsiones exóticas de sus piernas mostraban el goce de haber dado con el punto adecuado para transportarla al clímax que jamás había experimentado. Ahí fue cuando le exigí mayor velocidad. Ella controlaba el volante, yo imponía las normas de tráfico. Sin poder ser consciente, sus uñas se clavaron en mi pecho y sus dientes se clavaban en mis labios. Las contracciones de sus paredes vaginales me advirtieron del buen trabajo en equipo que hacíamos.
Por un instante, una mirada mutua nos invitó al descanso. La juventud y la lujuria recaudó mayor poder en nosotros. Sus piernas se abrieron, su flexibilidad tomaba partido entonces. Sus pies rodeaban mi espalda. Con un leve empujón tras una tímida petición de permiso, me llevaba a viajar por su sabor más prohibido. Esta vez yo era el que clavaba miradas en sus ojos desde aquel lugar húmedo. Ella era el mar donde yo buceaba, yo su hambriento tiburón.
El reloj nos distrajo con su inoportuno sonido horrendo. Hacía cuatro horas y media que todo había empezado impulsivamente. No sabíamos cómo parar esa fogosidad. Todo era insaciable. Cuanto más nos dábamos, más nos queríamos dar. Los propios cuerpos nos obligaban a parar, gracias que tienen un límite. Gracias, mi amor, por exteriorizar conmigo tu sexualidad.
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Abel Jara Romero
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3:54
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No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
martes, 24 de marzo de 2015
El baile del amor
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Abel Jara Romero
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11:30
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Microrrelatos
El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
sábado, 27 de diciembre de 2014
Microrrelato erótico (XIII)
Se deshizo de la ropa, yo observaba su desnudez. Miradas envueltas en deseo y dispuestos a cubrirnos de placer. Su cuerpo se unía al mío, entrelazando las piernas. Esos suaves y ardientes labios tentaban mi cuello provocando un hormigueo por todo mi ser. Las manos creaban caricias, unas de mayor intensidad que otras presionando la piel. Los besos aceleraban su ritmo, las respiraciones también. No pensamos, sólo absorbimos el sabor de la esencia del otro.
Sus senos, objetivos de mi boca. Humedecía sus pezones, mi lengua descubría la erección de ambos. Sutiles mordiscos la estremecían, encogiendo su tronco como queriéndose esconder. Pero mi boca volvía a encontrar sus areolas. Y las volvía a besar. Y las volvía a chupar. Y las volvía a morder. Y se volvió a estremecer.
Besé de nuevo sus labios, rápido, sin control. Teníamos los ojos abiertos, la miraba con desafío. Mis dedos complacían sus pechos, aún se deslizaban con facilidad por mi saliva. Apreté hundiendo sus pezones mientras seguí besándola. Un quejido susurrado acompañó al aire que nos rodeaba. Nuestros dientes chocaron, una y otra vez. Besé su cuello, su piel se erizó. Echó la cabeza hacia tras, dejando al descubierto su garganta. La quise poseer.
Su boca viajaba por mi torso. Fue entonces cuando ella se detuvo en mis pezones, como si se tratase de una venganza por lo ocurrido instantes anteriores. Los mordisqueaba deslizándolos por su mandíbula cerrada. Sentía cierto dolor agudo, como finas agujas, pero a su vez era placentero y adictivo. No podía evitar agarrarle el pelo con fuerza como desahogo. Unos lametones acabaron con la insistencia en la misma zona, se decidió a seguir indagando entre besos dejando su huella salival. Fue así como quiso llegar a su meta, a mi dureza con vida propia. La mimó primero sacando la lengua, la sensación de ese roce mojado en aquella zona me enloqueció. El calor de su aliento me enganchó. Y el adentrarme en su boca me excitó. La ignorancia de lo que haría en cada segundo me mataba, pero tampoco podía vivir aquello sin ella. La velocidad con pequeños golpes de lengua produjo que una de mis manos sujetase su cabeza, colaborando en el ritmo. Profundizó, noté la presión.
Me agarró mientras se aseguraba una postura idónea. Volvía a introducirme en ella, esta vez atravesando otra entrada. Entrelazamos los dedos, hundiendo levemente el colchón por la fuerza realizada. Subía y bajaba de mi miembro creando movimientos irrepetibles, sus expresiones faciales era un incentivo más para potenciar el gustazo. Notaba sus contracciones internas envolviéndome. Me besó mientras metía la sexta marcha. Aproveché para estimular de nuevo sus pezones, quería llenar su cuerpo de placer, todo al mismo tiempo. Llegamos al orgasmo a la vez.
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Abel Jara Romero
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23:48
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Erótico,
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II Sentimental Christmas Week,
Navidad
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No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
miércoles, 15 de octubre de 2014
Microrrelato erótico (XII)
Protegidos por gigantescos árboles que distraían con el movimiento de sus ramas empujadas por el aire deseoso de producir acercamiento entre nosotros. Reposando sobre un banco inclinado producto de un arrebato de originalidad que se quedó en un intento creativo. Un túnel blanco formado por vigas que dejaban libre el cielo oscuro de la noche por sus espacios entre sí nos apartaron de la zona por donde paseaba la gente del barrio.
Seguros, casi a solas a plena luz de la luna. Una llamada nos interrumpía, aunque no evitó que tu mano permaneciese en el elástico de mi ropa interior. Sonriendo, mirándonos, todo era como debía ser. La magia se adueñó de la pasión de nuestros cuerpos y nos fundimos en un beso largo y descontrolado. Mi cuello advirtió tu boca y un sobresalto acompañado de la aceleración de la respiración se activó en mí mientras esnifaba tu olor a través de tu cabellera larga.
Atrevida, mi mano improvisaba el desliz por tu escote descubriendo mundos de tu ser tabúes hasta el instante. Vivas hormonas vagaban decididas a descubrir todo lo que ocultaban las prendas más escondidas. Todos los besos empujaban a cumplir cualquier deseo sin importar nada más. El rozar en zonas erógenas conducían a lo inevitable.
Pero lo inevitable, a veces, no ocurre. Entonces todo se quedó de nuevo en deseo, en miradas repletas de sentimientos indescriptibles que dicen todo aquello que no se puede expresar con palabras. Ambos supimos que lo que no sucedió acabará siendo realidad. Sin decírnoslo pero sabiéndolo, nos alejamos del deformado banco satisfechos por, simplemente, tenernos el uno al otro y no necesitar más para darnos cuenta de que cada segundo vivido con anterioridad fue perfecto tal cual. Nada sobró, nada faltó, porque estuvimos unidos a nuestro modo.
Abel Jara Romero
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Abel Jara Romero
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miércoles, 20 de agosto de 2014
Microrrelato erótico (XI)
Hartos de la monotonía, aburridos de contemplar
siempre el mismo escenario. Nuestro hogar se hacía ya pequeño para hacerlo
sintiendo esa sensación de novedad por el entorno. Ni la cocina, ni la ducha,
ni las escaleras, ni siquiera el jardín o la piscina. Todos los rincones habían
sido ya testigos de nuestros cuerpos desnudos fusionándose efusivamente.
Una idea se le ocurría entonces a la femme fatal que
tantas veces me hacía estremecer experimentando: hacerlo en su taller de
creación artística rodeados por los colores con los que daba forma a sus
tablillas en las que plasmaba su alocado interior a base de sprays.
Fue entrar a aquella nave y la lujuria se disparó.
Habíamos aguantado demasiado nuestras ganas en el trayecto hasta ese lugar.
Casi no dio tiempo a cerrar la puerta cuando nuestras manos ya recorrían los
cuerpos como si fuésemos dos locos obsesos del sexo. De un lado a otro,
besándonos, acariciándonos, apretándonos. Su espalda topó con el interruptor de
la luz y aquel espacio se dejó ver. Por fin estaba pasando de nuevo en un
entorno desconocido para ese acto.
Nassad se tropezó con su chancla y nos dejamos caer
en una de sus grandes mesas en las que trabajaba. Llevaba aún toda su ropa pero
de poco le servía. Su camiseta de tirantes azul marino con lunares blancos
dejaba sus pechos al descubierto, los tirantes casi le llegaban a los codos.
Los pezones se erguían imponiendo su presencia y yo no podía resistirme a
chuparlos, aspirarlos y pellizcarlos. Ella no se quedaba quieta, de mientras,
aprovechaba para ir arrastrando mi camiseta hasta finalmente arrebatármela. Yo
no sabía a dónde acudir, lo quería probar todo: sus pechos, su cuello, su boca…
Subía y bajaba desde su boca hasta su ombligo, la camiseta ya fue lanzada por
los aires.
Al principio ella más bien disfrutaba pero, tras
unos minutos, se fue animando también para hacer disfrutar. Su boca empezaba a
recorrerme sin rumbo, me mordía. Mis manos viajaban entonces por su espalda,
sin dejar de sentir el arqueo producido por su columna. Expandió, de pronto, su
terreno sacándome una sonrisilla. Esta vez se había deshecho ella de mi
pantalón antes que yo del suyo. Mi erección se intuía por debajo del
calzoncillo. Me tocaba inyectando presión mientras su mirada me atravesaba con
picaresca. Atravesó la frontera entre la tela y la piel e indagó a fondo
combinando con su boca alrededor del ombligo y sin quitarme aquella mirada.
La levanté enérgicamente, la puse de pie contra
aquella pared que un día decoró combinando spray verde, rosa y azul y le
desabroché la cremallera de ese pantalón rosa palo entreviendo su ropa interior
roja con transparencias. No paré de besar su cuello, su boca, su barbilla. De
mordisquearla, saborearla, probarla a la vez que mis dedos ondeaban por su
humedad como una serpiente revoloteando en la arena para adentrarse en ella. Su
cuello se ladeaba, su pelo tapaba medio rostro. Cerró la mandíbula con fuerza
revelándolo el hueso que se marcaba cerca de su oreja.
Se produjo la primera penetración, rápida y
profunda, como le gustaba. Sus uñas enrojecían mi cara. Mis puños se apretaban
contra la pared dejando su cabeza entre ambos. Era yo el que la miraba
fijamente, el que imponía. La velocidad incrementaba, los cuerpos
convulsionaban cada vez más con cada embestida. Ella gemía sin tapujos creando
un silencioso eco en el lugar. De mí surgían quejidos internos que sólo ella
podría oír, aunque allí estábamos solos.
Quiso sacarme de sí comunicándomelo con su mano. Me
sacó. Seguíamos de pie, me estimuló unos minutos pero rozando aún su cálida
zona mojada. La pulsera roja y negra que llevaba se deslizó hasta la parte más
estrecha de su muñeca debido a los movimientos, sentí su textura rígida en
varias ocasiones en mi zona sensible, después de lo vivido anteriormente lo era
más.
Sus rodillas comenzaron a deslizarse por mis
piernas, flexionándolas. Volvía a ser ella la dominante, la dueña de todo
control. Su lengua tentaba al objetivo final manteniéndose cerca pero sin siquiera
rozarlo. Aspiró a ambos creadores de espermatozoides, se recreó. No sé si me
hubiese puesto más yendo directamente a lo evidentemente estimulante, creo que
ni de lejos. Pero fue donde acabó, provocando la culminación total, el clímax.
Entonces saboreó toda mi esencia dejando escapar parte de ella y permitiendo que el
resto la recorriese por dentro.
Fue como la vuelta a la
tranquilidad, no había tensiones corporales ya en ninguno de nosotros dos.
Apagamos la luz del taller tras un último beso acompañado de
una sonrisa cómplice por ver que muchas de sus tablillas se habían hecho añicos
entre tanta euforia. La puerta se cerró.
Abel Jara Romero
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Abel Jara Romero
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22:30
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El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
jueves, 27 de marzo de 2014
Microrrelato erótico (X)

Puerta dieciocho del portal cinco. De ahí acabo de salir, de la casa de una acosadora. No ha parado hasta que lo ha conseguido. Por fin me ha enredado entre sus sábanas haciendo que la poseyera cual demonio se adentra en su víctima. Estoy cansado. Tanto que, por unos minutos, he dejado reposar mi cuerpo sobre la puerta del portal apoyando mi espalda contra ella.
A mi derecha, girando levemente mi cabeza, veo el buen bar de su barrio. Justo debajo de su casa. Aprovecharé para tomarme algo y reponerme de la sesión de sexo salvaje de hoy. Celebremos este polvo con un Martini Rosato, mi preferido. Solo, con hielo.
Mientras el camarero se decide a ponerme la dosis de alcohol que se le ha encaprichado a mi boca, voy a remojarme un poco la cara en el servicio del local. ¿Agua caliente o fría? Va, fría, que aún persiste parte del calentón. Es acordarme y mi hombría se anima. Que poder tienen algunas mujeres cuando se proponen un objetivo. No la habré rechazado veces por no llamarme especialmente nada de ella pero, nada, al final me consiguió traer a su casa. Soy débil.
El agua cae a presión tras abrir el grifo. Me agacho para abundar de agua mi cara. Mientras tengo los ojos cerrados por estar refrescándome, escucho la puerta del baño cerrarse. Vaya, con lo tranquilito que estaba yo aquí solo. Espero que no sea ningún pesado con ganas de conversar. ¡Uf! Un escalofrío me ha recorrido el cuerpo. Me río. Normal, del calentón al refresque... ¿Y ahora, qué pasa? Estos cabrones con tanto lujo y mejor bar del barrio pero no pagan la luz. Vaya, no se puede tener ni un momento de recuperación en el baño. Hago un comentario en alto con intención de que el que haya entrado me conteste. Será antipático, no se le oye ni respirar. Voy a ver si están haciendo algo para que vuelva la luz. ¡Venga ya! Me he quedado encerrado en el baño. Debe estar la puerta atascada. No creo que hayan cerrado con llave estando el tipo mudo y yo dentro. Por cierto, le pido ayuda para ver si entre ambos salimos de aquí antes de ponerme a vociferar para que venga alguien.
Empiezo a tensarme. Acabo de comprobar si el chico que ha entrado estaba bien y no hay nadie. Corro hacia la puerta atascada, veo como una especie de humo azul verdoso sale del fondo del baño como si surgiese del techo y se dirige hacia mí. ¿Qué cojones está pasando? Me fijo bien en los bordes de la puerta y fuera de estas cuatro paredes con retretes parece haber luz. El humo está frenando cerca de mí. Espera, ¡está desarrollando forma! Es la silueta de una mujer. Impactado, mi cerebro se queda bloqueado. Sólo observo, asustado. El humo ha formado tales detalles como los labios, los pezones de los senos e incluso el ombligo. No entiendo nada, ¿qué truco es este? La mujer humo o el humo mujer sigue formándose.
Esto es demasiado, cruza cualquier línea de la lógica. Me está tocando, la siento. Pero si es sólo humo, apenas he movido un brazo instintivamente y se ha deshecho para, posteriormente, formarse de nuevo. La ha tomado conmigo, sigue tocándome. Baja, lentamente, es una mujer humo muy provocativa. Me sorprende, ha sido capaz de desnudarme de cintura para abajo no teniendo apenas masa. La observo, parece que cuanto más la dejo hacer lo que le plazca más se forma, más se solidifica. Sigo preguntándome qué broma es esta y dónde está el truco, en este bar debe haber un mago estupendo y me ha debido escoger como espectáculo, sí, tiene que ser eso. ¡Oh, dios! Mi pene es rodeado por una de sus manos y lo apunta a su vientre hasta chocar contra él. Es suave, mucho más que la más fina de las sábanas pero lo noto. Su vagina está a escasos centímetros de mi miembro que permanece en movimiento contra su parte baja de la tripa. ¡Ostras! Ahora la toca, sin introducir pero la siente. Aún no se ha formado del todo, intuyo.
La mujer humo vuelve a moverse, se desvanece un poco por el movimiento. Se ha sentado en el suelo. Sonríe. Ahora juguetea con sus pies en mi erección. ¡Vaya día! Prueba primero con un pie, separando su dedo pulgar del resto, para ver si el hueco obtenido es suficiente para manejar lo que ahora es su juguete. No se conforma, utiliza ahora ambos pies. Me estimula. Cuanto más me excita, más masa corporal adquiere. Es extraño, mucho, pero quiero llegar al final de esto.
Vuelve a darme presión con una mano, alejando el juego de sus pies. Utiliza mi miembro como si fuese la mano de una persona acariciándole la cara. Finalmente, me adentro en su gélido aliento. Me chupa, rápido. Comienzan a aparecer sus facciones únicas de un rostro. Me suena, me asusta. ¡No puede ser! Es la obsesionada que acabo de tirarme en su casa.
El susto me hace perder toda excitación, me alarmo mucho. Grito, golpeo la puerta. Vuelve a desvanecerse, enfadada. La luz se enciende, si lo llego a saber me revelo antes. El humo sube hasta el techo, lo atraviesa. La puerta se desencaja.
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No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
viernes, 27 de diciembre de 2013
Microrrelato erótico (IX)
Acabo de despertar. Los ojos me lagrimean por la inmensa luz que entra por mi ventanal advirtiéndome de que es de día. Miro a mi lado. ¡No está! Es raro, le gusta ser lo primero que vea cada mañana. Es pronto, mi Tag Heuer Carrera Mercedes Benz SLR así lo indica. Vaya, a mi mente le ha costado recordar la fecha en la que me encuentro, es Papá Nöel. Tendré que ir sigilosamente hasta el gran árbol del salón que ella y yo decoramos decorándonos... fue un bonito instante. Allá voy...
No, no soy cuidadoso con las sábanas al levantarme ¿quién lo es? Las dejo caer a mis espaldas arrugaditas. Llevo mi pijama navideño porque anoche sí que me acordaba de que hoy sería el día del regordete con barba blanca. Ella dijo que me queda muy sexy, me quiere mucho. El pasillo es largo y estrecho con cuadros en una de las dos paredes, contienen momentos congelados muy legendarios para ambos. Hoy debe de ser el día de las rarezas, he llegado a la puerta del salón y está cerrada. Nunca lo está.
¡Ala! Ya me olía yo que el regalo de la vida que está a mi lado durante todo el año, sería la culpable de esos hechos tan poco comunes. Está sobre una manta roja brillante, ella brilla más. Obviamente, tumbada. Y sí, va a juego con dicha manta, de rojo. Exactamente, de Mamá Nöel. Una señorita Nöel muy sexy y provocativa, ¡cómo es...!
Se ha levantado corriendo. Creo que ha cogido algo antes de salir del salón, estaba dándome la vuelta cuando lo ha hecho. Directa a la habitación, fijo. Pero no me quejo, ¡que mejor regalo que tener a una Nöel juguetona en tu cama! Yo, por si fuera poco, la conservaré toda la eternidad.
La puerta de nuestra habitación se encuentra entreabierta, juraría haberla dejado abierta del todo. La abro. Ella parece haberse evaporado. Alguien me empuja, ella. He caído a la gran cama, testigo de noches irrepetibles. De mientras, ha aprovechado para cerrar la puerta. Ahora se apoya sobre ella, insinuándose con un bastón navideño de caramelo. Ahora sé lo que se llevó del salón. Tiene unos cuantos más colgados en el pomo interno de la puerta. Era predecible, su ropa interior también forma parte del disfraz.
Si quiere jugar, juguemos. Yo seré su reno mágico, la haré volar... Ha cambiado el bastón de caramelo por su favorito, el corporal. Si lo sé, madrugo más. ¡Uf! No sé si demostrar iniciativa o dejarla que siga, no deja milímetro sin recorrer. Se ha separado. Se quita el atuendo clavándome su mirada en la mía, ¡me va a atravesar!
Desnudos del todo. Jamás me cansaré de contemplar su cuerpo, no quiero ni necesito otro. Por supuesto, la actitud que forma su esencia no le hace sombra al exterior. Es una fusión casi perfecta. Para mí, perfecta. Ella es la dominanta, le encanta hacerme temblar. Esa sensación es lo que le hace convulsionar a ella. Más aún cuando percibe mi máximo placer, casi siempre lo logra. Su cuerpo danzando sobre mi bastón activo gracias a la roja sangre navideña que lo mantiene erecto, es un deleite para los ojos. Me podría pasar la vida entera así, no por puro placer sexual, sino por todos los sentimientos y sensaciones que nos mostramos el uno al otro en esta situación. Es tan sincero lo que sentimos los dos que el placer se incrementa por segundos.
"Ahora llega tu regalo de Mamá Nöel", escucho en un susurro que me deja atónito. ¿Acaso no me lo estaba dando ya? Entonces, noto como mi bastón es cubierto de una sustancia extraña, líquida y pegajosa. "Tus deseos, los cumple tu Nöel, te lo mereces. He traído desde la fábrica del generoso esta mágica crema que nos mantendrá enérgicos veinticuatro horas. No será toda la vida como deseas pero será más de lo que siempre creímos poder. Soy toda tuya un día entero, ¡aprovechemos!".
Abel Jara Romero.
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El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
sábado, 21 de diciembre de 2013
Microrrelato erótico (VIII)
El otro día pasé por una tienda donde vendían todo tipo de luces y artilugios lumínicos, decidí entrar a echar un vistazo. ¿Qué tendría que perder? No había ningún plan mejor para esa tarde. Al final, mira tú por dónde, me llevé un aparatejo muy curioso. Se trataba de un objeto que expulsaba luz blanca a rayas en la dirección que quisieras y de las maneras que te diese la real gana. Me llamó mucho la atención que se pudiese regular, con una especie de miniruletita, el intervalo que quisieras iluminar, por ejemplo, la mitad de una pared, la pared entera o un trocito ¡todo al gusto!
Ahora estoy en mi habitación, a oscuras. Me entretengo rayando con la lucecita objetos pequeños, medianos y grandes. ¡Es rayante! Esperad, llaman a la puerta...
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¡Oh, mierda! Siento mucho que se me hayan quedado dos teclas pulsadas. Bueno, ya está. Era mi chica, viene juguetona. Dice que quiere que relate todo lo que hacemos, esto si que no lo esperaba. No entiendo muy bien por qué, pero le pone que seáis testigos. Gracias a la tecnología, podré maniobrar y haceros llegar cada movimiento mediante la voz. Voy a dejarlo activado antes de que llegue del baño. ¿Con qué me sorprenderá esta vez? Por suerte, los gemidos no los traduce en palabras, pondrá algo así como "No le entiendo" Bueno dejo esto activo...
[Iniciando reconocimiento de voz]
[Esperando...]
¿Me escucháis? Bueno, ¿me leéis? He tenido un lapsus, por un momento, al tener que hablar, mi mente ha creído que me escuchabais. Mejor que no, ya sería el colmo. Por lo que veo, es bueno el reconocimiento de voz. Es la primera vez que lo uso. Todo lo que he dicho hasta el momento, lo ha escrito bien. ¡Bien!
[Esperando...]
No me da tregua, en cuanto dejo de hablar lo indica. Deciros que se me acaba de ocurrir una cosa para sorprenderla yo también. En efecto, el aparatito lumínico. ¡A ver qué le parece! ¡Ey, qué bueno! Si grito un poco, pone exclamaciones.
[Esperando...]
Acabo de escuchar la puerta del baño. ¿Qué modelito se habrá puesto esta vez? Ya la noto tras la puerta. Menos mal que esto no identifica su voz, sería un lío. Lo bueno de esto es que sólo relataré lo que yo quiera respecto a lo que ella me diga. Acaba de sonreír por este último comentario. Me encanta tu carcajada silenciosa, rubia. ¡Oh, no, eso también lo ha escrito! Bueno, da igual, no os asustaréis. O sí, ¿quién sabe?
[Esperando...]
Mira, cariño, me he quedado sin palabras en cuanto te has quitado ese esconde lencería de tu cuerpo. ¡Es rojo! Está muy sexy, si fuera vosotros me estaría dando golpes por no poder verla. En serio, estás preciosa. Me acaba de susurrar que no le diga cursiladas delante vuestra. ¡Otra vez esa forma de reír! ¡Ven aquí! ¡Esto se calienta, chicos! Estamos en la cama pero no sé dónde acabaremos. Cuando se pone así, no se puede saber nada con certeza. ¡El cuello no! Ahora es mi turno.
[Esperando...]
Si beso no puedo hablar, lo he intentado pero ni le ha llegado el sonido para poner que no me entiende. Segundos antes de lo del cuello, ella estaba sentada sobre mí. Yo también estaba sentado. En cuanto me ha rozado el cuello y lo ha empezado a mordisquear no me he podido resistir. Sabe mis puntos débiles. La he cogido en vilo de la cintura y la he tumbado en la cama poniéndome yo ahora sobre ella. Ese es su punto débil, ¿verdad, cuerpazo? Pierde el control cuando la domino. Empieza a pedir cosas que a veces ni creo que me pida. ¡Es tan distinta a su estado normal!
[Esperando...]
Órdenes que he tenido que cumplir. Me ha pedido que callara un momento. Aún no me ha dejado penetrarla, le encanta eso de desesperarme. De momento, nuestras lenguas son las activas. Nos hemos recorrido todo el cuerpo con ellas. ¡Todo! Me ha costado no gritar en ciertos instantes. Pero la muy malvada me pedía con su aliento en mi oreja que aguantase. ¡Por fin me lo pide! Ahora me toca ser malo yo. No pienso hacerlo, aún no. Ahora te toca a ti desesperarte. Dice que no me haga el chulo delante vuestra. Decidle la sorpresa que guardo para ella. No podéis, cierto. Acaba de poner una cara muy extraña. La he descolocado, no esperaba que yo tuviese algo preparado.
[Esperando...]
Sí, es esto. ¡Qué bueno, se ha creído que es un juguetito sexual por su forma y tamaño! Ahora verás para qué sirve. ¡Ponte ahí, de pie! ¿Ves? Estoy dibujando tu cuerpo con luz a base de rayas. ¡Sí, lo soy, soy tu genio creativo! Por eso voy a proponerte un juego. ¿Has visto cómo se utiliza no? Pues quiero que rayes con luz aquellas zonas que quieres que te vibren y yo veré cómo hacerlas vibrar. ¡Toma!
[Esperando...]
[No le entiendo]
[No le entiendo]
[Esperando...]
Sí, el primer lugar que ha iluminado ha sido sus pechos ¡y me he vuelto loco! No he podido evitar soltar algún que otro quejido como ella los llama. Tienen un sabor tan sabroso. Son adictivos. Quiero volver a saborearlos.
[Esperando...]
[No le entiendo]
[Esperando...]
Si es que son irresistibles. Pero tendré que controlarme, tu cuerpo está lleno de sabor. Así que, el ombligo. Me gusta cómo ha quedado iluminado, sí, es curioso y hermoso. Esta vez, utilizaré una combinación de mi cuerpo para que te haga vibrar. ¡Allá van dedos y lengua!
[Esperando...]
¡Eres mala! ¿Ahora el cuello? ¿Cuánto me harás esperar para el momento cumbre? ¡El soldado está ansioso! Te voy a dejar tal señal en el cuello que para la próxima no volverás a hacerme esto. Y dice que me acostumbre, manda narices.
[Esperando...]
Después de trabajarle el cuello, estoy a expensas de ver cuál es su siguiente elección. ¡Sí! ¡Ala, con tanta raya eso parece totalmente distinto! Gentecilla, vamos a sudar un rato y paso de que el dichoso reconocimiento no pare de poner no lo entiendo. Espero que lo hayáis pasado bien. Dice la del cuerpo perfecto que comentéis aquí abajo la jugada. ¡Soldado, firme y dentro! ¡Desactivar reconocimiento de voz!
[Finalizando reconocimiento de voz]
[Esperando...]
¿Me escucháis? Bueno, ¿me leéis? He tenido un lapsus, por un momento, al tener que hablar, mi mente ha creído que me escuchabais. Mejor que no, ya sería el colmo. Por lo que veo, es bueno el reconocimiento de voz. Es la primera vez que lo uso. Todo lo que he dicho hasta el momento, lo ha escrito bien. ¡Bien!
[Esperando...]
No me da tregua, en cuanto dejo de hablar lo indica. Deciros que se me acaba de ocurrir una cosa para sorprenderla yo también. En efecto, el aparatito lumínico. ¡A ver qué le parece! ¡Ey, qué bueno! Si grito un poco, pone exclamaciones.
[Esperando...]
Acabo de escuchar la puerta del baño. ¿Qué modelito se habrá puesto esta vez? Ya la noto tras la puerta. Menos mal que esto no identifica su voz, sería un lío. Lo bueno de esto es que sólo relataré lo que yo quiera respecto a lo que ella me diga. Acaba de sonreír por este último comentario. Me encanta tu carcajada silenciosa, rubia. ¡Oh, no, eso también lo ha escrito! Bueno, da igual, no os asustaréis. O sí, ¿quién sabe?
[Esperando...]
Mira, cariño, me he quedado sin palabras en cuanto te has quitado ese esconde lencería de tu cuerpo. ¡Es rojo! Está muy sexy, si fuera vosotros me estaría dando golpes por no poder verla. En serio, estás preciosa. Me acaba de susurrar que no le diga cursiladas delante vuestra. ¡Otra vez esa forma de reír! ¡Ven aquí! ¡Esto se calienta, chicos! Estamos en la cama pero no sé dónde acabaremos. Cuando se pone así, no se puede saber nada con certeza. ¡El cuello no! Ahora es mi turno.
[Esperando...]
Si beso no puedo hablar, lo he intentado pero ni le ha llegado el sonido para poner que no me entiende. Segundos antes de lo del cuello, ella estaba sentada sobre mí. Yo también estaba sentado. En cuanto me ha rozado el cuello y lo ha empezado a mordisquear no me he podido resistir. Sabe mis puntos débiles. La he cogido en vilo de la cintura y la he tumbado en la cama poniéndome yo ahora sobre ella. Ese es su punto débil, ¿verdad, cuerpazo? Pierde el control cuando la domino. Empieza a pedir cosas que a veces ni creo que me pida. ¡Es tan distinta a su estado normal!
[Esperando...]
Órdenes que he tenido que cumplir. Me ha pedido que callara un momento. Aún no me ha dejado penetrarla, le encanta eso de desesperarme. De momento, nuestras lenguas son las activas. Nos hemos recorrido todo el cuerpo con ellas. ¡Todo! Me ha costado no gritar en ciertos instantes. Pero la muy malvada me pedía con su aliento en mi oreja que aguantase. ¡Por fin me lo pide! Ahora me toca ser malo yo. No pienso hacerlo, aún no. Ahora te toca a ti desesperarte. Dice que no me haga el chulo delante vuestra. Decidle la sorpresa que guardo para ella. No podéis, cierto. Acaba de poner una cara muy extraña. La he descolocado, no esperaba que yo tuviese algo preparado.
[Esperando...]
Sí, es esto. ¡Qué bueno, se ha creído que es un juguetito sexual por su forma y tamaño! Ahora verás para qué sirve. ¡Ponte ahí, de pie! ¿Ves? Estoy dibujando tu cuerpo con luz a base de rayas. ¡Sí, lo soy, soy tu genio creativo! Por eso voy a proponerte un juego. ¿Has visto cómo se utiliza no? Pues quiero que rayes con luz aquellas zonas que quieres que te vibren y yo veré cómo hacerlas vibrar. ¡Toma!
[Esperando...]
[No le entiendo]
[No le entiendo]
[Esperando...]
Sí, el primer lugar que ha iluminado ha sido sus pechos ¡y me he vuelto loco! No he podido evitar soltar algún que otro quejido como ella los llama. Tienen un sabor tan sabroso. Son adictivos. Quiero volver a saborearlos.
[Esperando...]
[No le entiendo]
[Esperando...]
Si es que son irresistibles. Pero tendré que controlarme, tu cuerpo está lleno de sabor. Así que, el ombligo. Me gusta cómo ha quedado iluminado, sí, es curioso y hermoso. Esta vez, utilizaré una combinación de mi cuerpo para que te haga vibrar. ¡Allá van dedos y lengua!
[Esperando...]
¡Eres mala! ¿Ahora el cuello? ¿Cuánto me harás esperar para el momento cumbre? ¡El soldado está ansioso! Te voy a dejar tal señal en el cuello que para la próxima no volverás a hacerme esto. Y dice que me acostumbre, manda narices.
[Esperando...]
Después de trabajarle el cuello, estoy a expensas de ver cuál es su siguiente elección. ¡Sí! ¡Ala, con tanta raya eso parece totalmente distinto! Gentecilla, vamos a sudar un rato y paso de que el dichoso reconocimiento no pare de poner no lo entiendo. Espero que lo hayáis pasado bien. Dice la del cuerpo perfecto que comentéis aquí abajo la jugada. ¡Soldado, firme y dentro! ¡Desactivar reconocimiento de voz!
[Finalizando reconocimiento de voz]
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El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
jueves, 19 de diciembre de 2013
Microrrelato erótico (VII)
La opaca y blanca niebla me tensa por tener que caminar en estas condiciones de poca visibilidad y entre estas hierbas secas. Piso con cuidado pero con firmeza, yo siempre mantengo mi seguridad. Aquí estoy, andando sin saber rumbo a qué. Y sigo de frente, es difícil guiarse con todos los inconvenientes dichos pero me da igual, confío en mi instinto.
Han pasado catorce horas y, aunque he de reconocer que estoy algo cansado, no ceso en mi empeño de conseguir llegar a un lugar un poco más poblado. Esto parece el fin del mundo y yo el dichoso héroe que ha sobrevivido. ¿Cómo es posible que existan sitios tan remotos cubiertos de tanta soledad? Me hago muchas preguntas y converso con mi yo más misterioso y oculto. Mientras tanto, no os voy a decir más que ha sucedido un altercado con mi vestimenta. Sí, qué pasa, he perdido mi ropa. Ni siquiera tengo un triste taparrabos. ¡Qué más da! Aquí nadie me ve, estoy rodeado de plena naturaleza. ¿Sabéis lo que sigo manteniendo? La cabeza bien alta.
Algo acaba de alterar mi ser. Creo haber visto a alguien. Por primera vez, dejo de ir en línea recta y abuso de la niebla existente para ir por detrás de la chica que creo que hay sentada sobre un tronco. Sí, lo confirmo, así es. Pero, ¿es una coincidencia que ella tampoco lleve ropa? ¿Le habrá pasado lo mismo que a mí? ¿Cuánto llevará ahí? De nuevo converso conmigo mismo.
No me lo pienso, no tengo de qué avergonzarme. Además, mientras la rodeaba ocultándome de ella pero mirándola atentamente, una reacción fisiológica ha sido activada en mi cuerpo. Es tan perfecta... ¡Dios, el cansancio me está pasando factura! Ya está, voy a acercarme.
Su tatuaje de mariposas en el final de su espalda provoca que mi erección se mantenga, bueno, toda ella lo logra. Por cierto, un tatuaje muy propio para este entorno. Una parte de mí siente mucha intriga por la situación en sí y por lo bien que concuerda todo. Pero mi lado atrevido se impone y deja a un lado al misterio.
Ella, finalmente, percibe mi presencia y gira levemente su cuello. Mmmm... ¡tentador! No quiero que note que me atrae, tendrá que ganarme poco a poco. Si es que quiere. ¡Qué digo! Querrá. Ya me mira de frente. Ha sido rápida, pero su primera ojeada ha ido directa al músculo que su presencia ha despertado. Me desea, lo noto.
No habla, se acaba de levantar del tronco y el mío se pone alerta. Me penetra el alma con su agresiva pero caliente mirada. No entiendo nada, esto me descoloca por completo. Prefiero no pensar ¡basta de conversar con mi interior!
Me toca. La toco. La lujuria comienza. No doy más detalles, ¡pervertidos!
Han pasado catorce horas y, aunque he de reconocer que estoy algo cansado, no ceso en mi empeño de conseguir llegar a un lugar un poco más poblado. Esto parece el fin del mundo y yo el dichoso héroe que ha sobrevivido. ¿Cómo es posible que existan sitios tan remotos cubiertos de tanta soledad? Me hago muchas preguntas y converso con mi yo más misterioso y oculto. Mientras tanto, no os voy a decir más que ha sucedido un altercado con mi vestimenta. Sí, qué pasa, he perdido mi ropa. Ni siquiera tengo un triste taparrabos. ¡Qué más da! Aquí nadie me ve, estoy rodeado de plena naturaleza. ¿Sabéis lo que sigo manteniendo? La cabeza bien alta.
Algo acaba de alterar mi ser. Creo haber visto a alguien. Por primera vez, dejo de ir en línea recta y abuso de la niebla existente para ir por detrás de la chica que creo que hay sentada sobre un tronco. Sí, lo confirmo, así es. Pero, ¿es una coincidencia que ella tampoco lleve ropa? ¿Le habrá pasado lo mismo que a mí? ¿Cuánto llevará ahí? De nuevo converso conmigo mismo.
No me lo pienso, no tengo de qué avergonzarme. Además, mientras la rodeaba ocultándome de ella pero mirándola atentamente, una reacción fisiológica ha sido activada en mi cuerpo. Es tan perfecta... ¡Dios, el cansancio me está pasando factura! Ya está, voy a acercarme.
Su tatuaje de mariposas en el final de su espalda provoca que mi erección se mantenga, bueno, toda ella lo logra. Por cierto, un tatuaje muy propio para este entorno. Una parte de mí siente mucha intriga por la situación en sí y por lo bien que concuerda todo. Pero mi lado atrevido se impone y deja a un lado al misterio.
Ella, finalmente, percibe mi presencia y gira levemente su cuello. Mmmm... ¡tentador! No quiero que note que me atrae, tendrá que ganarme poco a poco. Si es que quiere. ¡Qué digo! Querrá. Ya me mira de frente. Ha sido rápida, pero su primera ojeada ha ido directa al músculo que su presencia ha despertado. Me desea, lo noto.
No habla, se acaba de levantar del tronco y el mío se pone alerta. Me penetra el alma con su agresiva pero caliente mirada. No entiendo nada, esto me descoloca por completo. Prefiero no pensar ¡basta de conversar con mi interior!
Me toca. La toco. La lujuria comienza. No doy más detalles, ¡pervertidos!
Abel Jara Romero.
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El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
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jueves, 29 de agosto de 2013
Microrrelato erótico (VI)
-No tenemos mucho tiempo.
-¿Por qué?
-Pronto llegará...
-Estoy harto de que sea él el que se quede después abrazándote.
-Pronto, amor, ya lo hablamos hace poco. Disfrutemos del momento.
-A veces, siento que me utilizas.
-No digas eso, te he dicho en mil ocasiones que es complicado pero que te quiero a ti. Siempre ha sido así. Pronto serás tú quién me abrace toda la noche después de hacer el amor hasta quedarnos tísicos.
-Lo estoy deseando. Me importas demasiado y es por eso que aguanto.
-Lo sé.
-Ven aquí...
Sus cuerpos se humedecieron, sudaron, chocaron hasta fusionar sus almas. El tiempo no existía para ellos y fue el tiempo el que les pasó una mala jugada. Alguien entraba en la habitación...
-Hola, ca... ¿¿cariño??
-Te lo puedo explicar.
-¿¿Me lo puedes explicar?? ¡No hay explicación!
-Es verdad. En realidad le quiero a él, supongo que es mejor ser sincera.
-Pues si tanto le quieres no sé que coño hacías conmigo, parece que lo tienes claro.
-Su.. supongo que el miedo a abandonar la rutina y a las ventajas de la vida contigo.
-¿En serio? ¿Por dinero, por los caprichos?
-Puede ser. Suena a superficial, lo sé... quizá lo sea.
Después de aquello, el chico que se encontró con la decepción de su vida salió de la casa dando un portazo.
-¿Es cierto lo que has dicho? Creí que era porque llevabas un tiempo con él y el cariño, que no amor, te impedía encontrar el momento para dejarle y que los caprichos y su vida te daban igual.
-Y me dan, amor, me dan igual.
-Mírame a los ojos y dímelo. Me enamoré de ti por tus principios y valores y no por tu físico a pesar de estar tan buena.
-(Suspiro)
-Mira, yo estoy muy enamorado de ti pero ahora mismo tengo dudas de ti y de tu interior. Prefiero pensar, ya te llamaré mañana o cuando me aclare porque me ha chocado demasiado tu conversación con ese... Y en los momentos de calentón se descubren también ciertas cosas... Adiós.
Desde ese día, ella no volvió a saber nada de ninguno de los dos. No tendría a nadie que la abrazara. Jamás volvería a encontrar a alguien que desease quedarse con ella toda la noche para contemplarla mientras dormía.
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El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
jueves, 4 de julio de 2013
Microrrelato erótico (V)
Sus brazos empezaron a entrelazarse por mi cuerpo, su aliento chocaba contra mi cuello. Ella, detrás de mí, jugueteaba imponiendo control absoluto del momento. Me hizo estremecer al recorrer el largo de mi espalda con sus labios, respetando la línea de la columna vertebral. Al subir de nuevo, dejando notar pequeños golpes de lengua sobre mi piel, se volvió a centrar en mi cuello, en mi punto débil. Fue entonces cuando decidió que era turno de probar la parte frontal de mi cuerpo haciendo girar mi silla que provocó la caída al suelo del folio en el que estaba escribiendo lo inconfesable. Succionó mi pezón izquierdo, casi absorbiendo el propio corazón que bombearía la cantidad récord de sangre hacia el resto del organismo. Tras deslizarse hasta el ombligo, su mirada volvió a acercarse peligrosamente a la mía. Su boca y la mía volvían a encontrarse, compitiendo la una con la otra por poseer la lengua más hábil.
Su funda corporal adquiría protagonismo de aquel instante recubriendo mi estilográfica que endurecía por segundos. Las manos de ella apretaban mi cara estirándola mientras me besaba apasionadamente, sin pensar, creando improvisando. A todo esto, tanto mi estilográfica como su funda se turnaban en movimientos suaves, ella parecía estar acostumbrada a hacer círculos con su confortable funda. Sus gemidos creaban los míos, sus mordiscos daban pie a los míos y sus embestidas, sus embestidas sacaban lo más canalla de mí, la parte que ni yo mismo conocía que albergaba dentro. Me dejé llevar, me dejé llevar por mi propio instinto, por mi cuerpo que en tantos años jamás había saboreado el control.
Mi estilográfica estaba apunto de expulsar su tinta cuando sus gemidos aumentaron. Entonces sucedió, los movimientos pararon y su funda protegió bien mi estilográfica. Ambos cuerpos derrochaban calor y sudor. Sus manos se fusionaban con mi espalda y las mías con la suya. Pero las miradas, las miradas más que fusionarse, entraban hasta lo más profundo del otro. Sabíamos que soportaríamos esas sensaciones de nuevo sin previo descanso, necesitábamos hacerlo de nuevo, habíamos esperado demasiado tiempo y era momento de aprovechar nuestras energías al máximo. Y así fue, repetimos...
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El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
martes, 19 de febrero de 2013
Microrrelato erótico (IV)

Olía a tierra mojada, enseguida me percaté de que estaba lloviendo. Ella me sacaba de mi apartamento solitario para sorprenderme una vez más. Nunca sabía lo que me depararía con ella pues siempre lograba sorprenderme. Admiraba su afán de superación.
Me metió en el coche. Pero, antes de que arrancase, me colocó su camiseta enrollada en mis ojos para taparlos. No sabéis cómo me ponía esa habilidad que tenía para conseguir sacarse la camiseta sin quitarse lo de encima. Era un deleite, parecía algo muy fácil. No permitía que se viese más de lo debido, al menos, de momento...
Por el camino, yo me conformaba con mezclar el olor de aquella camiseta recubierta de su perfume corporal combinado con la fragancia del cuero que inevitablemente percibía de los asientos del coche. Era una maestra de la conducción: suave, con talento; muy propio de ella.
El estacionamiento del coche interrumpió mis ganas de palpar el cóctel completo de todos esos aromas. Pero enseguida lo agradecí pues algo mejor lo sustituyó, algo que llevaba consigo una capa de maravillosa tentación. Tras el parón del coche, sentí su aliento pegado a mi oreja. Un rayo proveniente del cielo parecía poseer todo mi cuerpo tras ese provocador gesto acompañado de unas palabras: "cuando te vibre el móvil, podrás quitarte mi camiseta de los ojos e ir en busca de mí a la casa que verás ante ti". Tenía una voz que me provocaba el cosquilleo más placentero que existiese. Tras esto, sólo oí como se cerraba la puerta del asiento del piloto ¡y qué piloto!
Un par de minutos después -y obedeciendo sin quitarme su camiseta de mis ojos- noté el vibrador de mi móvil activarse. Había llegado el momento de ver lo que me rodeaba. Todo me intrigaba pero, como os podéis imaginar, eso era lo que más me gustaba. Al descubrir mis ojos, pude ver que me encontraba en un pequeño campo. Frente a mí, una cabaña de madera que, instintivamente, me pareció el sitio más acogedor para un largo rato de locuras.
Sin entretenerme más, impaciente y no prestando demasiada atención al lugar, me dirigí a aquella puerta de madera. Pronto me arrepiento de un acto: ¿por qué tuve que llamar? ¡Era innecesario! Mi agudo oído advirtió una risa que me hizo sentirme muy pequeño pero, a la vez, me resultó muy sensual. Era un sonido precioso. Un pensamiento inoportuno me vino a la mente aconsejándome que consiguiese esa melodía para el tono del móvil.
Evacuando a aquel pensamiento, me dispuse a girar el pomo. La primera sorpresa no tardó en llegar, me había quedado con el sistema entero en la mano. En aquella puerta, ahora había un boquete bastante hermoso. Con picardía, no pude resistirme a evitar mirar por ese agujero. Además, algo me decía que eso era lo que ella estaba esperando. Pasados un par de segundos de duda, intenté averiguar sus intenciones -aunque las principales eran claras-. El boquete que había dejado era lo suficientemente grande como para que el ojo entero, e incluso la ceja, lo cubriese. Entonces, llegaba otra nueva sorpresa. ¡No la veía por ningún lado! ¿A dónde habría ido? Sólo pude visualizar un conjunto de paredes de madera desgastada. ¿Y ella? ¿Me habría hecho una jugarreta?
Ante tal confusión, susurré su nombre para no volver a meter la pata aunque quizás lo estaba deseando para escuchar de nuevo aquella risa tan particular. Tras mi llamada, un leve ¡Shh! me hizo callar. Era ella, entonces respiré aliviado y sonreí por darme cuenta de mis ocurrencias pensando que no estaría allí... Pero, ¿dónde estaba? Aquella baja expresión que hizo que no volviese a decir palabra había venido de muy cerca. Inesperadamente, un golpe -probablemente de un nudillo- chocó contra la puerta. ¡Estaba justo ahí! Tan sólo nos separaba una lámina de madera en forma de puerta.
"¿Sorprendido?" escuché. "La única que va a hablar voy a ser yo, tú limítate a seguir los pasos que te indique". Las primeras órdenes llegaban y yo, conociéndola muy bien, sabía que no me pasaría nada. Con el campo a mis espaldas teniendo como única protección el coche, hizo que introdujese mi erección por el boquete de la cerradura. Al principio, y como casi siempre, dudé pero al final no tardé en obedecer. Ahora llegaba -dicho con sus propias palabras- mi recompensa. Fue entonces cuando sentí su mano estimulándome.
A pesar de ello, yo no soportaba que aquel pedazo de madera nos tuviese divididos. Mi objetivo era ella, sin límites, sin ningún impedimento, sin nada que nos distanciase un yoctómetro. Pero ella era muy juguetona, le encantaba desesperarme. Para ir compensándome, según pasaba el tiempo sin poder tenerla al completo, iba alternando métodos para la estimulación. Sabía mover bien la lengua y hacerme llegar al placer mediante los límites del dolor sexual. Se notaba que tenía claro que no me iba el dolor más allá de lo sexualmente placentero.
Al fin y, tras una manualidad-oral insuperable, obtuve mi mayor condecoración... Su cuerpo se despegó de la puerta y ella misma la abrió con mucho mimo para que los bordes del boquete no rasparan lo que uniría nuestros cuerpos al introducirlo en ella. ¡Mi objetivo estaba logrado!
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Abel Jara Romero
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El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
domingo, 30 de diciembre de 2012
Microrrelato erótico (III)
Ella estaba tumbada, miraba con imaginación al techo. La suave y fina colcha arropaba su espalda, pues se acostó encima de ella. Permanecía con los tacones, las medias y las bragas negras, siempre llevaba ropa interior negra. Respecto a la vestimenta superior, decidió dejarse la camisa dejando entrever su sostén del mismo color. Y fue entonces, sólo entonces, cuando decidió sumergirse en su mundo de fantasía y placer.
El techo jugaba un buen papel, pues a juzgar por las horas que eran, se creaban sombras muy sugerentes en él. Gracias al aleteo que provocaba el leve viento en las prendas que tenía tendidas, el juego fue tomando una dirección muy pero que muy divertida. Eso, unido a su incesante imaginación, conllevó a un cóctel explosivo.
Se formaba sus propias historias con ayuda de aquellas sombras en movimiento. Por lo que percibí por sus expresiones faciales y sus giros de cabeza, incluso cada vez añadía más personas a ese rol descontrolado. Iba todo en aumento, pero parecía tenerlo todo esquematizado, a pesar de que ella no se movía de aquella cama, algo me decía que en su mente perversa vivía distintas situaciones, aunque todas con el mismo objetivo.
Seguía resguardada bajo la poca ropa que permanecía en su cuerpo, pero eso no era frontera para que el viaje de sus manos y dedos continuase. Inconscientemente cogió una costumbre, sí, estoy seguro, por algún estúpido motivo prefería su mano izquierda para sus senos y la derecha para su desierta vagina. Esta última mano había decidido quedarse perenne en su zona adjudicada pero la otra, la izquierda, era una mano obrera. No sólo se encargaba de los senos, aunque fuese donde más tiempo pasara, sino que también subía para acariciar el cuello o, en ocasiones, bajaba hasta el limite del ombligo. A veces, también era la mano juguetona que introducía el dedo índice y anular en su boca para humedecerlos mientras rozaba su lengua.
Ya os lo vengo diciendo, yo lo veía, lo observaba todo atentamente. Ella no lo sabía y eso en cierta medida era lo que me excitaba aunque más me excitaban otros determinados momentos, ya lo creo. Ella seguía, parecía que no iba a cesar nunca. Yo permanecía quieto, inmóvil, intentaba controlar al máximo mi respiración para que no fuese sonora. Gracias al lugar que me agencié, ella no podía verme pero yo a ella sí. El espejo de su habitación era mi aliado junto al ángulo desde que observaba, ese ángulo desde el que era capaz de visualizarla sin que ella me descubriese.
De pronto, empezó a jadear y a susurrar cosas que no pudo mi oído percibir. Sí, amigos, estaba llegando al clímax y fue cuando lo sorprendente sucedió... Me estaba sorprendiendo desde el principio con sus inesperados vaivenes que reproducían sus manos en su cuerpo, pero eso, ese momento sí que fue sorprendente e inesperado. Gritó mi nombre, sí, y no fue casualidad, no. Desde el minuto uno supo que yo me hallaba allí gracias al reflejo de la peana de la lámpara que se encontraba al filo de su mesita de noche. Yo, inocente, creí ser el listillo pero ella, astuta, lo supo todo desde que entró en la habitación. Y fue después de gritar mi nombre cuando se dirigió directamente a mí pidiéndome que saliese de mi escondrijo para revivir e incluso superar todas las sensaciones que había tenido en ese período. Sólo puedo deciros una cosa, lo visto a través del espejo fue un simple calentamiento para lo que vino después... Fue sublime.
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Abel Jara Romero
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El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
martes, 4 de diciembre de 2012
Microrrelato erótico (II)
Los labios, húmedos y cálidos, acariciaban los de su
compañero de pasiones. Ella pretendía complacerle como ninguna lo había
conseguido, quería superar cualquier expectativa. Estaba dispuesta a lo que él
le pidiese. Quería exteriorizar toda la sensualidad que una mujer como ella,
morena y con hermosura suprema, poseía. Las caricias comenzaban a bailar entre
ambos cuerpos, era un combate con final feliz.
Era tal el goce que, en ocasiones, unas sonrisas
complacientes encendían las luces del universo. Eso provocaba aún más
excitación entre ellos. Era curioso, pues cuanta más iluminación gastaban más
energía adquirían.
Eran como plena agua en proceso de evaporación, y no
por el manifiesto de sudoración, que también, sino porque el uno transformaba
al otro en seres divinos consecuentes del placer. Cualquier poder mágico o
paranormal era un nada en comparación con la fuerza y lo extrauniversal que
ellos creaban.
Abel Jara Romero.
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Abel Jara Romero
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Microrrelatos
El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
domingo, 12 de agosto de 2012
Microrrelato erótico (I)
Sus senos rozaban levemente la rigidez de aquello. Las manos, sin embargo, lo palpaban directamente con firmeza y seguridad. Sus dedos viajaban sin destino previo de arriba a abajo rodeándolo y aportándole calor. A veces, incluso se resbalaban ligeramente. Ella estaba acostumbrada a hacerlo diariamente, en ocasiones, hasta más de dos en un mismo día. Lo agitaba de un lado a otro, jugueteaba con él aprovechando que nadie la veía. Pero el clímax se producía cuando llegaba el momento de la penetración en su abertura correspondiente. Entonces, la zona más frágil era encarcelada en el lugar indicado para expulsar toda la retención de líquido que contenía. Era en ese preciso momento cuando ella más desahogo sentía, realizaba fuerza poniendo sus músculos en tensión para después dejarlos totalmente relajados.
Pero también se daban situaciones accidentales que le gustaban menos. Ella siempre ponía empeño para evitarlas pero la torpeza se manifestaba algunos días. Algunas gotas del jugo salpicaban fuera de donde nunca deberían salir. Ella se molestaba, se enfadaba y todo terminaba. Habría que esperar al día siguiente para volver a vivir aquello. Y así era, no fallaba. Al amanecer, incluso antes de desayunar, ella se disponía a agarrar de nuevo su herramienta doméstica favorita, el palo de la fregona.
Abel Jara Romero.
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Abel Jara Romero
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El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
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