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domingo, 31 de enero de 2021
Una década de sentimientos escritos
El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
jueves, 28 de enero de 2021
Un poema en concierto por el holocausto
¿REPROYECCIÓN?
Fueron los
elegidos de aquella desalmada tiranía,
infravalorados
como humanos por etiquetas genocidas.
El holocausto desgarró a tantas familias,
las que aún
recuerdan plazas manchadas de hemoglobina.
¿¡Cómo pudo empoderarse
tal grado de alexitimia!?
Cual cadena de
montaje psicópatas arrebatando vidas,
disfrutaron a
través del odio viendo asfixias por mirillas.
Crematorios
colapsados de inocencia y valentía,
evaporaron almas que por supuesto hoy no se olvidan.
No existe mayor
homenaje que la ausencia reiterativa,
nadie es tan
poderoso como para prejuzgar cada valía.
No señalen a
personas por sus apariencias desfavorecidas
ni por circunstancias
socio-económicas tan poco representativas.
La diversidad
humana como inquebrantable alianza,
discrepemos en
ideologías sin la peligrosidad de la arrogancia.
Que aquella
terrible masacre persiga a cada halo de soberbia,
actitudes de
algunos que realmente precisan ser aniquiladas.
Por vosotros, amigos de pijama, cobran fuerza estas palabras.
Abel Jara Romero
Ayer fue el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto. Por ellos, por sus familiares y porque no vuelva a suceder algo semejante, se fusionaron música y poesía.
Agradecimiento al Dúo Metha, Rocío y Jorge, por querer contar conmigo para un concierto tan necesario, emotivo y de tantísima calidad. También por la belleza con la que recitaron el poema que elaboré con todo el cariño y respeto.
Esperamos que os guste a todos y que os haga sentir.
El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
miércoles, 27 de enero de 2021
Cuidadín
Tengamos cuidado con las actitudes que aceptamos, no olvidemos las crueles masacres que se generaron en el pasado porque unos pocos psicópatas recaudasen poder creyéndose más válidos y valiosos que otras personas. No nos movamos por apariencias, no apoyemos tendencias que nos encasillen. Todos podemos sumar, todos sumamos. El ego alimenta la falsa superioridad, pero dejarse llevar por esto puede derivar en locura colectiva, pánico y cobardía.
El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
¿Un mundo de mierda? Pues me sumerjo en "El agua del buitre" y escapo
El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
miércoles, 20 de enero de 2021
Mi quedada con una chica y Angelina Gatell
Ayer tuve el privilegio de escuchar directamente a los hijos de la poeta divulgando con puro amor el arte de su madre. Uno de ellos, Eduardo Sánchez Gatell, trabajó en la Asamblea de Madrid y, que lo indicase, me hizo recordar una graciosa anécdota: un día de verano había quedado con una chica y habíamos decidido como punto de encuentro la Asamblea de Madrid. Llegué algo antes, detesto que me esperen. Uno, que es muy nervioso aunque parezca irónico por mi condición estática, suele amenizar las esperas dando vueltas por la zona mientras contemplo y reflexiono de todo y de nada. Total, que el hecho de recorrer unas cuantas veces la misma acera de la Asamblea de Madrid derivó, para mi sorpresa, en que se me acercase un guardia civil. Sé que por protocolo y seguridad cualquier cosa fuera de lo habitual tienen el deber de analizarla, pero perdonadme por estar por dentro muerto de la risa mientras respondía a todas sus preguntas. Pensé en la surrealista hipótesis de atentar yo, con mi silla de ruedas eléctrica, tal edificio. En un momento me imaginé con un artesanal armamentístico oculto en recovecos insólitos de mi descapotable eléctrico, todo ello accionándose con el botón de destrucción ubicado estratégicamente en la parte del joystick no visible... Sonrío de nuevo recordando la experiencia. ¡Pero si yo vi nacer tal edificio! Hasta tengo por algún sitio un maletín que se repartió en su apertura con una cinta VHS y folletos que pretendían transmitir su importancia para el barrio. Yo un peligro... con lo santurrón que soy.
El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
miércoles, 13 de enero de 2021
Artes psicológicas y psicologías artísticas expuestas por cuatro psicólogas con mucho arte
El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
miércoles, 6 de enero de 2021
Reyes Majísimos por adelantado, con notición ilusionante, y Reyes Magos mordiendo páginas en blanco
Sé que a estas horas ya están las redes inundadas de paquetes con envoltorios navideños, pero por aquí pasan los Reyes Magos como último destino vallecano por un trato pactado desde hace años para merendar juntos y así entretenerme con sus secretos más ocultos de esta noche ajetreada. Aunque, ¿sabéis qué? ¡Este año me han sorprendido sobre manera por adelantado!
El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
domingo, 3 de enero de 2021
Libertad individual, libertad frustrada
Ayer inicié la primera lectura del año. Se trata de un psicoanalista alemán, Erich Fromm, creador de "El miedo a la libertad" (lanzado en 1941, en EE.UU.) Ya en su prefacio pude tomar estas notas y realizar esta primera reflexión propia sobre el tema abordado.
Para potenciar la libertad positiva, mediante la intelectualidad, lo emocional y lo sensitivo, se precisa dedicación individual que tiene como consecuencia colateral la locura por carencia afectiva y social. Mi conclusión es que lo inteligente es ser moderado: sacrificar, sin llegar a su extremo, un poco de esa necesidad de interactuar con los demás para así, cuando nos permitamos dar ese paso, tener integrados unos pilares para contagiar positivamente esa libertad a la sociedad, evitando así que se produzca la peligrosidad de que sea a la inversa contaminándonos de la conformidad y de las banalidades que atrapan a las masas.
La teoría de todo esto parece razonable, incluso óptima para nuestro bienestar individual y colectivo. Pero es verdad que siempre se complica todo en un día a día en el cual manejar diferentes facetas del mundo ordinario mezclándose con el mundo interno de cada uno. Aunque siempre es un gran paso identificar para poder focalizarse.
Quizá la libertad real sea colectiva, pero esta sea muy compleja por lo diversos que somos entre sí. No obstante, igual que se percibe esa unidad inconsciente hacia el consumismo en ciertos productos concretos, lo mismo sucede en lo abstracto del ser humano. Al final perseguimos, como especie, la evolución. Y aunque ello requiera muchas veces esfuerzo, por lo general estamos dispuesto a pagar ese precio para disfrutar de sus recompensas.
No sé cuán libre soy, pues la libertad no es sólo la evidente. Sea como sea, sé que pretendo ser más libre contigo. Porque yo estoy encantado de aportarte, y te aseguro que también me muero de ganas de crecer gracias a tus cualidades y habilidades.
El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
jueves, 31 de diciembre de 2020
Lucha de voces y transición de año
Anoche estuve hablando por teléfono con una buena amiga, entre otras cosas, sobre las voces internas y los juegos que se traen entre sí marcando nuestra identidad. Me refiero a esa educación continua que cada uno se aporta a sí mismo a través del diálogo propio, con esas sutilezas del lenguaje usado que tanto repercute a su vez en cómo se moldean los pensamientos. Todo ello conforma una serie de tendencias, de inclinaciones, a la hora de cómo se manifiesta lo introspectivo en actos y decisiones más palpables por la toma de acción. El grado de desidia, por ejemplo, contra el entusiasmo de tomar la iniciativa, son cruciales en la formación de nuestro camino vital. O la duración entre tristeza y alegría. Parece que son cositas del momento de la condición humana, pero en realidad crean hábitos indicadores de cómo gestionamos el tiempo, las lecciones aprendidas e incluso el inconsciente. Cuánto me gusta indagar en el cerebro, El Quijote de toda persona...
También hablamos de música y, al colgar, escuché de nuevo "La mala costumbre" de Pastora Soler acompañada por David Bisbal. Una de mis letras favoritas del panorama musical, por su verdad y sentimiento.
Recomendando música y dejándonos siempre tocar por la emotividad, os deseo una buena salida y entrada de año. Con uvas o con aceitunas, solos o acompañados, pero con paz mental y una buena sonrisa por acordarnos de este y otros textos que, sin duda, nos unen y acercan. Por la escritura, por la palabra y por los vínculos. Chin chin. #FelizAño2021
El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
sábado, 26 de diciembre de 2020
SOL-EDAD
¿28 años mal llevados? A veces lo pienso, sí. Las circunstancias impuestas, y según qué decisiones, me han derivado en poseer una vida menos libre que la mayoría de los de mi edad. Esa es mi tormenta, aunque también soy consciente de mis soles. Algunos de ellos los encuentro en mí mismo, pero otros los descubro en personas que tengo a mi alrededor e incluso en otras que llegan para demostrarme todo lo que aún me queda por conocer de la diversidad humana.
Pese a sentirme querido realmente, pese a valorar cada palabra, gesto y acto de quienes me profesan amor, entre tantas compañías tengo grandes fragmentos de soledad. Una soledad que la mayoría de veces disfruto, desde luego, porque estoy en sincronía conmigo mismo y ello me ayuda a sentirme cómodo en mi introspección. No obstante, es ineludible la soledad fría repleta de autocrítica cruelmente dura. Sobre todo, porque si eso se da es debido a que aún me queda trabajo por realizar en cómo dirigir mi vida, mis pensamientos y mis emociones.De eso se trata la vida, de luchar contra uno mismo. La diferencia reside entre permitir que sea un combate sangriento a muerte, o un sano desencuentro que propicia un sendero evolutivo necesario para evitar estancarse. Y aunque, en ocasiones, se den los primeros por lo incontrolable que es lo venidero, intento tender a lo segundo.
El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
miércoles, 16 de diciembre de 2020
Más vidas que un gato
El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
miércoles, 2 de diciembre de 2020
Psicoanálisis literario y el efecto doppler personificado
El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
miércoles, 25 de noviembre de 2020
El lienzo en el que se me iniciaron las tertulias
Hace exactamente 21 tertulias comencé un aprendizaje cultural junto a personas de gran calidad artística y humana. Ayer pude disfrutar un ratito de quien abrió esa veda siendo la primera ponente de la que yo absorbía para ver cómo iba el cotarro. Veintiún coloquios después, la dinámica sigue manteniendo su sello: el valor del arte y la complicidad de grupo.
El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
miércoles, 18 de noviembre de 2020
Decidido: me acojo a la nacionalidad francesa materna
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| De arriba a abajo y de izquierda a derecha: Elliot Murphy, Peter Redwhite, Justo Sotelo, Silvia Ramos, Antonio Labati y Danny Faux. |
Anoche me dormí sonriendo por la ironía de tener una madre francesa, que no nos enseñó a mis hermanos y a mí el idioma, y de la quisiera acoger su nacionalidad para esto del arte ya que ayer, en las tertulias organizadas por Justo, se comparó el valor real que se la da a la cultura y a la dedicación artística en Francia con respecto a España. Y es que, al parecer, en nuestro país vecino sí se tiene en cuenta y se remunera a quienes emplean su tiempo en crear con palabras, sí se considera efectivamente un empleo. Entonces yo le pregunto, de forma distendida aunque con cierta curiosidad real, a Javier PB: ¿si mi señora madre dio de lado a su nacionalidad de origen, yo ya no huelo posibilidad de heredar esas artísticas raíces? Que yo era el que mejor pronunciaba francés de todos en clase sin haberlo oído en casa, ahí hay idioma en vena fijo 😄
El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
miércoles, 11 de noviembre de 2020
Primero el destierro, después la desazón
El barrio vallecano de la capital española es el patio en el que juego y curioseo desde niño: sus árboles me inyectan la sabiduría del tiempo; sus miradores, puentes y cuestas me acercan al cielo que me conecta con el universo; sus carriles bici me brindan el placer de sentirme un poco más libre; su gentío me interioriza lo maravillosa que es la diversidad; y mi existencia dejando rastro por sus calles es la certeza de que pertenezco a una sociedad que me aporta y a la que espero aportar. No obstante, mi alma no se limita a una región, ciudad, país o continente, pues ella pretende enriquecerse ahondando en cada ser vivo que protege nuestro hogar llamado Tierra.
No soy mi nombre, no soy mi físico, ni siquiera soy lo que creo ser. Ando buscando de puntillas descubrir quién verdaderamente soy, pero es que cada instante conforma un yo con sus sutilezas y complejidades.
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