CONTENIDO REGISTRADO

Safe Creative #1201180536801

Translate

viernes, 18 de agosto de 2017

Microrrelato erótico (XV)

Aquí, rodeados de nada. Libres como nuestra desnudez, libres como los animales en su hábitat. Libres. Sin prejuicios, sin barreras, sin tiranteces, sin normas. Tú. Yo. Qué más da el dónde, el cuándo o en qué circunstancia.
Allá, ignorantes del todo. En nuestra privada sociedad de dos, en nuestro reducido círculo social. Adentrados en el aura del otro, penetrando en lo más recóndito de nuestras almas. Sin cuerpos, sin mundos físicos. Tan sólo dos esferas abstractas representantes de nuestras esencias, las únicas y auténticas identidades de nuestro ser.
En ti, alejado del mi. Porque en ti me encuentro y en el mi... en el mi tan sólo me pierdo. 



 

sábado, 25 de marzo de 2017

Postrado

Pintando sobre un lienzo en blanco la noche más oscura del último siglo, los filamentos líquidos rojos de sus brazos simularon la lava rebosante de un volcán activo.
Se le quebró el alma al ser consciente de poder reabrir sus ojos a la vida que no le permitía escapar al descanso eterno. La frustración y la desesperación eran sentimientos agradables frente a lo que en ese instante creció en su interior. No le nació guiarse por la rabia, la rendición era tal que simplemente entendió que su mayor aliado era el tiempo. Comprendió que, aunque fuese de un modo biológico, su ser corpóreo tenía fecha de caducidad.
Se limitó a esperar. Nadie volvió a escuchar los quejidos de su voz; una taza hirviendo o un baño de hielo no alteraba la fachada de su cárcel en forma de piel; le era inexistente cualquier sonido, pues tan sólo importaba dejar de escuchar el de su propio corazón; su cerebro suprimió incluso algunas capacidades instintivas, sus ojos se percibían como cristal a punto de estallar debido al escaso parpadeo; ya no se creaban alarmas en su organismo para mantenerse activo, su estómago ya no necesitaba nutrientes.
Se anuló tanto, fue tal el vacío creado, que en la meta de su ansiado objetivo ni siquiera quedó un rescoldo de paz. Mucho menos, un atisbo de alegría.

Abel Jara Romero







martes, 21 de marzo de 2017

Vigésima octava poesía

"Elección"

Lloro sonrisas al recordar instantes,
cierro los ojos abriendo mi imaginación.
No hallo luz ante los rayos solares,
ni oscuridad frente a una constelación.

Esbozo lágrimas que ya no brotan,
afloran muecas sin gesticular.
Siembro libertad con mi escritura,
cultivo energía con mi honestidad.

Habiendo hallado desamor,
me niego a despreciar al amor.
Rendirse no es en mí resonante,
¡qué fructífero el aprendizaje constante!



martes, 3 de enero de 2017

Vigésima séptima poesía

"Arriesgar"

Un tentempié del Sol con la Luna
invita al estro a materializarse.
Un instante entre dos momentos
congela a la musa en su pleno auge.

Dos criaturas escurridizas y poderosas,
dos seres abstractos con potencial.
Ella acostumbra a relacionarse con otras musas,
él, más solitario, posee una sabiduría descomunal.

Quizá suerte, puede que simple casualidad,
este siglo les otorga el esperado encuentro.
Nadie sabe si por ello el universo colapsará,
si sale bien, una obra maestra ambos formarán.



jueves, 27 de octubre de 2016

Haiku 1

Vive, siente, fluye,
déjate ser,
sin trajes ni máscaras.


domingo, 5 de junio de 2016

Microrrelato erótico (XIV)

Con la ciudad bajo mis pies, la embestía contra el ventanal de aquella suite de mi hotel favorito de la capital española. Las vistas eran hermosas, obviando las que todos hubiesen contemplado en un instante de pasión tierna. Yo no, yo sólo podía observarla a ella. A su espalda. A sus glúteos agitándose. Al reflejo de sus pechos aplastados contra el frío cristal. A su cuello forzado hacia atrás para no perderse cada uno de mis rasgos faciales al penetrarla. 
Dándose la vuelta tras una sutil orden mediante unos toques en sus caderas, la senté en el filo de la infinita cama para profundizar en su ser. No quiso mirarme al principio, cuando lo hizo no pude evitar culminar por primera vez. Vaya mirada, qué ferocidad tan bien llevada al terreno más erótico-hermoso. Su lengua relamía sus dientes, exenta de cualquier halo de vergüenza ingería el manjar brotado de mi interior. 
Sus senos deslizaban mi falo provocando que volviese la máxima dureza a él. Una vez conseguida su meta, me la agarró con firmeza y volví a sentir la calidez de su interior corporal. Esta vez ella llevaba el control, yo tan sólo sostenía su cintura siguiendo el ritmo que ella marcaba. Su sudor se deslizaba hasta mezclarse con el mío. Sus leves gemidos iban directos a mi oído derecho por sus intentos incontrolados de querer morderme el cuello. Las convulsiones exóticas de sus piernas mostraban el goce de haber dado con el punto adecuado para transportarla al clímax que jamás había experimentado. Ahí fue cuando le exigí mayor velocidad. Ella controlaba el volante, yo imponía las normas de tráfico. Sin poder ser consciente, sus uñas se clavaron en mi pecho y sus dientes se clavaban en mis labios. Las contracciones de sus paredes vaginales me advirtieron del buen trabajo en equipo que hacíamos.
Por un instante, una mirada mutua nos invitó al descanso. La juventud y la lujuria recaudó mayor poder en nosotros. Sus piernas se abrieron, su flexibilidad tomaba partido entonces. Sus pies rodeaban mi espalda. Con un leve empujón tras una tímida petición de permiso, me llevaba a viajar por su sabor más prohibido. Esta vez yo era el que clavaba miradas en sus ojos desde aquel lugar húmedo. Ella era el mar donde yo buceaba, yo su hambriento tiburón.
El reloj nos distrajo con su inoportuno sonido horrendo. Hacía cuatro horas y media que todo había empezado impulsivamente. No sabíamos cómo parar esa fogosidad. Todo era insaciable. Cuanto más nos dábamos, más nos queríamos dar. Los propios cuerpos nos obligaban a parar, gracias que tienen un límite. Gracias, mi amor, por exteriorizar conmigo tu sexualidad.


viernes, 11 de marzo de 2016

Ensimismado

Adoro el olor particular de la cascada de tu cabellera que se balancea con el soplo del viento. Ese vaivén que fluye, desprendiendo un aroma envolvente, cuando las astillas de mis manos interrumpen mi sinfonía muda preferida. Existen muchos tipos de cascadas, unas con mayor caída que otras, pero el encanto de la tuya me eleva donde el paraíso se queda relegado a ser casi un infierno.
Estupefacción por las cuevas habitadas de tu rostro. Seres exclusivos las decoran con sus antorchas, a distinta intensidad. Mi mirada desconocía la belleza de tales formaciones exóticas salvaguardándose bajo el calor de unas cejas inquietas. Cuando echan el cierre, con sus lonas carnales, mi imaginación se deja llevar pensando en las posibles retransmisiones que estarán creando los sueños en tu oscuridad más íntima. ¿Cómo vivirás esos instantes? ¿Cómo te sentirás cuando permaneces en la transición entre realidad común y realidad personal? Ese misterio crea en mí un sin vivir por ser consciente de que jamás podré conocer ese mundo interno tuyo, incluso si te decidieses a describírmelo. Así que, entre frustración y frustración, mis pupilas se dilatan para contemplar con el máximo detalle los pliegues de esas lonas. Unas lonas que me envían señales de ese mundo tuyo, unas lonas que se mueven como si un terremoto hubiese tomado el control de tu oscuridad. Yo me inquieto entonces, deseo con lo más profundo de mi ser estar observando un mero parpadeo y que por favor no sea un acto involuntario producido por una pesadilla que te lo esté haciendo pasar mal. Cuando el sol vuelve a iluminar los filamentos de tus retinas, me rindo a la complejidad del mecanismo de esas lonas. Son incesantes, es como si quisieran arrebatarme las maravillosas vistas que esconden tras de sí. Cada pocos segundos te obligan a ocultarme el interior, cada pocos segundos tengo que reiniciar mi búsqueda en la transparencia de tus ojos.
Sobrevolar el relieve de tus labios, acercarme a ellos y configurar cada peldaño que contienen. Diferenciar la arquitectura que se adentra por la pendiente hacia tus afilados dientes, frente a la gama de tonalidades que descubre ante mí el contorno labial cuyas minuciosas capas se acaban mezclando con el color de tu rostro. Poseer el privilegio de palpar cada ápice de esa estructura tan delicada pero resistente. Acariciar tu irresistible arco de cupido cuya hermosa asignación es tan desconocida para muchos como parte de la anatomía labial. Besarte rodeando las comisuras que tanta energía me proporcionan cuando dibujan en ti una sonrisa. Recorrer su superficie una y otra vez, potencia mi felicidad y calma mis inseguridades. No los quiero lejos de mí, quiero beber tus labios todos los días.
Sonrojarte con un roce en él, en la curva que separa tu cabeza de tus hombros. Erizarte con un sutil contacto, cuanto más sutil más puntiaguda se muestra tu piel. Tentarte, permitirte un baile entre orejas mientras mis besos propician reacciones insólitas. Es el instante, el momento idóneo para traspasar la frontera. Atrás queda lo somero, ahora mis intenciones van más allá. Voy a seguir contemplando, palpando y descubriendo, pero nada físico. Deseo cada recoveco de tu corazón, de tu alma, quiero transformar en tangible aquello que en lo más profundo de tu ser parece etéreo. Gracias por darme tu consentimiento y abrir en canal tu yo más espiritual.


jueves, 11 de febrero de 2016

Vigésima sexta poesía

"Paraíso"

Oculto bajo mi sombra
sirviendo al oscuro amanecer.
Vacía mi conciencia, todo me sobra,
no puedo más que envejecer.

Sin ganas, deshecho y derrotado
siento en mis entrañas la negrura.
Mi alma desgarrada torturando
con violencia en su empuñadura.

¿Para qué permanecer aferrado
si en mi interior el universo es hostil?
El sin sentido me ha devorado,
conmigo yo ya no quiero vivir.



domingo, 31 de enero de 2016

Cinco años

"El tiempo transcurre pero los sentimientos permanecen; gracias por un período de cinco años iniciadores de una eternidad cargada de sensaciones".

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Vigésima quinta poesía

"Feliz cumpleaños, abuelo"

Un cúmulo de fotogramas con audios
descubren en mi mente de nuevo tu voz.
Una voz ronca pero suave,
una voz que anhelo, tu voz, mi Dios.

No creo en seres divinos, en la iglesia, ni en la religión.
Sí en mi estro, en mi abuelo, mi inspiración sin condición.
Tu ausencia sigue dejando un resquicio a la nostalgia,
tus recuerdos, tu sabiduría, tu personalidad llena de amor.

Te llevo conmigo, abuelo, jamás te sacaré de mí.
Tus zapatillas juveniles, tus estilográficas, tus camisas,
ya no las perciben mis ojos, pero aún las veo sobre ti.
Gracias por tu legado, tus enseñanzas, tus sonrisas.

Abel Jara Romero


martes, 30 de junio de 2015

Tu savia, mi energía

"La savia que desprende tu alma es la escuadra del ángulo más potente de mi ser".



lunes, 18 de mayo de 2015

El útimo acto

Su mirada había dejado de brillar, sus ojos ya no iluminaban el cielo cuando inclinaba la cabeza hacia él contemplándolo. La felicidad no se adquiría con aquella forma de vida, sus valores y bases como persona habían quedado expuestos ante el fracaso profundo. No sólo tuvo la certeza de que, si seguía así, jamás encontraría a la chica que anhelaba, sino que cayó en la cuenta de que ni siquiera se conocía a sí mismo. Debía hacer algo, no podía hundirse y esperar a que todo acabase cuando la muerte acechase, era lo único que tenía claro. Pero, ¿cómo cambiar? ¿Cómo conocer el sendero correcto?
En un arrebato de locura, se deshizo de todos sus contactos. No quería que ese pasado que él mismo había creado siguiese permaneciendo en su vida, sabía que el modo de mostrarse ante los demás era erróneo. Pero no fue tan fácil, su casa seguía siendo la misma y, en parte, su vida seguía estando ahí recordándole que él había conseguido eso. La soledad le acogió entre sus brazos mimándole entre lágrimas y rabia. Estaba encerrado en sí mismo, en su propia esencia despreciable. 
Se acordó de alguien, una hermosa chica con la que un día estuvo. Pero también era tarde, esa bella dama ya no le esperaba y más bien prefería olvidarle por todo lo que le produjo. Ella sí supo decidir bien alejándose de él, encontrando un verdadero amor que le hiciese feliz.
De nuevo la furia se apoderaba de él, casi era ya su única amiga íntima. Se propuso luchar por la joven, creía que era algo positivo para iniciar un cambio. Pronto se dio cuenta que sólo estaba haciendo lo de siempre, ensuciar vidas ajenas para que la suya atrayese algún halo de luz.
Llegó a una sola conclusión, había nacido para hacer daño. Y, lo más doloroso que logró asumir, fue que a sí mismo era a quien más había torturado sin poder evitarlo. Así era él en esencia, así moriría. Una esperanza le recorrió la mente entonces, una escapada para combatir a su maldad innata. Le encantaba mirar al cielo, observar la magia de un objeto lleno de personas volar. No estaba dispuesto a morir sin tener, aunque fuese unos segundos, felicidad previa durante su estancia en el mundo. No tuvo miedo, no le tembló el pulso. Con suma tranquilidad, se dispuso a saltar el barrote de su balcón. Con lo brazos abiertos y respirando profundamente, se precipitó al vacío.
Hay leyendas urbanas que dicen que sólo una persona conoció su rostro feliz, el único testigo que presenció su vuelo antes de colisionar con el asfalto.



jueves, 23 de abril de 2015

Libros

"Los libros son almas discretas con un cuerpo físico formado por letras."

FELIZ DÍA MUNDIAL DEL LIBRO Y DEL DERECHO DE AUTOR



martes, 7 de abril de 2015

Plenitud y soledad

"Verte, teniéndote tan lejos, resulta frustrante. Tenerte, un segundo antes de tu marcha, es el regreso de la soledad eterna".




martes, 24 de marzo de 2015

El baile del amor

Deja que tu cuerpo baile sobre el mío al compás del amor. Iniciemos la danza con una sinfonía clásica, continuemos con pinceladas de pop y culminemos con una rompedora dosis de rock&roll.



Entradas populares

PODER NO DEPENDE DE NUESTRA CONDICIÓN FÍSICA O DE LO QUE NOS RODEA, PODER DEPENDE DE LA DISPOSICIÓN INTERNA DE CADA UNO. Y YO, ¡PUEDO!
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...