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miércoles, 17 de febrero de 2021

El límite de nuestro ingenio será el límite necesario del verdadero progreso


Desde EE.UU. ayer nos deleitó Mercedes Juliá, de forma magistral, con unas pinceladas de gran calidad sobre la vida de Juan Ramón Jiménez. Es tan experta que, de hecho, es una de las dos culpables del tesoro creado, mediante la reconstrucción, el estudio y notas, del titulado "Vida (Volumen I). Días de mi vida" en torno al reconocido y, a la vez, aún muy desconocido autor. Y es que es muy cierto que, al menos en España, suena sobre todo por su obra "Platero y yo".

Pero, gracias a Mercedes, descubrimos muchos acordes de este creador. Por ejemplo, su influencia al generador de la famosa frase en tono irritado, dirigida a otra Mercedes de rostro por todos conocido: '¡he venido a hablar de mi libro!'. Sí, Don Francisco Umbral. Por lo visto él sí habló bien de Juan Ramón Jiménez en los medios de comunicación. Algo que al parecer era lo contrario a lo habitual y, sospecho, que esa antipatía social desprendida sería buscada por los mismos que le amenazaron provocando que tuviese que huir de Madrid hacia los EE.UU en plena Guerra Civil Española. Pero para vínculo y alianza entre artistas, la de Juan Ramón Jiménez con el gran poeta Federico García Lorca. Me resulta gracioso que dos autores tan notables en sensibilidad e intelecto se 'picaran' por la opinión de Jiménez sobre Lorca respecto a que "Romancero gitano" sería como en él "Platero y yo", la única obra con verdadero reconocimiento, haciéndoselo ver como un error. En el caso de Lorca, creo que se lo montó bien y supo combatir esa percepción creando otros títulos que se conocen y disfrutan entre las masas, como "Poeta en Nueva York".

Abordemos esa otra llamada de atención que tuvo en mi cerebro una faceta de Juan Ramón Jiménez: su contemplación y reflexión sobre el ingenio repercutiendo en el progreso real merecido por una sociedad. Creo que tiene todo el sentido del mundo la cita de nuestro protagonista que titula este post. Y es que el auténtico progreso no reside en el capitalismo o en los recursos, sino en el ingenio de cómo usamos colectivamente todo aquello que está a nuestro alcance para enriquecernos como sociedad. Un enriquecimiento que, si se persigue únicamente desde lo material y el egoísmo, está destinado a un progreso estancado y limitadísimo. No me extraña que el también autor de la obra "Arias tristes" llegase a padecer bipolaridad y depresiones. Si tras verse obligado a escapar de su tierra para sobrevivir, lo que observa es una sociedad codiciosa y con una ambición desviada.



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Abel Jara Romero

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