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domingo, 13 de noviembre de 2011

Entre cuatro paredes

Como sabéis los que leéis cada entrada que realizo, me encuentro en un momento de mi vida en el que mi habitación es el único lugar que visito y mi cama es el único espacio en el que mi cuerpo se mueve. Para los que no lo sepáis, esto es consecuente de una mala caída en el que me fracturé la cabeza de los fémur de ambas piernas. Llevo más de tres meses en cama y cada día que pasa es más aburrido y desesperante. Por suerte, tengo algo que hace esto mucho más llevadero, vosotros y el gran recurso de la escritura.


Bien es cierto que entre cuatro paredes estar del todo animado por muy optimista que sea, es difícil. Para que engañarnos, hay momentos de bajón, de desesperación, de sentirse solo, de nerviosismo, de aburrimiento... Pero gracias a mi manera de ser, todos esos momentos son pocos ya que siempre intento estar alegre y optimista.



Por ello, compenso esos momentos de bajón pensando que pronto podré levantarme y hacer mi vida rutinaria que tanto anhelo. Esa vida en la que, a pesar del estrés y agobio que a veces supone, mi yo experimenta situaciones que le hace un poco más feliz. Y por esos momentos que sé que volveré a pasar, no puedo permitirme que la desesperación me posea.


Más complicado es no dejar que entre por la puerta la soledad, a pesar de que mi familia está muy cerca, sentirme solo es algo que es inevitable. Porque se echa de menos estar entre más personas, porque se echa de menos ver esas sonrisas y carcajadas de aquellas personas que te hacen reír. Porque se echa de menos salir a la calle a dar una simple vuelta con alguien. Porque se echa de menos simplemente oler la calle. Porque se echa de menos esas conversaciones tontas en las que con miradas y expresiones faciales lo expresas y te expresan todo. Por todo ello, es complicado no sentirse solo a veces.


Respecto al nerviosismo, hay que reconocer que también he tenido momentos en los que he tirado todo lo que tenía a mano al suelo con toda la fuerza posible sin pensar en si se romperían esas cosas. Sobretodo, el primer mes y medio en el que los dolores eran más fuertes y, por tanto, el nerviosismo era mayor. Recuerdo que hace como un mes, en uno de esos momentos de descontrol, cogí las tijeras con las que recientemente me había cortado las uñas y me rajé la camiseta que tenía puesta dejándola para trapo. Pero ese nerviosismo y descontrol va desapareciendo cada día más a medida que mi cuerpo me transmite su mejoría y voy divisando mi vuelta a mi vida cotidiana.


Por último, el aburrimiento es algo que incluso cuando se hace vida normal sin ningún percance, aparece. Pues como es normal, en este estado se presenta mucho más. Esto es mucho más fácil respecto a los anteriores, de hacer que desaparezca. Por fortuna, en mi habitación tengo bastantes recursos de los que puedo disponer para mi distracción. En cada instante, me obligo y me gusta estar haciendo algo que me despeje la mente y haga que los malos sentimientos no afloren. Entre esas cosas que realizo que me distraen, hay tres imprescindibles cada día. Todos los días leo, escribo y aprendo algo.

4 comentarios:

  1. Prueba de comentario.
    Un saludo.
    E.I.

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  2. :D Probando probando? espero que funcione, así que bueno... es la tercera vez que te lo digo =P Escribes super bien, y lo que has narrado lo desconocía de ti en serio =S Aunque quiero decirte que aca tienes un amigo si? ^^
    Muuaks! :D

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  3. Ánimo, Abel, sé lo que sientes, es muy duro sentirse solo, estar aislado del mundo, pero con tu fuerza te recuperarás y saldrás adelante, no lo dudes nunca. Un saludo :)

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  4. La cosa es no rendirse y luchar por seguir adelante ante cualquier situación, y demuestras saber hacerlo.
    Mis felicitaciones.

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