Muere otro año, fenecen realidades comprimidas en este 2025. Por ello, es momento en este cierre anual, de abordar lo que deja y lo que ha iniciado para lo venidero.
- Un año que inició con vídeos emotivos y que luego traspasaron la pantalla compartiendo abrazos, risas y emociones con esas almas. Personas que saben quienes son y sé que continuarán en mi vida.
- Un año de expresiones artísticas a pecho descubierto y otras ocultas. Algunas con proyección, algunas efímeras.
- Un año de recuerdos potenciales y deseos efervescentes. Donde el pasado se agradece y el presente se torna consciente.
- Un año donde la velocidad se ralentizó para sonreír y mirar a la enfermedad, otorgarle cariño cual pulpo y ser motor de supervivencia.
- Un año de reencontrarse con la contemplación, vincularse con el fluir de un río y probar límites actuales.
- Un año de cosechar aprendizajes, reciclar valores reafirmados y arrojar malas hierbas.
- Un año de haber cumplido algunas ilusiones, pero también combatido decepciones.
- Un año de frustrarse y gritar por dentro: por favor, renovatio.
- Un año de encuentros en masa, y más aún de encuentros cálidos en individual.
- Un año de añorar amor de pareja, de tener mayor claridad de que es luz lo que se necesita al lado, tanto como serlo.
- Un año de dar sin pedir nada a cambio, incluso poniendo en riesgo la vida. De restaurar vínculos, optimizarlos y tener certeza de a quienes se importa.
- Un año de engullir platos elaborados con creatividad, y de generar estrategias en el ajedrez de la vida. De brindar en copas únicas izando la bandera del querer bien más que mucho.
FELIZ SALIDA Y ENTRADA DE AÑO A TODOS.

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Abel Jara Romero