Páginas

sábado, 27 de diciembre de 2014

Microrrelato erótico (XIII)

     Se deshizo de la ropa, yo observaba su desnudez. Miradas envueltas en deseo y dispuestos a cubrirnos de placer. Su cuerpo se unía al mío, entrelazando las piernas. Esos suaves y ardientes labios tentaban mi cuello provocando un hormigueo por todo mi ser. Las manos creaban caricias, unas de mayor intensidad que otras presionando la piel. Los besos aceleraban su ritmo, las respiraciones también. No pensamos, sólo absorbimos el sabor de la esencia del otro.

     Sus senos, objetivos de mi boca. Humedecía sus pezones, mi lengua descubría la erección de ambos. Sutiles mordiscos la estremecían, encogiendo su tronco como queriéndose esconder. Pero mi boca volvía a encontrar sus areolas. Y las volvía a besar. Y las volvía a chupar. Y las volvía a morder. Y se volvió a estremecer.

     Besé de nuevo sus labios, rápido, sin control. Teníamos los ojos abiertos, la miraba con desafío. Mis dedos complacían sus pechos, aún se deslizaban con facilidad por mi saliva. Apreté hundiendo sus pezones mientras seguí besándola. Un quejido susurrado acompañó al aire que nos rodeaba. Nuestros dientes chocaron, una y otra vez. Besé su cuello, su piel se erizó. Echó la cabeza hacia tras, dejando al descubierto su garganta. La quise poseer. 

     Su boca viajaba por mi torso. Fue entonces cuando ella se detuvo en mis pezones, como si se tratase de una venganza por lo ocurrido instantes anteriores. Los mordisqueaba deslizándolos por su mandíbula cerrada. Sentía cierto dolor agudo, como finas agujas, pero a su vez era placentero y adictivo. No podía evitar agarrarle el pelo con fuerza como desahogo. Unos lametones acabaron con la insistencia en la misma zona, se decidió a seguir indagando entre besos dejando su huella salival. Fue así como quiso llegar a su meta, a mi dureza con vida propia. La mimó primero sacando la lengua, la sensación de ese roce mojado en aquella zona me enloqueció. El calor de su aliento me enganchó. Y el adentrarme en su boca me excitó. La ignorancia de lo que haría en cada segundo me mataba, pero tampoco podía vivir aquello sin ella. La velocidad con pequeños golpes de lengua produjo que una de mis manos sujetase su cabeza, colaborando en el ritmo. Profundizó, noté la presión. 

     Me agarró mientras se aseguraba una postura idónea. Volvía a introducirme en ella, esta vez atravesando otra entrada. Entrelazamos los dedos, hundiendo levemente el colchón por la fuerza realizada. Subía y bajaba de mi miembro creando movimientos irrepetibles, sus expresiones faciales era un incentivo más para potenciar el gustazo. Notaba sus contracciones internas envolviéndome. Me besó mientras metía la sexta marcha. Aproveché para estimular de nuevo sus pezones, quería llenar su cuerpo de placer, todo al mismo tiempo. Llegamos al orgasmo a la vez.

     ¡Feliz navidad, cariño! Te amo. Con esas palabras mágicas que me dirigió, acabó la noche.




1 comentario:

  1. Me gusta mucho que la haces muy directa, sin recrearte demasiado en similitudes o explicaciones innecesarias como te ha ocurrido en algunos relatos; pero aun así sigue siendo muy tuyo, muy puro y muy sentido. Me gusta mucho este relato, ¡¡si hasta parece que lo estás viviendo!! :)
    Se ve como estás mejorando como escritor.
    Es un placer leerte.
    Un beso.

    ResponderEliminar

Sentimentaloides, vuestra opinión me es muy importante. ¡Comentad! Todos serán respondidos.
Gracias por las críticas constructivas que me escribáis y, también, por vuestras palabras positivas. Eso sí, por favor, hacedlo con respeto hacia mí y hacia otros lectores.

No spam. Si tenéis blog, intentaré pasarme pinchando en vuestro nombre. Si me gusta, lo añadiré a mi blogroll para tener un acceso directo y ayudaros, de paso, a conseguir que alguno de mis lectores se convierta también en vuestro.

Gracias,
Abel Jara Romero

PODER NO DEPENDE DE NUESTRA CONDICIÓN FÍSICA O DE LO QUE NOS RODEA, PODER DEPENDE DE LA DISPOSICIÓN INTERNA DE CADA UNO. Y YO, ¡PUEDO!
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...