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miércoles, 15 de octubre de 2014

Microrrelato erótico (XII)

     Protegidos por gigantescos árboles que distraían con el movimiento de sus ramas empujadas por el aire deseoso de producir acercamiento entre nosotros. Reposando sobre un banco inclinado producto de un arrebato de originalidad que se quedó en un intento creativo. Un túnel blanco formado por vigas que dejaban libre el cielo oscuro de la noche por sus espacios entre sí nos apartaron de la zona por donde paseaba la gente del barrio. 

     Seguros, casi a solas a plena luz de la luna. Una llamada nos interrumpía, aunque no evitó que tu mano permaneciese en el elástico de mi ropa interior. Sonriendo, mirándonos, todo era como debía ser. La magia se adueñó de la pasión de nuestros cuerpos y nos fundimos en un beso largo y descontrolado. Mi cuello advirtió tu boca y un sobresalto acompañado de la aceleración de la respiración se activó en mí mientras esnifaba tu olor a través de tu cabellera larga. 

     Atrevida, mi mano improvisaba el desliz por tu escote descubriendo mundos de tu ser tabúes hasta el instante. Vivas hormonas vagaban decididas a descubrir todo lo que ocultaban las prendas más escondidas. Todos los besos empujaban a cumplir cualquier deseo sin importar nada más. El rozar en zonas erógenas conducían a lo inevitable. 

     Pero lo inevitable, a veces, no ocurre. Entonces todo se quedó de nuevo en deseo, en miradas repletas de sentimientos indescriptibles que dicen todo aquello que no se puede expresar con palabras. Ambos supimos que lo que no sucedió acabará siendo realidad. Sin decírnoslo pero sabiéndolo, nos alejamos del deformado banco satisfechos por, simplemente, tenernos el uno al otro y no necesitar más para darnos cuenta de que cada segundo vivido con anterioridad fue perfecto tal cual. Nada sobró, nada faltó, porque estuvimos unidos a nuestro modo.

Abel Jara Romero

1 comentario:

  1. Me gusta tu manera de recrear la historia, de como creas intimidad entre los personajes, el hecho de hacer que el propio lector sea protagonista de la historia, creo que tienes talento, personalmente, me gusta mucho este relato.

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