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sábado, 9 de febrero de 2013

Anécdota del pasado

He recordado algo, un momento concreto de mi vida. Lo recuerdo muchas veces pero, por algún motivo, me he decidido hoy a compartirlo con todos vosotros.

Se trata de una vivencia que tuve hace ya bastantes años, siendo aún un crío. Una experiencia que me hizo sentir un dolor físico inmenso. Recuerdo que en aquel momento me vino a la mente el comprender a algunas de las víctimas de la famosa película "Saw". Os explico el por qué...

Como los más fieles a esta página sabréis, estoy en silla de ruedas desde que nací (no, la silla no salió también del interior de mi madre). Pues bien, según mi cuerpo iba creciendo, mi espalda, debido a mi enfermedad, cogía una original forma de desarrollarse creando curvas (parecía la construcción de un circuito  de F1). Llegó un momento en el que mi columna vertebral poseía noventa grados de curvatura dejándome como a un muelle aplastado (para que me entendáis, mi cabeza estaba más cerca de mis piernas de lo que lo está ahora). Fue entonces, cuando los médicos me aconsejaron operarme por correr el riesgo de morir ahogado ya que por la curvatura de mi espalda todos los órganos internos se estaban aplastando y, los pulmones, estaban juntándose demasiado. Así que, sabiendo que era lo que mejor me venía, acepté la idea. Pero el proceso sería mucho más complejo de lo que, en un principio, me podía haber imaginado...

Veréis, antes de la operación de la columna, tuve que pasar por quirófano para que me colocaran una especie de corona en la cabeza a la que llamaban alo. Muy bonito todo si no llega a ser porque la inserción  de dicha corona se haría mediante tornillos bastantes gruesos. Dos atornillados en mi frente y otros dos introducidos por detrás de cada oreja. Esta corona o alo tendría un papel importante para que la principal operación saliese bien, estirar al máximo posible la columna mediante un mecanismo de poleas enganchado a esta corona de la que tiraban sacos de kilos. Pues en el proceso de la unión del famoso alo con mi cabeza, se produjo el momento de dolor supremo. Llevaba anestesia local, los tornillos comenzaban a penetrar en mí y yo no los sentía aunque oía todo el proceso. Los dos de detrás de las orejas entraron sin problema, sin notarlos gracias al invento de la anestesia. Uno de los dos de la frente se introdujo igual de bien que los dos anteriores pero, el último, el último fue el que me llevó a sentir aquel dolor. La anestesia dejaba de hacer efecto y lo sentí todo de lleno. No sabéis lo que es que te taladren la frente con un tornillo del grosor que veis en la foto. 

Mis padres, al verme salir del quirófano con aquellas sensaciones, me contaron después que jamás me habían visto llorar tan sofocadamente. Y es que, no es para menos, fue un rato muy angustioso. 

No recuerdo bien si fue un par de semanas o un mes el tiempo que estuve con esto en mi cabeza ingresado en el conocido Hospital de la Paz.

Tras el intervalo necesario, por fin llegó el día en el que iban a intervenir en mi columna vertebral. Sería una operación de seis largas horas y con un riesgo muy elevado de fallecimiento por ser una zona tan delicada. Pero yo sabía que saldría vivo de allí porque tenía claro que ese hecho era una mera transición hacia una mejor calidad de vida. Y así fue puesto que aquí sigo (a no ser que os esté escribiendo un fantasma), la operación fue exitosa y poco a poco me fui adaptando a mi nueva perspectiva de la vida, ahora desde una altura mayor pues me habían introducido una barra de titanio entre las vertebras desde las cervicales hasta las lumbares (para que a nadie le quede duda, desde casi el cuello hasta casi el culo) que me mantiene más tieso que una colilla. Gracias a eso, ahora poseo muchos menos dolores de espalda y tengo una calidad de vida superior a la que poseía antes de tener la barra. El único inconveniente que le veo es que pito a la entrada de algunas tiendas y en los aeropuertos.

8 comentarios:

  1. Eres grande :) tu historia me a conmovido se nota que eres fuerte mas de lo que tu te imagina :)

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    1. Gracias, espero mantener esta fuerza que dices durante muchos años para superar siempre los momentos difíciles. Un abrazo.

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  2. Jo que fuerza de voluntad (creo que has enternecido hasta a mi ordenador que hasta ahora no me dejaba comentar en los blogs) Debió de ser muy duro y todos agradecemos que salieses mucho mejor. Es increíble tu esfuerzo y eres un ejemplo a seguir porque has luchado duro para llegar hasta donde estas y tienes un libro publicado. Has logrado más de lo que nadie sin mucha voluntad podría lograr.

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    1. Mi fuerza de voluntad es una de las cosas que poseo que más me gustan. Me alegra haber enternecido a tu ordenador y que puedas comentar, te agradezco mucho tus comentarios.

      Muchas gracias por tus palabras, seguiré luchando ante las adversidades. Un abrazo.

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  3. Jo Abel eres una caja de sorpresas. Me alegro de que todo saliera bien y así haberte podido conocer.
    Tienes una fuerza inmensa y espero que sigas aprovechándote de eso para seguir cumpliendo tus sueños.
    Un abrazo, Patt.

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    1. Gracias Patt, cuenta con que seguiré con mi fuerza y luchando por mis sueños. Un abrazo.

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  4. He entrado en tu bloc por casualidad y me he sorprendido mucho leyendo el texto que está arriba. yo no puedo decir que haya vivido nada tan doloroso, físicamente hablando, así que no puedo decirte lo asombroso que eres por que tu mismo ya lo debes de saber y estoy segura de que tienes la fuerza para hacer lo que quieras a lo largo de tu vida, que ni esa operación ni nada pudo contigo. Estoy segurísima de que tus padres tan terriblemente orgullosos de ti.
    Voy a seguir leyendo algo a ver si capta mi atención.


    Un beso, Serela.

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    1. Serela, me alegra de que te hayas topado con mi mar lleno de palabras. Me alegra saber que tú no has vivido algo así, espero que no tengas que pasar por algo similar. Intento afrontar los obstáculos con fortaleza y positivismo.
      Espero que te hayan gustado otros escritos.

      Un beso, Abel.

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