Páginas

lunes, 31 de octubre de 2011

Halloween

     La Señora Yolotzín era una mujer de edad elevada y transmitía mucha soberbia. Su rostro era marcado y siempre andaba muy seria. Acostumbraba a llevar una camiseta fina y, encima, su inseparable sudadera amarilla de seda. Solía ir muy desarreglada y con un peinado no muy agradable. Se le conocía por su rechazo a tener pareja, tanto era así, que la apodaban "la monja". A ella, este apodo no le molestaba del todo, bien era cierto que Yolotzín era una mujer mayor que jamás había tenido novio y, por supuesto, no poseía hijos. Ella siempre se consolaba diciendo que nunca a querido más complicaciones de las que te da la vida y que ya tenía bastante con sacar a su hermano adelante con los tiempos que corrían. Vivía con su hermano, un hombre que desde pequeño se había visto obligado a estar pegado a Yolotzín. Pedro era, a diferencia de su hermana, un hombre muy campechano al que le gustaba invitar a comer a toda su familia todos los domingos posibles con el dinero de la pensión que recibía por haber trabajado tanto. Llegados a la vejez, el pobre Pedro ya no era nada sin su hermana ya que de toda la vida había dependido de ella y, en gran parte, Yolotzín le había mal acostumbrado. 


     En la actualidad, Pedro presentaba claros síntomas de bronquitis crónica consecuente del vicio que tuvo durante años a la nicotina. Por ello, Pedro no podía alterarse para no fatigarse. Aún así, los inviernos y la humedad de éstos hacían de Pedro una persona débil. En el mes de octubre, Pedro sufrió un ataque respiratorio y tuvo que ingresar en el hospital correspondiente a su zona. Aquél lugar en el que tantas veces había estado y en el que sabía con certeza que estaría otras muchas veces. 


     Debido a la mala noticia, una de las sobrinas de ambos decidió invitar a Yolotzín a vivir con ella durante los días que Pedro permaneciese ingresado. De esta manera, Yolotzín podría aprovechar esta ocasión para pasar más tiempo con su otra hermana, la reciente viuda Sondra. Sondra, desde que enviudó, prácticamente vivía en casa de una de sus hijas junto a sus tres nietos. Así que, en una casa de tres habitaciones, dos baños, una cocina más bien pequeña y un salón de tamaño pasable, ahora vivían seis personas. Yolotzín dormiría en el sofá del salón y Sondra, como siempre, junto a su hija en la cama de matrimonio de la habitación grande. Respecto a los nietos de Sondra, la única nieta que era la más pequeña de la familia, dormiría en la misma habitación en una cama aparte y los otros dos nietos dormirían en sus respectivas habitaciones solos. 


     Después de pasar el día organizando como instalar a la nueva huésped, llegó la noche. Era la primera noche de Yolotzín en casa de su sobrina. Después de un día duro, todos se fueron a dormir y Yolotzín tardó en conciliar el sueño debido a que no lograba acoplarse en una postura cómoda para ella. Al fin logró dormir tras una hora y medio de vueltas y vueltas en el sofá. De madrugada, el nieto cuya habitación era la más próxima al salón, se despertó. En el silencio de la noche, Jac oyó a la Señora Yolotzín hablando mientras soñaba. Jac no era miedoso pero el largo y oscuro pasillo acompañado del sonido que provenía de Yolotzín, hizo que deseara dormirse de nuevo. Se cambió de postura, dejó la mente en blanco y volvió a dormirse. Sin más sobresaltos nocturnos, la primera noche de Yolotzín en aquella casa pasó.


     Eran las ocho y media de la tarde del segundo día. Habían ido a visitar al pobre enfermo Pedro al hospital y habían comprobado que estaba estable. El sol se estaba dejando caer para dejar paso a la oscura noche. Yolotzín, esta vez, tardaría solo media hora en conseguir que el sueño se apoderara de ella. Todos dormían y, como cada noche, Jac se despertaba de madrugada. Al despertar, Jac observó como la luz del salón estaba encendida. Se levantó de la cama para ver si la Señora Yolotzín necesitaba algo creyendo que estaría despierta, pero no fue así. Yolotzín, estaba dormida como un tronco. A Jac le pareció raro que Yolotzín dejase la luz encendida para dormir, aún así, estaba medio dormido y lo único que hizo fue apagar la luz al quedarse tranquilo de que Yolotzín se encontraba bien y se fue a dormir. Después de esto, Jac volvió a la cama y así pasó otra noche más. 


     Era el tercer día. Ese día la hija de Sondra tuvo muchas cosas que hacer y no pudo acercar al hospital a su madre y a su tía para que visitaran a su hermano Pedro. Así que, tuvieron que conformarse con lo que le dijeron por teléfono. Pedro no había sufrido ningún cambio y la medicación le empezaba ha hacer efecto. La hija de Sondra llegó a casa a las nueve y media de la noche después de un día ajetreado. Mientras ayudaban a poner las sábanas al sofá donde dormía Yolotzín, Jac le preguntó a ésta si dormía con la luz encendida. Yolotzín, extrañada, dijo que no que ella apagaba la luz siempre como era normal. Jac no le quiso dar más importancia al asunto y extrañado por la rareza pensó que sería por algún tipo de conexión eléctrica. Así que, todos siguieron acomodando a la Señora Yolotzín y más tarde se acostaron. Parecía una noche tranquila y sin nada a contar al amanecer pero Jac seguro que tendría algo que contar. En su acostumbrado desvele de la noche a eso de las cuatro y cuarto de la madrugada, Jac percibió de nuevo esa luz reflejada en el pasillo que provenía del salón. De nuevo, se levantó para apagarla pero
cuando se decidía con mucha tensión a salir de su habitación, un ruido le asustó. Jac, con la respiración acelerada, las manos sudorosas y caminando hacia la cama de puntillas, optó por acostarse de nuevo y dejar un par de minutos más la luz encendida. Se tapó con el edredón de la cama hasta por debajo de los ojos pensando en que si no oía nada más en un margen de dos minutos, iría a apagar la luz. Pero esto no sucedió. Jac empezó a oír a alguien caminar, él intentaba tranquilizarse pensando que sería la Señora Yolotzín. Muy inteligente, pensó en quedarse en la cama tapado hasta los ojos hasta que pasara por el pasillo la Señora Yolotzín para aliviar su angustia. Esperando y esperando, nadie se paseó por la zona del pasillo que él veía desde su cama. Los ruidos proseguían y la angustia de Jac no desistía. Los pasos cada vez eran más cercanos y Jac no hacía más que desear que Yolotzín pasara por delante de su puerta para aliviarse. Ahora, los pasos se acompañaban del ruido de la puerta de la cocina abriéndose. Jac seguía intentando aliviar su temor pensando que sería Yolotzín pero la incertidumbre de no verla hacía que ese temor no cesara. Al paso de veinte minutos, los pasos se alejaban por fin y la luz del salón se apagaba. Jac, se autoconvenció entonces de que sería Yolotzín que habría ido a por un vaso de agua y se durmió con la cuenta pendiente de preguntarla al despertar por la mañana para deshacerse de toda duda. 


     Era el cuarto día, día treinta y uno de octubre. La hija de Sondra, Sondra y Yolotzín se disponían a media tarde a ir a la casa de Yolotzín para recoger un pantalón de pijama y unas zapatillas cómodas de color marrón que les había encargado Pedro para estar más cómodo en el hospital. Los médicos ya le habían aconsejado que empezara a darse unos paseos por el pasillo de su planta para controlar cuanto se fatigaba. Sondra, su hermana Yolotzín y la hija de Sondra aprovecharon para coger también algo de ropa para Yolotzín ya que tenía pocos recursos en la casa de la sobrina porque el primer día fue con lo puesto. Cuando cogieron todo lo necesario para Yolotzín y lo encargado por Pedro, le llevaron su pantalón y sus zapatillas y se marcharon a casa para hacer la cena. Esa noche tocaba muslitos de cangrejo fritos. Durante la cena, Jac que se acordó viendo que ya era de noche, le preguntó a la Señora Yolotzín si la noche anterior se había despertado de madrugada y había ido a la cocina. Yolotzín, extrañada por la pregunta, contestó un no rotundo y firme característico de su mal carácter. Después de cenarse cuatro muslitos de cangrejo, Yolotzín se acostó en el sofá dispuesta a dormir. Esta vez, fue Jac el que tuvo problemas para conciliar el sueño pensando y pensando que podría haber sido todo lo que oyó la noche anterior. Pero el cansancio le venció finalmente y consiguió dormirse. De madrugada, como no podía ser de otra manera, Jac se despertó. Una vez más en torno a las cuatro y cuarto. Recién despierto, vio en la zona del pasillo que se percibía desde su cama como una sombra de una persona se alejaba con un cuchillo. La dirección de la sombra, parecía provenir desde el salón e iba hacía la puerta de la calle. Y así fue, lo siguiente que oyó fue abrirse la pesada puerta de la casa acompañada de unos pasos cada vez más débiles debido a que se iban alejando. Finalmente, oyó como se cerraba la puerta lentamente. En ese momento, la angustia de Jac fue superlativa. Intentando conectar lo ocurrido durante las noches que había pasado la Señorita Yolotzín en casa, llegó a una conclusión. Según lo asimilado todas esas noches, Jac creyó que los sobresaltos de la primera noche que tuvo Yolotzín no fue por estar hablando mientras soñaba, sino que se habría dado cuenta de que estaban robando y como él se durmió antes de que los susurros acabasen, no oyó como el ladrón se iba. Respecto a la segunda noche, lo de la luz encendida podría ser un aviso del ladrón hacia la señora Yolotzín indicándola que podría entrar siempre que quisiera y hacerla algo en medio de la noche si comentaba algo a la policía sobre su rostro. Lo de la tercera noche, dedujo que volvió para conocer bien los métodos de entrada y salida posibles de la casa. Sería lo más lógico porque los ruidos producidos en la cocina podría deberse a que estaba planeando la posibilidad de salir por el patio que daba a la cocina. Así, si algo le salía mal, mientras la policía se entretenía a abrir la puerta de la casa, el hábil ladrón saldría por la ventana y escaparía seguro. Y como no, Jac también conectó lo sucedido hacía dos minutos. Podría ser que, en el momento en el que fueron a casa de Yolotzín, ésta aprovechase para ir a la comisaría en la que tenía un conocido para comentarle lo que le había pasado creyendo que las amenazas no se cumplirían. Esto explicaría que el ladrón fuese avisado por la policía dándole una llamada de atención y, por tanto, enterándose de que la Señora Yolotzín se había ido de la lengua. Con esto, claramente, cumplió con su amenaza y volvió para matarla. Seguramente, el ladrón habría matado a Yolotzín con un cuchillo ya que la sombra que vio contenía la forma de un cuchillo. Después el ladrón se habría ido tranquilamente por la puerta ya que, en principio, nadie se había enterado y no habría riesgo de que la policía le pillase. Ahora Jac sabía que encontrarían a la Señora Yolotzín muerta al amanecer. Jac, no se sentía preparado para ver algo tan espeluznante como eso, un familiar suyo matado a apuñaladas. Así que decidió no decir nada y que la hija de Sondra o la propia Sondra se encontrasen al amanecer el cuerpo y llamasen a la policía y éstos hiciesen su trabajo e investigaran. Finalmente, Jac se durmió y tuvo pesadillas consecuentes a todo lo que habría pasado. 


     Amanecía. Jac se despertaba y se daba cuenta de que ya todos los componentes de la casa se habían despertado. No sabía como ir para el salón donde estaba seguro que le confirmarían la mala noticia. Después de vestirse, se decidió a afrontar la mala noticia que él nunca diría que había vivido indirectamente. Su sorpresa fue cuando cruzó la puerta del salón y vio a Sondra sentada en el sofá junto a sus nietos, su hija y junto a Yolotzín viendo la televisión. Ahora sí que no entendía nada. Jac, le preguntó a la Señora Yolotzín si se encontraba bien y ésta le dijo que había dormido especialmente bien gracias al cómodo sofá que poseía su sobrina. Jac, desconcertado, después de desayunar se fue a su habitación a asimilar todo. Por mucho que pensaba, no entendía lo que había pasado durante todas esas noches. Lo único que tenía claro era que todo lo que escuchó y la sombra que vio, era real. Después de comer, y mientras Jac no paraba de darle vueltas al asunto, decidieron ir todos a ver a Pedro al hospital. Por el camino, Jac se mostró serio y lo único que hacía era mirar por la ventana del coche a la vez que intentaba dar con alguna explicación. Al fin llegaron al hospital y Sondra, Yolotzín, la hija de Sondra y los nietos (incluido Jac), se mostraron cariñosos con Pedro. Pedro, que tenía mucha sed, mandó a Yolotzín a que fuese a por una botella de agua a las máquinas de la sala de espera. Pedro aprovechó ese instante para decirle a Sondra, a su sobrina y a sus nietos que Yolotzín tenía alzheimer y que tuviesen cuidado. Fue entonces cuando Jac encontró la explicación a todo lo sucedido. Jac decidió contar lo que había pasado esas noches antes de que Yolotzín llegase con la botella de agua. Mientras lo contaba, en la televisión de la habitación asignada a Pedro, estaban relatando un escándalo que había sucedido la noche pasada en la que la protagonista era una mujer con un cuchillo. No hubo heridos, solamente asustados al ver a una mujer desarreglada con un cuchillo en la mano de madrugada. Entre todos, llegaron a la conclusión de que lo sucedido la primera noche era Yolotzín hablando sola, lo ocurrido en la segunda noche habría sido ella que no se acordaría de que habría dejado la luz encendida, respecto a la tercera noche Yolotzín habría ido a por un vaso de agua que después negaría consecuente de su enfermedad y sobre la última noche, Yolotzín habría cogido un cuchillo y desorientada habría ido por la calle con él y Jac no habría oído cuando volvía porque ya estaba teniendo pesadillas. 


     Ahora, que ya todos sabían la enfermedad de Yolotzín, estarían más pendiente de ella y no dejarían ningún cuchillo ni nada que pudiese causarle algún daño. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Sentimentaloides, vuestra opinión me es muy importante. ¡Comentad! Todos serán respondidos.
Gracias por las críticas constructivas que me escribáis y, también, por vuestras palabras positivas. Eso sí, por favor, hacedlo con respeto hacia mí y hacia otros lectores.

No spam. Si tenéis blog, intentaré pasarme pinchando en vuestro nombre. Si me gusta, lo añadiré a mi blogroll para tener un acceso directo y ayudaros, de paso, a conseguir que alguno de mis lectores se convierta también en vuestro.

Gracias,
Abel Jara Romero

PODER NO DEPENDE DE NUESTRA CONDICIÓN FÍSICA O DE LO QUE NOS RODEA, PODER DEPENDE DE LA DISPOSICIÓN INTERNA DE CADA UNO. Y YO, ¡PUEDO!
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...